En cada casa hay una historia y Patricia Vargas necesita conocerla, porque la persona que llega a verla viene con una historia familiar detrás y objetos que pueden significar mucho, lo que ella se encarga de respetar. Incluso cuando algo no es de todo su gusto.

Tampoco se lo guarda: “Yo voy y digo las cosas, en eso soy muy franca, porque si me buscan es para decir lo que pienso. A veces encuentro que algo no se ve bien en el lugar en que está y le buscamos otro donde sí se vea bien y funcione. El lenguaje de interiorismo cambia cuando pones las cosas en el lugar correcto”, sentencia.

De su infancia recuerda haber mostrado un sentido estético muy desarrollado desde chica. A veces se enojaba cuando en su casa cambiaban de lugar alguna cosa que le gustaba. “El interiorismo es un arte, porque tú transmites una sensibilidad, una emoción que tú traspasas y que deja su sello en una casa. En ese sentido, creo que el interiorismo le da vida a los espacios que crea la arquitectura”, afirma con la autoridad de 45 años dedicados a decorar ambientes. “Hay gente a la que le he puesto las casas cinco o seis veces a través de la vida. Familias que se han ido de la casa chica a la casa grande y después a la casa chica de vuelta, porque se le han casado los niños. También la casa en la playa, el departamento de afuera… Son fieles a muerte y yo fieles con ellos hasta la muerte también”.

Para generar esa fidelidad, asegura que es necesaria una conexión con la persona que va a habitar ese espacio. “A mí me ayuda mucho el hecho de tener un estilo definido. Soy abierta a todo, me encantan la modernidad y las tendencias”, afirma Patricia, quien además por su trabajo se ha convertido en una viajera avezada. “Capto mucho durante esos viajes, vivo mirando”, asegura.

interioristadiseño2

La primera etapa de su trayectoria en el interiorismo la hizo junto a su antigua socia, Francisca Errázuriz. No tenían tienda, solo una casa chica donde hacían lámparas y algunos muebles. Después de dos décadas juntas decidieron tomar cada una su propio camino, porque las dos querían trabajar con sus respectivos hijos. Desde entonces, mediados de los años ‘90, Patricia empezó a trabajar en primera persona del plural, asociada con los tres hijos de su primer matrimonio: Patricia, la mayor, que estuvo un año en la Parsons School de Nueva York; Loreto, diseñadora gráfica, y Rafael, que estudió publicidad y además de ser un gran entendido en muebles, es el encargado de los números en Contemporáneo, la tienda de arte, decoración y diseño interior que ocupa los días de Patricia Vargas en Nueva Costanera con Vespucio Norte. Patricia estuvo casada durante más de veinte años con el también decorador Rafael Hurtado Blanco, recordado empresario que de la industria automotriz se volcó al interiorismo a comienzos de los ‘80.

Fallecido a fines de 2015, Patricia recuerda a su primer marido como la otra gran influencia de sus hijos: “Rafael entendía mucho, tenía muy buen gusto y por él también fue que mis hijos nacieron con el tema vivo. Para ellos es una cosa familiar total que viene adentro del ADN, diría yo”.  Para la Premio Brick 2018, es importante dejar establecido que Contemporáneo es un logro familiar, un trabajo en equipo que hoy integra un centro de diseño, una oficina de interiorismo y la tienda propiamente tal. “Mi experiencia de muchos años ha contribuido, pero sin ellos jamás habríamos logrado lo que hoy tenemos”, subraya. “Lo que hemos hecho ha requerido un gran esfuerzo, por el que hoy me siento realizada, feliz y privilegiada de haber podido hacerlo junto con mis tres hijos, que tienen la misma sensibilidad que yo, combinada con la que su papá también les transmitió”, agrega.

_MG_9894

EL ARTE PRIMERO

Siempre ha tenido una profunda debilidad por el arte, sobre todo el contemporáneo. “Veo arte en muchas cosas, en todo lo artesanal, como un mueble hecho a mano. Es muy difícil lograr que un mueble sea armonioso, cómodo, porque si le mueves una décima se deforma. Llegar a esa perfección, a lo que te produce encontrar eso, es muy importante y por eso para mí también es un arte. Sobre su reconocida expertise en materia de alfombras persas, admite que si bien es cierto, a veces la gente exagera un poco. “¡Ay, por favor! En una entrevista una vez me pusieron ‘La Madame Persa’… (ríe). Aprendí mirando, viendo, comprando, porque compré mucho para mucha gente en una época. Hoy día la gente está más en la onda de la alfombra lisa, plain, pero de alfombras persas entiendo harto y me encantan cuando son auténticas. El nudo, el diseño… a mí me gustan mucho las de tipo serapi, que son abiertas, de colores claros, suaves. No me gustan tanto las alfombras rojas, con azules, muy chillonas. Hubo un tiempo en que trajimos muchas y en ese sentido, el ojo es el mejor profesor”.

_MG_9876

—¿Cómo se va enriqueciendo esa sensibilidad?

—De mirar, de ver, de experimentar. La experiencia es lo que a la larga te enseña muchas cosas. Es tanto lo que he visto en mi vida, que los detalles me saltan a la vista. Primero busco el mejor cuadro que haya en la casa y las cosas realmente buenas que tenga, en base a eso después hacemos todo. No partimos de un conjunto de muebles, que para mí es menos importante, igual que los tapices. Para mí primero que todo está el arte y a partir de él se desarrolla todo: a partir del cuadro lindo que se tenga o que haya que comprar. O la escultura, una alfombra preciosa… las cosas buenas que pueda haber. El resto, dice, es configuración e instinto. A su juicio los chilenos se han abierto, la gente es mucho menos conservadora y más abierta a las tendencias. “Encuentro que se interesa mucho más. Todos proponen cosas y obviamente, si ponemos una casa o una oficina, tú entras en comunicación con la persona y tienes que aprender de ella, sus gustos, antes de transmitir tu manera de pensar. Pero la persona que me llama lo hace porque le gusta lo que hago y se identifica conmigo, con lo que he hecho y con lo que expreso”.