Siempre me ha llamado la atención, cuando amigos o conocidos viajan y vuelven alucinados con las tonalidades de las vestimentas en Africa o India. Con la intensidad de la artesanía latinoamericana, los murales en Wynwood Walls en Miami, o simplemente ver Instagram y encontrarse con cientos de fotos de flores en primavera, o alabando exposiciones por su colorido.

Contradictoriamente, muchas veces entras a sus casas y son blancas, beige y gris. No tienen nada de malo, pero ¿cuál es el susto a convivir diariamente con el color? Hay tantas teorías, que el color achica los espacios, que el color cansa, y un largo etc. A mi juicio, son todas falsas, depende cómo, cuánto y dónde lo usemos. Desde siempre hemos estado rodeados de colores. En la Prehistoria lograban hacerlos con pigmentos de plantas, flores y sangre animal en sus pinturas rupestres para las cavernas donde vivían.

Los griegos los obtenían de minerales, con una gran simbología para ellos, con los que decoraban sus tumbas, y diseñaban papiros y jeroglíficos. Desde los inicios hasta la actualidad hemos seguido en permanente contacto y descubrimiento de los colores y sus aplicaciones. Quién no se ha sorprendido de ver los tonos en un cuadro de Matisse o las vibrantes mezclas de Van Gogh o la sorpresa de las largas filas para ver la colorida exposición de la gran artista japonesa Yayoi Kusama, quien fue la inspiradora de Andy Warhol y Claes Oldenburg. A todos nos gusta el color, pero no sabemos, o no nos atrevemos a usarlo.

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COLORES INFIELES

El color en las casas u oficinas me parece algo muy personal, tiene que ver con nuestras historias, nuestra memoria, recuerdos y asociaciones. Me declaro absolutamente contrario al Feng Shui, que de cierta forma impone qué colores. Los colores no son definitivos. No es un matrimonio al que se le deba ser fiel, nuestras necesidades van cambiando y nuestros gustos se van transformando ¿Cómo podemos dar distintos caracteres a los espacios si no es con un buen uso del color? La experiencia de estar en el living de una casa es muy distinta a la de estar en el comedor. Por qué no diferenciarlos y hacer que esta experiencia sea mucho más rica.

Quién no ha ido a un baño de visitas más atrevido y no ha salido diciendo: ¡Tienes que ir a conocer ese baño! Como diseñadores de interiores, muchas veces es nuestro punto de partida invitar a atreverse con algo fuera de lo común en espacios menos usados, como el baño de visita. Ahí es cuando te das cuenta de que tu cliente vibra con la idea de usar el color y de a poco se va soltando y atreviendo a usarlo. Y cuando digo que el color no es un matrimonio, es porque ¿cuánto cuesta un tarro de pintura y un par de horas de mano de obra para cambiar un muro cuando queramos? El blanco es una opción.

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El uso de color nos entrega personalidad y carácter en los lugares, personalmente no me gustaría vivir en una ciudad donde todos vistan de blanco y nadie se diferencie. Con las casas y oficinas es lo mismo. No estamos para grises, la vida es intensa y acelerada como para más encima aplastarla con tonos tristes en los lugares que estamos y vivimos. Hay grandes diseñadores que juegan y nos muestran alternativas del color. Destaco a la arquitecta y diseñadora Patricia Urquiola, quien tiene un gran manejo en este tema, con espacios y mobiliario atractivo con influencia de la cultura africana y algunas colecciones basadas en la Amazonía. O quien fuera mi inspiración cuando entré al mundo del diseño, la diseñadora inglesa Tricia Guild, quien año tras año propone una nueva paleta de colores. Algo similar pasa con Pantone, que todos los años nos propone alternativas de color según las tendencias.

Personalmente no soy tan partidario de seguirlas al pie, pero algunos detalles como cojines o un muro por ahí no está mal. Así como en la moda las marcas nos muestran sus propuestas de color, en diseño Pantone nos guía hacia donde ir, así como este año nos mostró el terracota, azul, un especial verde, el ocre y la gama de los pasteles, para el 2018 ya nos amenazó que los colores vienen fuertes y vibrantes. El resto, queda en sus manos, o vivimos en el mundo de los beige y grises o mostramos algo de personalidad y carácter a través de nuestros espacios. Por mi parte, sigo viviendo en colores.