Me encanta recibir visitas. Gozo agasajando invitados con preparaciones caseras y atendendiéndolos con todas las comodidades que los hagan sentir tan bien –o incluso mejor- como en su propia casa. Y no lo hago por ser salamera o chupamedias, lo hago porque sinceramente lo disfruto.

En la primera casa que compartimos con mi marido tuvimos una pieza de alojados. Era preciosa, la decoré estilo provenzal en tonos crudo y celeste. Era una habitación chiquitita pero muy acogedora y allí durmieron nuestros invitados durante casi tres años, hasta que tuvimos que desmantelarla con la llegada de nuestra hija, pero ahora en mi casa nueva pude recuperar ese espacio.

La exitosa decoración de la pieza de alojados fue el resultado de felices accidentes y casualidades. Primero, me ‘equivoqué’ en el color de pintura. Me carga cuando pasa eso de que el tono de la pintura se ve completamente diferente en las paredes a como se veía en el muestrario. Pero, “filo”, pensé, las paredes ya estaban pintadas y me costaría una mini fortuna comprar pintura nueva y volver a llamar al pintor. Después fui a escoger el decomural para el feature wall y no había stock del que había seleccionado, así que tuve que elegir una alternativa. Había visto los papeles por internet, y debo confesar que la pantalla no le hace justicia a los colores y texturas, porque terminé enamoradísima de un papel que honestamente ni siquiera había notado en el sitio web.

Con las paredes pintadas y el papel instalado nos fuimos de ‘shoppingciones’ (shopping+vacaciones) a mi segunda patria (USA) y compré un cubreplumón estampado a cuadrillé para mi pieza de alojados, teniendo en cuenta los tonos predominantes de la habitación: café con leche, crudo, dorado suave, lino, beige.

Estaba nerviosa de la combinación, porque el papel mural tiene diseño y el cubrecamas también, pero resultó increíble. Uní todo con cortinas roller dúo en tono lino y una alfombra ‘shaggy’ de 150×90 en dorado oscuro. Terminé de amoblar con una cómoda pintada crema con acabado envejecido, un velador similar con cubierta de madera y un sitial beige. Los toques finales fueron un cojín taupe con bordado en crudo, un cojín bolster en tono champaña (son esos cilindros que venden en Laura Ashley y tengo mi casa plagada de ellos) y una piecera en tono crudo sobre la cama. Sobre el velador puse una lámpara estilo Tiffany y un vanity tray dorado oscuro que compré en Zara Home. El último detalle es un cojín rectangular color beige con bordados dorados y plateados en el sitial.

Como soy una decoradora autodidacta me di cuenta que había aprendido algo nuevo: combinar texturas en un mismo tono. La pieza de alojados no se ve monocromática ni fome porque todas las texturas son distintas, aún cuando son en los mismos tonos. Hay texturas brillantes, opacas, ligeras, etc., y esa combinación le da un protagonismo especial a cada artículo, sin que se opaquen entre sí. Todo un acierto, aunque no fuera premeditado.

En las pocas semanas que llevo en mi nueva casa ya he alojado a importantes dignatarios de fuera de la RM, como mi mamá, mis suegros y mi hermana, quienes se han retirado ansiosos por volver a las comodidades de aquella habitación.

No importa el estilo de la pieza de alojados, si es clásica, moderna, vintage o vanguardista, lo importante es que sea acogedora. Debe inspirar comodidad y privacidad, al mismo tiempo de hacer sentir a la visita como parte de la familia, que no sienta que su presencia incomoda. Ciertamente, todo un desafío para las dueñas de casa y un verdadero arte que pocos saben dominar.

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