Hace quince años, Jaime Beriestain Jáuregui (1969) fue a Barcelona a estudiar interiorismo y redescubrir su parte más creativa. Actualmente es considerado por la prensa española como uno de los diseñadores que más hoteles de cinco estrellas ha realizado. Los medios catalanes lo destacan además por haber decorado la casa de Ronnie Wood, el guitarrista de los Rolling Stones. Una vivienda ubicada en el Ensanche de Barcelona, que, a pesar de la insistencia, no puede dar detalles por su contrato de confidencialidad. “He disfrutado trabajar con él. Wood se involucra mucho y sabe lo que quiere. Ha sido muy constructivo”, señala.

En los últimos años, Beriestain ha decorado viviendas para clientes exclusivos, que por secreto profesional debe mantener el anonimato. ”Comparto la privacidad, me gusta la libertad, y creo que con mis clientes llegamos a crear lazos más allá de una relación profesional”, dice.

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Nieto de emigrantes españoles, Beriestain se crió en el barrio de Avenida Matta. “He tenido que estudiar y trabajar duro. Estoy orgulloso de mis raíces, pero lo estoy aún más de mis logros personales. El tener éxito en un país lejos de donde has nacido, es una confirmación de cuanto vales”.

El interiorismo era algo que él realizaba inconscientemente desde pequeño. Disfrutaba moviendo y cambiando de posición los muebles de su casa. “Reconvertía cestos de mimbre en lámparas. Siempre estaba cortando, mezclando y haciendo transformaciones”, dice. La iluminación es parte de su vocación. Colocaba ampolletas entre el sofá y la pared, para recrear atmósferas de las películas en blanco y negro de Hollywood de los años cincuenta y sesenta.

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Mientras estudiaba diseño gráfico en la Universidad del Pacífico, comenzó a trabajar como asistente del decorador Javier Pinochet para acabar siendo socio del estudio. Fue allí donde aprendió desde lo más básico. Era un junior aprendiz en la producción de muebles. “Tenía diecinueve años, sin experiencia. Pero con muchas ganas de aprender, así que me dejé enseñar por grandes artesanos del oficio, como tapiceros, ebanistas, herreros. Ahí aprendí cosas que no se enseñan en la universidad. Valoro mucho ese aprendizaje, me ha dado herramientas para poder diseñar mis propias colecciones de muebles, lámparas o alfombras”, enfatiza, mientras se arregla el pelo.

Durante siete años de trabajo en el estudio de Pinochet, Beriestain desarrolló una infinidad de proyectos entre los cuales destaca la casa del ex presidente Sebastián Piñera. “Yo conocí a Sebastián poco antes de que entrase en la política. Mi primer trabajo con él fue pintar un mural para la sala de estar de los niños. Tiempo después en el despacho, desarrollamos sus casas de Santiago y Cachagua”.

En 1997 se independizó y montó su propia oficina en Santiago. Su último trabajo en Chile fue en la Torre Marriott, realizando las suites privadas. “Había trabajado constantemente durante mi primera década laboral. Cumplí los treinta y decidí tomar dos años sabáticos y elegí Barcelona, no solo porque se impartía el post grado, sino porque es una gran ciudad y está en el centro cultural europeo”, señala.

—¿Cómo era Barcelona hace quince años?

—Barcelona ha cambiado mucho y para mejor. Mantiene siempre ese espíritu joven. Un lugar donde se desarrolla activamente la cultura, el diseño, las artes en general. Cuando llegué a vivir, tenía la ilusión de descubrir, de nutrirme de todo lo nuevo que me ofrecía la ciudad Condal, España, Europa. Tenía una lista interminable de cosas que quería experimentar y conocer antes de volver a Chile. Con mis ahorros pude tener una vida muy holgada durante los primeros años. Eso me dio la libertad de conocer y disfrutar de momentos inolvidables.

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Cuando Beriestain vino a estudiar a Barcelona, en ningún momento pensó que en esta ciudad fundaría su despacho. “Nunca busqué un trabajo. Tuve la suerte que me invitaran a participar en un concurso mientras estaba estudiando”, dice. Y, sin tener mucha confianza en sí mismo, lo ganó. Beriestain se adjudicó su primer proyecto en Europa, la remodelación del Hotel Hilton de Barcelona, con un contrato de cinco millones de euros. Abrió su oficina en el 2001 y desde ahí no ha parado de desarrollar trabajos especializados en hoteles.

En la última década ha firmado con más de una veintena de cadenas hoteleras. En estos momentos está desarrollando proyectos para el Hotel Regency Hyatt de Niza,  Hotel Radisson, de Niza, el Hotel Hilton de Tanger, Hotel Marriott Edition de Barcelona e Ibiza, un par de boutiques hotel en la Gran Vía de Madrid y Barcelona, y la lista sigue.

Su despacho está conformado por quince profesionales: arquitectos e interioristas de diferentes nacionalidades, quienes se organizan para atender a sus clientes. “Lo importante es rodearse de gente talentosa, aunque la parte creativa de los trabajos la llevo yo. Atiendo personalmente a mis clientes y me involucro en cada etapa del trabajo”, explica el diseñador. 

En cuanto a su evolución en estos veintiséis años de trayectoria, Beriestain dice que lo que realmente le caracteriza es la madurez para enfrentarse a los proyectos, donde se esfuerza en ser él mismo. “Intento no dejarme influir mucho por lo que está pasando, o por las tendencias, sino más bien por mi intuición. Esa es la evolución: la libertad de elección o de la toma de  decisiones en el mundo laboral. He dejado de realizar proyectos impuestos por criterios en los cuales no me siento cómodo. Creo que he alcanzado un punto en mi carrera profesional, donde se valoran y respetan mis diseños”, señala.

La forma de materializar sus ideas no ha cambiado. Continúa dibujando a mano. La textura del lápiz y el papel es fundamental en su proceso creativo. Ese ejercicio recuerda que se lo debe a la sensibilidad manual que desarrolló desde los diez años cuando su madre lo inscribió en un curso de pintura en el barrio Brasil. 

Esa vocación por la belleza lo ha llevado a ser un coleccionista de arte, con tendencias bastantes minimalistas. En su piso del Ensanche de Barcelona, se pueden apreciar obras de Peter Halley, José María Mellado, Jason Martin, y los chilenos Fernando Prats, Fernando Casasempere y Alfredo Jarr.

Las obras las suele comprar en galerías de arte y últimamente en casas de subastas como Sotheby’s y Christie’s, porque allí hay grandes oportunidades. “Los precios han bajado considerablemente”, agrega.

Beriestain es una persona que tiene las cosas claras. De gestos bastante seguros y de voz pausada. Cuando se le pregunta por su estilo en el interiorismo, lo define sin dudar: “elegante, sensible, con atmósfera donde la gente se sienta bien”.

De hecho, a finales del 2013, inauguró su café-restaurant que lleva su nombre. Un lugar que tiene plasmadas esas características que lo definen. Bastantes materiales nobles como la madera, rincones íntimos y el predominio de colores cálidos, y una música Deep House elegida por él, que se escucha de fondo. 

—¿Por qué entró en el mundo de la gastronomía?

—Hacía falta en Barcelona donde ir a comer de una manera simple, con un ambiente y una música especial. Es difícil  aunar un lugar bonito donde se coma bien. Normalmente algo no compensaba entre esas dos fórmulas y aquí lo hemos logrado, señala convencido.

En su nuevo Concept Store, un espacio de 550 m2 donde ha creado, junto a su café-restaurante,  una tienda dedicada a la venta de muebles vintage, flores, libros de arte y un sinfín de pequeños detalles de decoración, dentro de los cuales hay varios productos de marca propia como: vajillas, papelería, mermeladas, chocolates, miel, aceite, todo de un nivel muy sofisticado. “Siempre me ha gustado coleccionar y comprar, tengo la suerte de viajar mucho por el mundo para comprar cosas para mis clientes”, dice.

Sobre Chile hay un proyecto a futuro de exportar el café-restaurant y la tienda. De momento, es sólo una idea. Aunque lo seguro, según Beriestain, es abrir primero Concept Store en varias ciudades europeas. Lo otro, ya se dará a su debido tiempo.