Pocas experiencias son tan reconfortantes como recostarse sobre la hierba y sentir el contacto con la naturaleza. Mejor si se trata de un espacio sustentable, que aporte al ecosistema y favorezca la reproducción de especies autóctonas.

Esos fueron los principios que hace ya 100 años instaló el naturalista inglés William Robinson en The Wild Garden, con el concepto de jardín salvaje, que no requiere de gran mantención ni excesivo gasto en riego y mano de obra. Una mirada que cobra especial actualidad al considerar los efectos del cambio climático y que en el estudio Calvo-Elgueta Paisajismo han potenciado bajo el concepto de jardines sustentables. “Desde que empezamos a trabajar juntos nos enfocamos más allá de la estética y buscamos un servicio conectado con el medio ambiente al que denominamos paisajismo ecosistémico; se trata de crear combinaciones de plantas que, en conjunto con la tierra y el clima de cada lugar, formen un pequeño ecosistema”, explica la paisajista Macarena Calvo, quien junto a su socio, el ingeniero forestal Cristóbal Elgueta, asumieron el proyecto como una responsabilidad personal con el planeta.

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Así, una de sus orientaciones ha sido la de realizar diseños con plantas nativas, rescatando especies que se creían en extinción, gracias al trabajo con viveristas especializados. “En Zapallar y Cachagua, por ejemplo, hemos desarrollado trabajos con un fuerte componente de restauración; se trata de una zona con una tremenda diversidad, algo que muy pocos lugares en el mundo tienen, pero que se ha ido destruyendo con el desarrollo inmobiliario. Así, hemos recuperado flora que ya estaba casi extinta al replantar lo que alguna vez hubo, como astromelias peregrinas, que es nativa de Chile”, asegura Calvo.

Para la especialista, esta clase de jardines son de una belleza superior, porque se insertan de manera natural con el paisaje, lo que los vuelve más sustentables. Esto, a diferencia de las grandes extensiones de pasto que deben subsistir pese a los rigores del clima y la escasez de agua. “Se puede tener conciencia ecológica y a la vez hacer algo lindo; con plantas nativas que se adaptan mejor y no necesitan tanto riego; de esta forma se generan economías y un círculo virtuoso donde llegan pájaros, mariposas, abejas…”, explica Macarena Calvo.

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COMO EN EL LAGO

Otro aspecto que se suma al concepto de jardín sustentable son las piscinas y estanques ornamentales de carácter natural. “Se trata de piscinas que no usan cloro y que se mantienen por medio de biofiltros de circulación lenta y plantas acuáticas que filtran las impurezas. Es un agua viva, como si te bañaras en un lago, con microorganismos, algas y hasta peces, si así lo quieres, donde llegan pájaros a beber y bañarse y hasta aparecen libélulas. Para los niños es una experiencia increíble”, asegura Calvo, quien cuenta que en Europa estos espacios están ampliamente extendidos y hasta existen piscinas públicas del estilo.

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“La piscina natural es un concepto no sólo que busca estar en armonía con el medio ambiente al gastar comparativamente menos agua y contaminar menos; también es linda, sana, responsable con el ecosistema, fácil de mantener y para los niños es educativo porque es bañarse en un minilago o en un tranque rodeado de juncos y nenúfares, donde se pueden apreciar los ciclos de la naturaleza a lo largo del año”.

Hasta ahora han desarrollado piscinas en Pucón, Lo Curro, La Dehesa, Las Condes y Colina. Recientemente hicieron un seminario donde expertos europeos compartieron conocimientos en la realización de estos espacios que, como nunca, adquieren relevancia mundial.