Ha logrado unir todo. Si el trabajo de Roberto Cancino tuviera que definirse en pocas palabras lo suyo es una cápsula de experiencias, viajes y recreaciones ambientales. “Voy buscando objetos singulares, que me gustan y que, después, tienen un rol importante en mis proyectos”, dice en su estudio de Alonso de Córdova, donde comparte su trabajo de RBCN (Roberto Cancino, Arquitectura Interior) junto a la división de interiorismo de Hohos (productos y servicios especializados en la industria hotelera).

Detractor de los espacios estandarizados, asegura que el futuro es ‘a la medida’. Y que una buena forma de salir adelante, con un lugar que tenga color y personalidad, es acercarse a los orígenes a la hora de escoger objetos y muebles. “Hay que mezclar. Productos de buenos diseñadores, junto a otros más artesanales, pero que igualmente tengan materiales nobles y una correcta factura”.

Recientemente destacado por el diario inglés The Guardian, que consideró dos de sus proyectos hoteleros como esenciales a la hora de visitar la Patagonia, es categórico cuando se trata de asesorar a privados. “No sólo es ver desde lejos, sino de plasmar quién es el otro. Tan importante como escuchar, es saber mirar. Gran parte de la información la obtengo observando al cliente, entendiendo su identidad… Insisto, desde mi punto de vista, un proyecto decorativo para terceros debe ser como un traje a la medida”.

Seleccionado como el arquitecto chileno para el programa de Diseño de hoteles boutique del Instituto Marangoni, en Londres, su sello personal es más bien ecléctico. Desde baúles antiguos del Oriente a lámparas contemporáneas de Celine Wright. “Pero más que la procedencia, me importa que cada pieza tenga una historia para ser contada”.

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—Estamos en verano, ¿qué elementos no pueden faltar en una linda terraza?
—Sillones cómodos que inviten al descanso y la relajación, flores frescas, velas y faroles para dar ambiente de noche.

—Viaja por el mundo en busca de objetos y muebles, ¿cuáles son sus tres paraderos favoritos como merchant?
—Me encanta India. En ese país es posible encontrar  piezas antiguas y contemporáneas de gran valor estético gracias a una tradición milenaria de textiles, ebanistas y artesanos. México y Tailandia también están en mi retina. En esos lugares han sabido reconocer su gran patrimonio cultural y han logrado plasmarlo en diseño actual de primer nivel… Siempre encuentro muebles y objetos sofisticados. Además, la fabricación es impecable.

Las comparaciones son inevitables. ¿Cuándo Chile podrá desarrollar un nivel similar de arquitectura e interiorismo? Es simple, responde. “Sólo cuando haya diseño con contenido. Lamentablemente, todavía diseñamos a partir de un imaginario prestado”.

Su trabajo no descarta la crítica: una herencia que carga desde sus tiempos de estudiante. La problemática urbana siempre fue una de sus preocupaciones y,  cada vez que puede, se preguntaba cuál sería un regalo útil para la ciudad. Da lo mismo si se trata de Santiago, La Serena o Rancagua. De ese modo, se dio cuenta  de que muchos proyectos se olvidan por completo de la historia del lugar y, lo peor de todo, de la calidad de vida de sus habitantes.