Por mucho tiempo asocié el papel mural con antiguas casas, lúgubres, sombrías y frías. Paredes desgastadas, papeles descascarados y desteñidos, reflejo de una época pasada de decoración recargada. Luego el papel mural se popularizó como terminación en construcciones modernas… como para no entregar casas y departamentos pintados de blanco hospital. Por ahí hubo una moda hace unos años de pintar una pared de dos colores, marcando la división con una huincha de decomural que contuviera ambos tonos, pero no parece haber prosperado en el subconsciente colectivo, al igual que la cenefa de papel que decoró las paredes de dormitorios infantiles y adolescentes en la década de los 90.

Me reencanté con el papel mural en la casa de mi vecina –que tiene regio gusto. Entonces, cuando me cambié a la vivienda propia decidí invertir en deco. Las ilustres visitas que han visitado mi nuevo hogar han coincidido todas, sin excepción, en la singularidad de los papeles murales con los que decoré las paredes del living-comedor y dormitorios. Y es que fueron un absoluto acierto y lo mejor de todo, es que están a la venta aquí mismo en Santiago.

Me puse a buscar decomurales a través de Internet –obvio- y llegué a Katzmania.cl. Comencé a vitrinear por las diferentes categorías de papeles y, como ya les he contado, la pantalla del computador no le hace justicia a las texturas. Tras establecer contacto con la dueña de la tienda concerté una cita para ver in situ los papeles, tocarlos, escogerlos y verificar stock. Katzmania es distribuidor en Chile de papeles murales traídos directamente desde Europa, con exclusivos diseños y una calidad insuperable. Los papeles son gruesos y resistentes, por lo que visten las paredes con elegancia. Escogí uno blanco con diseño de trenza con líneas plateadas para cubrir la gran pared que cruza mi living-comedor. Los destellos de glitter son sutiles y le dan un toque de glamour al amplio espacio.

Para el dormitorio de mi hija había escogido inicialmente un papel sencillo: rosado con pequeños lunares blancos. Afortunadamente estaba agotado. Y digo ‘afortunadamente’ porque terminé llevándome a casa uno muy lindo y original, cargado de rosado pero más compatible con el irremediable aumento de edad y lo rápido que queda atrás “la pieza de la guagua”. El más fome es el de mi dormitorio. Es blanco sobre blanco, con trama de rombos superpuestos y con una textura que desde ciertos ángulos hace que se vea gris o malva. Lo combiné con un respaldo de cama beige capitoné, resultando en una pared simple pero visualmente atractiva.

Pero el que se roba las miradas es el papel de la pieza de alojados. Pavos reales sobre hojas doradas decoran la pared principal de la habitación que combina diferentes tonos de café claro, dorado suave y beige. Al revisar por Internet nunca me fijé en ese papel, pero al tocarlo, sentirlo y admirar el juego de luces que se logra con su acabado perlado me dejaron encantada.

Apoyarse en el decomural para decorar es una buena alternativa para llenar una pared y darle actitud a una habitación. Lo ideal es combinar el papel con un tono de pintura similar a alguno que contenga el papel y así destacarlo. El resto de la decoración de la habitación no necesita ser recargada, ya que el papel cumple esa función y, además, crea un ambiente cálido y acogedor.

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