Todo el star system hollywoodense sabía que Scotty Bowers existía y que guardaba toneladas de secretos, pero muy pocos estaban preparado para escuchar algo así como los wikileaks de la era dorada de la industria cinematográfica.

Luego de mantener silencio por más de medio siglo, Bowers, un ex marine norteamericano que combatió en la Segunda Guerra Mundial y que luego fue bombero en una bencinera de los barrios bajos de Hollywood, acaba de abrir una caja de pandora con el libro Servicio Completo (Editorial Anagrama).

El hombre levantó la alfombra para remover esa imagen de una Norteamérica pulcra como un pañuelo de seda, forjada gracias al cine desde los años ’40, y mostrar la verdadera cara de sus actores principales: desenfreno, orgías y homosexualidad escondida gracias al propio Bowers (90), quien ahora, con todo el reparto bajo tierra, se atrevió a destapar sus reales y tapados deseos.
“He estado callado todos estos años porque no quería herir a nadie. Finalmente, he decidido hablar porque ya no soy tan joven y la mayoría de mis clientes famosos están muertos. La verdad ya no puede dañarlos”, dice Bowers para justificar su polémica biografía.

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Retratado en la época como un “adonis de ojos azules y sonrisa perfecta”, Scotty sobrevivió a las batallas con los japoneses y en 1946 se instaló a llenar estanques en una gasolinera de Hollywood Boulevard, cerca de los estudios Paramount. Luego que el actor Walter Pidgeon lo invitara a tener sexo en su mansión a cambio de 20 dólares, su vida se transformó. La voz empezó a correr por los estudios y poco a poco, los más improbables clientes llegaban para que Bowers llenara su estanque y de paso, les hiciera realidad sus más callados deseos en una época donde los vicios y la homosexualidad eran duramente castigados y peligrosos.

“Podía hacer realidad las fantasías de cualquiera. Daba igual lo extravagantes que fueran los gustos de la gente, yo sabía exactamente lo que necesitaban. Heterosexuales, gays, bisexuales, mujeres, hombres, viejos o jóvenes, yo tenía algo para todos ellos”, afirma Bowers en el libro donde cuenta con detalle sus aventuras con una lista de actores que se mostraban como mujeriegos, pero que eran homosexuales…
Uno de ellos era Cary Grant, con quien tuvo varias travesuras. O Rock Hudson, al que conoció en la bomba y del que terminó siendo su amante.

Las confesiones no dejan títere parado. Sobre el reconocido —y casado— músico Cole Porter, Bowers dice: “Era declaradamente gay e innegablemente promiscuo”, y por sobre todo, tenía una debilidad por los marines.

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Otro poderoso que compartió con el “bombero del amor” fue el director del FBI, J. Edgar Hoover, a quien recuerda haberlo conocido —y tenido relaciones con él y otros dos hombres— en una cena a la que Hoover llegó disfrazado de travesti. “No era guapo ni cuando estaba vestido de mujer”, dijo sobre él. Otro mito caído de la masculinidad fue Cary Grant, quien compartió casa con otro actor, Randolph Scott, a quienes les prestaba servicios sexuales.

Bowers, quien se ha ganado la odiosidad de Hollywood con esta autobiografía tardía, reconoce que llegó a tener relaciones con más de 30 personas por semana. Y no sólo con hombres, pues siempre se declaró bisexual. Entre sus conquistas femeninas estuvo Edith Piaf, con quien dijo haber tenido una relación “fogosa” durante un mes en el que la francesa le cantaba mientras hacían el amor.
Otra de las mujeres que registra su lista es Vivien Leigh, de quien relató era “una amante increíble” con la que intimó mientras grababa Un tranvía llamado deseo y su marido, Laurence Olivier, de quien se supo que era bisexual, dirigía una película.

Quizá la historia más escabrosa de las reveladas por Bowers fue la que desmitificó a una de las parejas más estables de Hollywood: el que mantuvo casados a Spencer Tracy y Katharine Hepburn por 25 años y que para Scotty sólo era un asunto de conveniencia, pues Tracy era homosexual y Hepburn lesbiana, como recuerda en una parte de Servicio Completo donde la actriz le dice: “Conozco tu reputación, Scotty. Cuando puedas, ¿crees que podrías buscar alguna chica de melena oscura para mí? Una que no esté muy maquillada…”, reveló que le dijo la actriz, la única a la fecha que ha logrado ganar cuatro premios Oscar y que, según él, a la que le terminó consiguiendo más de 150 mujeres para que le prestaran servicios sexuales.

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Con la aparición brutal del Sida en los años ochenta, Bowers firmó su retiro del negocio del placer. Y su historia estaba destinada al olvido hasta que un periodista de la revista Vanity Fair lo descubrió mientras preparaba Valentino: The Last Emperor, un documental sobre la vida de Rodolfo Valentino, el primer sex symbol de la historia del cine. Pero ése es otro cuento…