Aunque muchos crean que cualquier tipo de adaptación de la obra de William Shakespeare está ya agotada, la directora peruana Chela de Ferrari sacude el árbol con su versión de Mucho ruido por nada, la comedia romántica Isabelina. La versión peruana sigue la máxima de que los papeles femeninos son realizados por hombres, pero esta vez sin maquillajes ni pelucas.

La obra, presentada por Fundación Teatro a Mil y Minera Escondida/BHP, estará entre el 18 y 20 de enero en el Teatro Camilo Henríquez. Mucho ruido por nada representa a un grupo de actores que intenta montar la obra de Shakespeare mientras el público sube al escenario y una banda se lanza a tocar The Beatles estilo salsa.

Aquí, Chela de Ferrari, directora teatral y dramaturga peruana que tiene a cargo la dirección artística del Teatro La Plaza, nos habla de cómo este clásico puede servir para hablar de temas tan actuales como el machismo o la igualdad de género en Latinoamérica.

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—¿Cómo llegaste a esta relectura de Shakespeare desde el plano de las minorías sexuales? 

Cuando la unión civil fue rechazada en el Congreso peruano, pensé que tenía que programar otra obra que tocara el tema, pero esta vez quería alejarme de cualquier propuesta dramática. Una obra para bailar, cantar y celebrar el amor. A la vez, se cumplían los 400 años de la muerte de Shakespeare. Entonces, elegí Mucho ruido por nada. La obra nos permitía hablar de una pequeña y conservadora comunidad siciliana, de una mentalidad muy similar a la de nuestra sociedad peruana hoy. Quise emplear un elenco solo de actores hombres, como en la época de Shakespeare, pero sin pelucas, maquillaje y artificios, con la intención de que esta propuesta sirva para recordarnos que bien podría tratarse de personas del mismo sexo y que el derecho al amor de pareja, y su reconocimiento social, va más allá de los géneros.

Con esta idea nació la obra, pero en el proceso de ensayo la cosa cambió. Otra forma de intolerancia fue ganando lugar. En la obra original, el personaje de la joven es maltratada por su novio. Al final de la historia ella perdona la agresión y se casa. ¿Cómo podíamos tener un final feliz si la protagonista aceptaba casarse con su agresor y congraciarse con la comunidad que avaló la violencia? Mientras ensayábamos la escena, medio millón de personas salíamos a las calles a protestar contra la violencia a la mujer en una marcha sin precedentes como fue el caso de Ni una menos. Con el elenco debatimos el tema larga y acaloradamente, ¿ser fieles a la causa de la mujer o a la obra de Shakespeare? ¡Probamos no menos de cuatro finales! Fue terrible, ¡teníamos el estreno encima! Finalmente llegamos a una solución que contaba, en un tono de comedia, nuestro serio debate con respecto al final.

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—Mucho ruido por nada llega a Chile con una ley de unión civil funcionando, pero donde el machismo, la violencia de género, los derechos reproductivos y el respeto a la diversidad son temas de discusión diaria. ¿Cómo crees que el público local va a tomar tu propuesta?

—Nos hicimos esa misma pregunta cuando viajamos a Sao Paulo con la obra. En Brasil existe el matrimonio igualitario desde hace varios años, sin embargo, la respuesta del público fue emocionante. Acabamos todos, público y elenco, cantando en portugués y en español, bailando y celebrando el amor. Por otro lado, la obra también habla contra el machismo y la violencia de género, tomando claro partido cuando uno de los actores se niega a representar el final que el autor escribió para su personaje asegurando que ninguna mujer del público lo aceptaría. La violencia de género y el machismo son temas absolutamente relevantes en cualquier país latinoamericano.