En una entrevista inclasificable habla de lo que le ha dolido y le ha hecho reír en su vida de poeta y amante maratonista. Reconoce que Neruda ha sido siempre un problema para él, y que está en el origen de su antipoesía. Aquí se va de lengua. Habla de todo; hasta de su lu-ju-ria de-sa-ta-da.

—¿Piensa celebrar sus 100 años, Nicanor?—, le preguntamos en la puerta de su casa de Las Cruces, ya que no se dejó ver cuando fue inaugurada una enorme biblioteca con su nombre, ni tampoco cuando se lanzó al mundo el último tomo de sus Obras Completas en la Feria del Libro. “Habría sido de ególatra presentarse en esas ceremonias”, explica.

—¿Entonces, tampoco hará fiesta?— le insistimos. Y él responde de un modo que ya se le ha hecho costumbre.

—Como dice mi nieta Lina Palla, “eso es un secreto”.

—¿Pero al menos podría contarnos lo que le gustaría hacer después de vivir un siglo?

—No, no. Cómo se le ocurre. Ya no doy entrevistas. Considero que toda pregunta es una impertinencia, una agresión.

—¿No le gustaría escuchar la canción El día de tu cumpleaños que compuso Violeta? Que le canten, por ejemplo, El día de tu… centenario/ habría que embanderar/  desde Arica a Magallanes /con banderas colorás. / Que viva tu nacimiento/ verde botón de rosal / con la voluntádel cielo/  que vivas cien años más… Nicanor, ¿usted no nos va a negar que le encantaría vivir 100 años más?

—Sorry? Forgiveness, little guy, i do not understand your language (últimamente a este viejo zorro le ha dado por responder en inglés cuando lo que quiere es no hablar.)

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—Con un siglo más aumentarían las posibilidade de que le caiga el Nobel ¿o no? Claro que el crítico Ignacio Echevarría, uno de sus editores más entusiastas, cree que ya no, que usted está bien así, junto a los gigantes que nunca lo ganaron como Rulfo, Borges, Onetti. Piensa que Parra no es del lote de Vargas Llosa, Neruda y Paz. O sea, don Nica, a pesar de los méritos, ¿decimos chao al Nobel?

—El Nobel de Lectura me lo debieran dar a mí/ que soy el lector ideal/ y leo todo lo que pillo/. Leo los nombres de las calles / y los letreros luminosos/ y las murallas de los baños / y las nuevas listas de precios/ y las noticias policiales/ y los pronósticos del Derby/ y las patentes de los autos.

—El mismo Echevarría advirtió que usted dejará miles de papeles sin publicar, un baúl sin fondo, una tarea enorme para quienes le sobrevivan. “Siempre que Parra no nos sobreviva a todos, como va pareciendo”, dijo. ¿Está dispuesto a seguir dando guerra?

—Al monje taoísta le preguntan: ¿Usted está listo para morir? Y él contesta: Sí, pero también para vivir indefinidamente. Creo que no existe una filosofía más contundente que ésa en relación a la muerte.

—Al vivir indefinidamente corre el riesgo espantoso de darse cuenta de que su obra tal vez pueda no ser inmortal…

—No, no, no; esto ya está pareciendo una entrevista —interrumpe—. ¿Usted tiene una grabadora escondida por ahí? (y hace como si hurgueteara debajo de nuestra ropa, recreando con sus manos uno de sus Artefactos, es decir, ni tan en serio, ni tan en broma).

LO QUE ESTAMOS HACIENDO C0N EL ANTIPOETA —NI TAN EN BROMA NI TAN EN SERIO— es anticiparnos a su centenario antes que sea demasiado tarde. Celebrar esa verbena con seguridad y con la cabeza despejada, puesto que ya se asoma: cumplirá 98 años antes del próximo Dieciocho. Con esta entrevista incalificable tratamos de rendir tributo a todas sus creaciones, a sus amables caprichos, a sus entusiasmos existenciales, a sus jugarretas de donjuán y a sus llantos disimulados. Hemos recogido aquí y allá —en su obra, en las conversaciones confiables, en entrevistas orales y escritas—, el material que nos ha permitido preparar para estas páginas de CARAS Ego lo que quisiéramos llamar la imitación de una entrevista. Todas las palabras de sus respuestas han sido dichas por él, aunque a veces en tiempos diferentes.


—Por el cine y Wood supimos que Violeta se fue a los cielos. ¿A dónde irá usted?

(Con el Papa ni-a-mi-sa, dice uno de sus Artefactos, pero él nos mira y no responde).

—¿De viejo no ha ganado miedo a lo desconocido?

—¿Viejo dice usted? Debe saber que el Yo no envejece. Me siento como niño.

—¿Por eso le gustan tanto los niños?

—Es posible. Grabé una entrevista para un grupo a pesar de mi terror pánico a las grabadoras. Interrumpí incluso mi situación de retiro espiritual que vivía por mucho tiempo.

—¿Retiro espiritual?

—Podríamos hablar de silencio enigmático o silencio elocuente. Es que con gente adulta es mucho más difícil conversar. Yo prácticamente he renunciado al diálogo con adultos.

—Dígame una cosa, ¿su “silencio enigmático” se inició durante el gobierno militar? Porque después usted escribía cosas como “Poema/ Problema: / Ciento 4 civiles en un cajón/ cuántas orejas y patas son”. O ironizaba: “De aparecer apareció/ pero en una lista de desaparecidos”.

—Tengo otros. Mire: “A mí nadie me pisa los callos/ A mí nadie me pasa a llevar/ Aunque sea Fidel en persona/ o la propia Unidad Popular…” “Revolución, Revolución. Cuántas contrarrevoluciones se cometen en tu nombre…” “Donde cantan y bailan los poetas, no te metas Allende, no te metas”. “Fin de Cueca. No creo en redentores ni salvadores…”.

—No se salvó ni Allende. Pero usted había estado con la Unidad Popular…

—Me declaré partidario de la UP y voté por Allende. Fui un allendista moderado. Partidario de la revolución chilena, aunque tuve  algunas críticas que formular. En términos políticos yo declaré que era un socialista un poco escéptico, un poco frío. Un socialista de tipo democrático. O sea, el socialismo por las urnas y no por las armas.

—O sea, es ahora un izquierdista arrepentido.

—¡Hasta cuándo siguen fregando la cachimba! No soy derechista ni izquierdista. Yo simplemente rompo con todo. Claro que para que algunos pocos coman bien, ¿es preciso que muchos coman mal? Mire este Artefacto: “Ellos los perlas se arreglan los bigotes como Dios manda y a nosotros nos vienen con la musiquita de que seamos patriotas”.

—Sus quejas vienen desde los días en que usted regresó a Chillán a hacer clases. Estaba enojado con el trato al profesor. ¿Recuerda algún verso?

—¡Para qué hemos nacido como hombres/ Si nos dan una muerte de animales!

—¿Tenía tantas razones para estar enojado?

—…Observad estas manos / Y estas mejillas blancas de cadáver / Estos escasos pelos que me quedan / ¡Estas negras arrugas infernales! / Sin embargo yo fui tal como ustedes / Joven, lleno de bellos ideales /Soñé fundiendo el cobre /Y limando las caras del diamante: / Aquí me tienen hoy/ Detrás de este mesón inconfortable / Embrutecido por el sonsonete/ De las quinientas horas semanales.

—Volvamos a los niños, mejor. Usted busca y colecciona las ocurrencias de ellos. ¿Quiere regalarnos una?

—Estábamos almorzando aquí en Las Cruces con Pancho Casas, de las Yeguas del Apocalipsis y varias familias amigas. Manolito, un niño, se paró frente al artista de las Yeguas y dijo: “¡Subicao! Se cree mujer… Pero igual es hombre”.

—A usted le divierte el tema gay, parece. Ha escrito Art is homosexual y también su famoso Eclipse: Si los maricones volaran no se vería la luz del sol. ¿Qué le pasa con ellos?

—NECESITO REÍRME DEL PRÓJIMO. NADA MÁS. Si no me río de alguien ando de malas pulgas todo el día.

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—Bolaño dijo que usted se pasa escribiendo, como si al día siguiente fuera a ser electrocutado.

—Hmmm… Hacia 1950 me puse a llevar una especie de diario, que no es exactamente un diario sino una ensalada rusa donde anoto lo que me pasa por la cabeza, aquello en que hay gato encerrado. Una idea, una ocurrencia. El párrafo de un libro, un chiste, un titular de prensa, cualquier cosa que me  diga algo. Hay notas de viaje; romances, cartas, confesiones extremas, casi pornográficas. Y con el tiempo se fue formando allí una especie de obra extraña, que cumple con las siguientes funciones: es una suerte de depósito de ocurrencias o de ideas, que pueden desarrollarse o no, más tarde. Me imagino que de allí va a salir alguna vez un trabajo. A lo mejor, alguna vez pueden dar origen a una “obra literaria”. Es una especie de depósito, de detritus literario. Y sabemos que lo que hoy es detritus, mañana pasa a ser flor, y viceversa.

—Todas las mañanas se sienta a rayar algún cuaderno. Pero un amigo suyo dijo que le cuesta cada vez más aceptar que ha terminado un texto. Concibe su obra como textos en desarrollo, es demasiado cauto y suspicaz a la hora de publicar. Eso dice.

—Prefiero amontonar cuadernos antes que regalárselos a los capitalistas de los medios de comunicación. No tengo apuro en publicar. La poesía no es respetada, por eso se paga como se paga. Y como tampoco se la promociona, nunca se va a pagar bien.

—Ese tema siempre le pone de mal humor. No hace mucho despidió a unos editores muy importantes con la frase “chao pescao, y tan enemigos como siempre”.

—What means it?… pescao?

—Este humor que le viene de su padre.

—Un poco. Pero más de la etapa del liceo. Uno tenía que aprender a sobrevivir. Mi papá tenía un humor difícil. Era estilo Quevedo, pesado de sangre, como este chiste: dos doncellas se detienen ante un personaje para preguntarle la hora; él que tiene el puntero parado entre la una y la dos. Ese era el humor de mi padre. Yo lo rechazaba porque me parecía muy porno, aunque después me di cuenta de que es también una rama del espectro.

—En su antipoesía, artefactos y cachivaches hay sátira, sarcasmo, ironía, burla, humorismo, también intensa melancolía. Y cada vez se hace más clara su decisión de escribir con las palabras que se caen del diccionario, sencillas, como las del hombre común. Usted advierte a los poetas que “no hay que dejarse tragar por el discurso cuico”. Pero a veces se tienta con soluciones rebuscadas, como en el título Calcetines huachos, capítulo de sus Obras Completas.

—Es buen título, claro, pero presuntuoso. Alguien se está haciendo el inteligente y todo el mundo aplaude. Esa espectacularización ya no me gusta.

—¿Qué fragmento de su obra destacaría?

—Soliloquio del individuo. Posiblemente sea el poema que goce de mayor simpatía ante mí. Es un documento, una especie de alarido. Si se puede hablar de iluminación, o de revelaciones, me parece que algunas de ellas se dan en él. Es un poema revelado; en cambio los otros son textos elaborados, que pueden tener o no fragmentos de iluminación.

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—He leído en Qué Pasa comentarios suyos muy críticos sobre los Antipoemas y la antipoesía. Uno no sabe si son otra travesura o una impensada autocrítica. Asegura que en Discursos de sobremesa recuperó la sensatez, y que los antipoemas eran un “discurso neurótico…”. Usted no perdona a nadie. ¿Ni a usted?

—“EL AUTOR NO RESPONDE DE LAS MOLESTIAS QUE PUEDAN OCASIONAR SUS ESCRITOS: /Aunque le pese/ El lector tendrá que darse siempre por satisfecho…”.

¿Y usted como lector se da por satisfecho cuando un crítico casi lo pone en los altares, como lo hizo el cura Valente, pero otros como Alone, lo mandaron al infierno con su Obra Gruesa?

—What he launched my book to hell?

—Bueno, Alone dijo que no veía más recursos expresivos suyos que los contrastes inesperados y violentos, el choque continuo de una línea poética con otra prosaica, la salida grosera, junto al detalle fino, patético, angustioso, hecha para espantar. Se pregunta si tal vez quería llegar más alto, pero no pudo. Que tal vez pretendía otra cosa… Afirma que no da nunca la impresión de estar en paz consigo mismo y causa el efecto a ratos incómodo de que cuando usted bromea no está hablando en broma. ¿Qué le respondería?

—Durante medio siglo/la poesía fue/ el paraíso del tonto solemne/ Hasta que vine yo/ Y me instalé con mi montaña rusa/ Suban si les parece/ Claro que yo no respondo si bajan/ echando sangre por boca y narices…Lo que pretendo es desimpostar la voz; lograr el tono del habla. La poesía como habla y no como canción. O sea, nada de ocultismo ni de apocalipsis. No más la poesía del pequeño dios. / La poesía de vaca sagrada. / La poesía del toro furioso.

—A Benedetti le dijeron que su obra era anti-Neruda. ¿De ahí viene su “poesía del lado del revés”, como escribiera Armando Uribe al referirse a la antipoesía?  Parece que usted  no pudo evitar colocarse en conflicto con Neruda y otros grandes poetas chilenos.
“Neruda fue siempre un problema para mí. Un desafío, un obstáculo que se ponía en el camino. Entonces había que pensar las cosas en términos de este monstruo. De modo que, en ese sentido, la palabra Neruda está allí como un marco de referencia. Más tarde la cosa ha cambiado. Neruda no es el único monstruo de la poesía; hay muchos monstruos. Por una parte hay que eludirlos a todos, y por otra, integrarlos, incorporarlos. Es una poesía anti-todo”.

—A principio de los ’60, en China, usted les preguntaba a los intelectuales comunistas cuáles eran los deberes del poeta revolucionario. Le dijeron: Primero: ubicar al enemigo. Segundo: hacer puntería. Tercero: disparar… ¿Qué le pareció esa respuesta?

—Quedé encantado. Volví a Chile y ubiqué rápidamente al enemigo, tomé puntería, pero… no me atreví a disparar. Realmente, se produjo un proceso de inhibición.

—Sin embargo, desde fines del siglo XX sí dispara, y en serio, pero no a la derecha y a la centroizquierda, ni a los que han sido siempre su blanco: los rojos del PC. Dispara contra los que dañan el planeta. Se convirtió en ecopoeta. Defiende a los mapuches y dijo que los acompañaba con su propia huelga de hambre. Antes del plebiscito del Sí y el No le preguntaron de qué lado estaba, y no fue muy claro.

—Clarísimo. Le explico. Dije que estaba por la vuelta a la democracia, pero no para repetir la película. Quería ver cómo podemos salvar el planeta, y sin  democracia no se salva nada. Yo estoy en la línea democrática, pero no por las viejas razones de la cuestión social, sino por razones de supervivencia planetaria.

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—¿Desde cuándo su ecologismo? ¿Por qué?

—Por razones de supervivencia. En la dictadura no me echaron de Chile, pero yo quería hacer un trabajo útil sin que fuese un suicidio.

—¿Tuvo amores con jovencitas verdes?

—No recuerdo. Pero pedofilia eso sí que no. Una sola vez me metí con una alumna de primer año de Química. Casi lo primero que me dijo fue que su papá a las monjas de la Caridad él les decía monjas tales por cuales. Me hizo pegar un brinco. ¿Qué iba a hacer yo? Le dije: Venga pa’cá mijita.

“Diego Portales fue uno de los primeros pedófilos de nuestra historia. Su pareja y madre de tres de sus hijos tenía 15 años cuando se enredó con él, que ya era un treintón”.

—¿Qué ha sido el sexo para usted?

—Me parece que es lo que hace marchar el mundo. Alguna vez me han preguntado qué es lo único que queda en pie en esta hecatombe de la antipoesía. Realmente quedan muchas. Por lo menos una muchacha desnuda que se lanza a una piscina. Eso es algo intocable; un misterio, para mí indescifrable. Me he estado dando cuenta, últimamente, que en esta dirección se está desarrollando una parte de la literatura y del arte. El porno-arte está en todas las revistas literarias. De manera que no soy el único descaminado, el único deschavetado.

—Tuvo seis hijos con tres parejas y una multitud de otras  mujeres, algo que le ocurre hasta hoy. ¿Qué deberíamos ver ahí?
Se tapa la boca con una mano, baja la voz, abre mucho los ojos y frasea:

—Lu-ju-ria de-sa-ta-da.