Es uno de esos eventos imperdibles que se asocia a la Navidad en Dinamarca. Uno de esos acontecimientos que tras medio siglo se ha convertido en una verdadera y querida tradición. Tanto así que hay turistas asiáticos que programan sus viajes a Europa en fechas que les permitan disfrutar las mesas navideñas que cada año se preparan en la tienda insignia de Royal Copenhagen.

En el pasado miembros de la realeza, celebridades danesas y extranjeras, así como profesionales creativos de las más diversas áreas, han asumido la tarea de imaginar su propia mesa navideña. Cada uno ha querido transformar sus sueños teniendo como punto de partida los finos juegos de vajilla de la fábrica danesa. Si en el siglo XVII, los europeos se fascinaron con la porcelana azul y blanca exportada desde China, en 1775 fue fundada y comenzó a operar la fábrica de porcelana Royal Copenhagen, produciendo sus primeras piezas para atender el comedor de la familia real. Durante más de 240 años, la firma ha mantenido su clásica porcelana azul y blanca, pintada a mano, así como la exclusiva vajilla Flora Dánica y otras más audaces y vanguardistas.

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¿Por qué fue invitado este año el Ballet Real de Dinamarca? No solo porque, físicamente, están a tiro de piedra una de la otra, sino porque sus historias son tan cercanas como su distancia física. Fundamentalmente, comparten una referencia común dentro del arte, la estética y la aspiración de equilibrio eterno entre innovación y tradición. Y el resultado lo demuestra.

“Esta no es la primera vez que Royal Copenhagen ha colaborado con el Ballet Real para crear las tradicionales mesas de Navidad y, probablemente, tampoco sea la última. Somos dos instituciones muy bien establecidas en el panorama cultural danés, y ambos tenemos un fuerte sentido de valores, donde la destreza manual artesanal y la precisión son puntos de referencia”, ha explicado Niels Bastrup, director creativo de Royal Copenhagen. Este año, seis estrellas del Ballet Real —la tercera compañía más antigua del mundo— han usado estos sets de porcelana para crear mesas que dan cuenta de su personalidad, sus sueños, sus orígenes y ese espíritu creativo que une a estos bailarines. Sus talentos dieron un toque mágico a las mesas, nacidas de los universos dramáticos de cada uno.

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Con gracia pasaron de las zapatillas de ballet a las decoraciones navideñas los primeros bailarines Alban Lendorf e Ida Praetorius; los solistas Andreas Kaas y Femke Mølbach Slot; el ex primer bailarín Kristoffer Sakurai; así como también la ex bailarina y directora de la escuela de ballet del Ballet Real, Anne Marie Vessel Schlüter. Quienes durante años, sobre el escenario, han recibido innumerables ovaciones a nivel nacional e internacional, ahora las reciben por el resultado que muestran las mesas en las que cuentan quisieran recibir a sus familias y amigos más cercanos en Nochebuena.

EL PODER DE LA MÚSICA

Las fuentes de inspiración para las seis mesas provienen de todas partes. Naturalmente están las referencias al mundo del ballet, del Cascanueces y del cisne: el blanco y el negro, el más tradicional ballet navideño. Se ve también la magia del teatro y el poder desenfrenado de la música en su interior.

Con cierta nostalgia romántica hay atisbos de navidades pasadas que se guardan en el corazón y la memoria, así como también esperanzas y sueños de las que vendrán. Tras pasear admirando las mesas no cabe duda de que cada bailarín y bailarina puso toda su pasión creativa y que manifiesta también la historia de vida y personalidad particular.

En la mesa de Kristoffer Sakurai, por ejemplo, es interesante ver la unión de las culturas japonesa y danesa, parte de la vida del bailarín. O cómo no enamorarse de esos antiguos trajes de ballet que son parte de la propuesta de Ida Praetorius, y que cuelgan como nubes de gasa sobre la mesa de Navidad y dan vida a un ambiente acogedor e informal.

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La mesa de Andreas Kaas es moderna, urbana y casi sin pretensiones, pero aun así recogiendo la tradición que se renueva, es juvenil, directa y acogedora. Por otro lado, Anne Marie Vessel Schlüter hace entrar en una atmósfera navideña inmediata donde el Cascanueces juega el papel principal en la cubierta de la mesa, ya que está cerca de su corazón, inspirada en las aventuras navideñas que vio cuando era niña. Femke Mølbach Slot transforma su Navidad en una experiencia glamorosa, donde el jazz y el amor reviven el ambiente de esas inolvidables películas de los ’40, con champaña, hombres de esmoquin y mujeres en vestidos largos y tacos de vértigo.

Diferente y capturadora es la propuesta de Alban Lendorf. Como él mismo explicó ha querido desafiar a los sentidos torciendo la realidad y mostrando “el otro lado de lo perfecto”. El resultado: un entorno navideño deconstruido para ilustrar que todo lo hermoso y perfecto tiene otra cara de dolor e imperfección. La vida misma que deja huella cuando cada premio y cada aplauso ha costado también sangre, sudor y lágrimas.

“Las mesas de Navidad no son solo un evento para los habitantes de Copenhague. Ellas atraen a cientos de miles de personas que llegan a Amagertorv —la plazoleta frente a la cual se encuentra la tienda— desde todos los rincones del país cada año. Para muchos, la Navidad no comienza hasta que han visitado la tienda para obtener inspiración para sus decoraciones”, ha contado Niels Bastrup, mientras se entusiasma pensando en los espectaculares ventanales que dan a la famosa calle peatonal Strøget, para mostrar las mesas.

Además, este año despliega una sorpresa más. Por primera vez en su historia, la decoración de los ventanales de la tienda insignia de Royal Copenhagen ha sido puesta bajo el talento del departamento de vestuario y escenografía del Teatro Real. El resultado es la promesa de una aventura navideña dramática y única contada por bailarines de talla mundial que han dominado su oficio con magia, pasión y destreza en la narración de las historias sobre el escenario cuando los imponentes cortinajes se abren.

Las mesas navideñas estarán hasta el 31 de diciembre para hacernos soñar y despertar nuestra propia e inspirada creatividad.