Cumplió siete años en Nueva York, y Sebastián Errázuriz (36, casado con la galerista Alix Frey) afirma que recién hace dos comenzó a consolidarse y a ser reconocido como uno de los grandes en el circuito artístico internacional. “Antes, me molieron a palos”, señala mientras desayuna en el exclusivo White Hotel de Brooklyn, ubicado a una cuadra de su taller.

¿Su gran pecado?, ser artista y diseñador a la vez, “lo que genera sospechas. Creen que tus diseños no pueden ser tan ingenieriles y bien pensados, ni tu arte tan profundo o refinado. Los expertos están siendo cada vez más desafiados por las nuevas generaciones que también son ‘bilingües’, que les hace sentido esta multidisciplina, de la misma manera que el mix martial arts tan de moda, donde el boxeador hace judo y técnicas marciales”.

Porfiado, provocador e irreverente —que se refleja en intervenciones urbanas como plantar un árbol en medio del Estadio Nacional o en obras como usar una fotografía suya desnuda y a tamaño real como cubierta de mesa—, Errázuriz dio la pelea para demostrar que se puede hacer ‘doble militancia’. Y no se equivocó. Con más de cuarenta exposiciones internacionales —en Tokio, Alemania, NY, París y España—, y tras ser elegido el 2007 uno de los mejores diseñadores internacionales emergentes por la revista ID, hoy es pionero al ser representado por dos galerías (agencias) simultáneas (Salón 94 y Cristina Grajales Gallery) que se enfocan en sus distintas disciplinas. El valor de sus trabajos —que van desde esculturas, muebles hasta objetos industriales— son apetecidos por importantes coleccionistas y millonarios. No por nada Errázuriz fue recientemente invitado a hacer la obra de entrada de la exposición de Collective Design Fair, donde participan más de 25 galerías de todo el mundo. Además, prepara para septiembre una exposición en NY sobre la dictadura chilena, y su primera retrospectiva que expondrá el 2014 en el Museo de Arte Carnegie.

Hijo de una parvularia y un profesor de arte, a los cuatro años Sebastián quería ser artista. A los seis lloraba porque sus dibujos estaban más atrasados que los de Picasso a la misma edad. Mayor de cuatro hermanos, estudió en el San Ignacio, entre los 6 y los 12 vivió en Londres por un posgrado de sus padres, por lo que su niñez fue de museos y exposiciones. Estudió diseño en la UC, siguió con clases de arte en Washington y cursos de cine en Edimburgo. Al poco tiempo ya figuraba en Chile como el artista revelación: era columnista de un diario, hacía clases en tres universidades, tenía su taller funcionando y su propio espacio de diseño en TVN. Sin embargo el 2006, tanta seguridad comenzó a inquietarlo, y de un día para otro puso todo en jaque y se fue a Nueva York para partir de cero. El riesgo es su lema a la hora de crear y de vivir.

Pararme en NY me costó todo el sudor y lágrimas que puedas imaginar. Esta ciudad es como la olimpiada del arte; llegan todos los secos de sus áreas, con sus ahorros y sueños a tratar de lograr algo.

“Pararme en NY me costó todo el sudor y lágrimas que puedas imaginar. Esta ciudad es como la olimpiada del arte; llegan todos los secos de sus áreas, con sus ahorros y sueños a tratar de lograr algo. La mayoría viene de afuera, lo que hace que las relaciones sean frías, interesadas y subyugadas a tus metas. Las de tipo amorosas son todas sexuales, rápidas y te olvidas. Aquí nadie tiene raíces; somos todos unos parias, competidores y mercenarios; y cuando llegas, la ciudad te escupe y te patea. La mayoría dura tres, cuatro años, hasta que se le acaban las lucas, terminan agotados y optan por regresar a su país”.

—Fuerte sobrevivir así.

Wp- Sebastian Errazuriz 193 (2)—Es una ciudad de aguante, de tolerancia a la frustración, de resistencia; aquí no existe la carrera de 100 metros, sino la maratón de NY. Además, tienes un público fogueado, que conoce y se viste con lo mejor, que se sube al auto y avión más top, al que debes impresionar no una vez, sino todo el tiempo; entrar en su subconsciente como alguien que está siempre sorprendiéndolo.

—¿Nunca pensó en desistir?

—Aflojar nunca. Mi hermano chico me decía: ‘tanto va el cántaro al agua, que el agua se tendrá que quebrar contigo, ¡por lo porfiado!’. A veces me quedaban 150 dólares en la cuenta para dos semanas, y me tocaba comer con un millonario y pagar la cuenta de mil 500 dólares, pero debía hacerlo, así podía seguir conversando de igual a igual. El nivel de desesperación, de rabias y frustración aquí son infinitas, pero el aprendizaje es increíble. Cuando llegan arquitectos o publicistas chilenos muy capaces, con esa parada de macanudos, de que se las saben todas, no me queda más que mirarlos con ojos de quien fue molido a palos y que tuvo que aprender.

—¿Cuándo siente que se consagró?

—Aún no lo hago, estoy cerca. Hace dos años me afirmé mucho; me dejé de preocupar de las lucas y el nivel de apoyo era muy fuerte. Mis obras ya son carísimas; cada una vale un Mercedes (Benz). Saqué mi primer libro (The Journey of Sebastian Errazuriz), estoy preparando mi primera retrospectiva individual y trabajando con dos galerías de peso que es muy raro; lo normal es tener una agencia por país. Es como decirle a tu mina que te deje invitar a otra a la cama y después que se queden a vivir juntas.

—¿Por qué otros artistas chilenos no logran triunfar afuera?

—Tuve la fortuna de que mi padre se especializara en cómo educar artísticamente a jóvenes y niños. Fui un ratón de laboratorio; a los 5 años ya vivía en museos, criticaba artistas importantes y participaba en concursos de dibujo. Es diferente el músico que empieza a los 16 con el que fue entrenado toda su vida. Otro tema, es el aguante y resistencia. Si me comparo con amigos, soporto más. Me despierto a las 6 AM y estoy hasta las 20:00 horas en mi taller. Muchos siguen creyendo que tienen que buscar su inspiración, esperar a que les llegue, fumarse un par de caños, y ahí ponerse a trabajar.

—¿Y usted cómo lo hace? La inspiración es el gran tema de los artistas…
—Espero que me llegue trabajando. Picasso decía: ‘el 99 por ciento es transpiración y 1 de inspiración’. También es importante saber cómo funcionan las estructuras, los mercados, las personalidades y de qué manera entras jugando. No puedes jugar póquer si no conoces las reglas. Lo más probable es que todos los libros de autoayuda, marketing y los relacionados con este negocio ya me los leí. No tengo maestros ni tutores, soy mi propio jefe, busco cualquier cosa para aprender. Si hay un nuevo truco que me ayude a ser un poquito más eficiente, más sensible, a permitir más espacio para la inspiración dentro de la estructura, lo voy a hacer.

—¿Hacer obras que rompan esquemas lo usó de gancho o definitivamente provocar es lo suyo?
—Lo más arriesgado que puedes hacer es no arriesgarte. Con la competencia que hay, si haces lo mismo que los demás, ¡estás cagado! Hoy el camino más seguro es quebrar esquemas. Antes cada país tenía su propio bolsón de cultura, pero hoy compartimos las mismas imágenes, música, libros, películas, no tiene sentido seguir haciendo lo mismo. En el rubro del diseño, ropa, espacios, esculturas y situaciones urbanas, lo lógico es hacer pequeños giros para que la gente vuelva a mirar, a encantarse y conectarse. Mira lo difícil que es conectarnos hoy día, que algo te llame la atención.

“Desde chico fui cuestionador, en el colegio, la universidad, con mis viejos. A los 10 ya pensaba que como nadie nos preguntó si queríamos nacer, la posibilidad de suicidarte te permitía elegir vivir… A los 15 no tenía problemas en decirle al profesor de matemática que lo estimaba mucho, pero que entendiera que factorizar no me serviría en la vida, por lo tanto haría todo lo posible por copiar para sacarme un azul. Así enfrento los proyectos, todo”.

—¿Dé quién heredó esa mirada?

—No tengo idea, siempre tuve el sentido de la justicia, de lo que era correcto, que había que ser honesto y empujar las cosas para que resultaran. Muchas veces en el colegio llegaban los más grandes a quitarnos la cancha y yo la defendía hasta que me llegaba un combo en el ojo… En ese sentido, me rebelo a ser parte del sistema, a ser uno más que se somete a hacer lo mismo, a diseñar otra silla bonita, ¡cuando ya existen 20 mil! Si todos dicen que debe tener cuatro patas, pienso cómo podría ser diferente. Y eso te abre un campo de investigación que permite insertar ciertas cuñas que a otros les cuesta más, porque partes no mirando el árbol, sino el bosque, el ciclo de lluvias y la tierra. Así no entras a pelear en la misma categoría, desarrollas métodos de trabajo que te hacen bypassear la competencia.

—¿Cuánto ha madurado su trabajo en estos años?
—Una vez dije que el diseñador es un malabarista, mientras mejor artista, más pelotas tienes en tu pirueta. Mientras más refinamiento, sofisticación y experiencia, mayor profundidad, sutileza e información en tu trabajo. El desafío y el problema ahora es que se va acabando el ímpetu, la rabia bruta y la fuerza del artista joven, y como viejo te pones más burdo y seguro. Lo que debo hacer ahora y los próximos diez años es tomar esta experiencia y ponerla en riesgo, atentar contra mi sistema, tirarme otra pelota que me obligue a moverme constantemente.

—¿Se pone metas a estas alturas?

—Tengo una carrera que será larga y lenta; me metí en las patas de los caballos al decir soy artista y diseñador, que implica empujar dos cuerpos de investigación por separado y hacerte espacio en dos áreas con críticos, lenguajes y expertos diferentes. Sin embargo, en ambas quiero ser el mejor del planeta. Tuve la mejor educación, me he fogueado, formado, ya tengo una costra gruesa, dura. Soy relativamente joven, con una cultura amplia con la que puedo entrar y salir de diferentes grupos sociales y culturales y, a diferencia de la gran mayoría de arquitectos y diseñadores famosos que han generado su trabajo sobre la base de un estilo y estética —que es una capa bien superficial, y hoy se está diluyendo—, yo lo he hecho con un sello conceptual, con procesos de investigación, método de trabajo y una manera de pensar. Con este bombardeo de redes sociales, hoy más que nunca es importante ser honesto, alguien de verdad. Yo quiero ser el tipo que está ahí siempre sacándose la mierda, pensando, buscando, porque al final podré ofrecer obras con mayor conexión, peso, relevancia, variedad y sobrevida.

Wp-Sebastian 193“El chaqueteo chileno es muy entretenido. Ahora, me cuesta no enganchar. Muchas veces he ido al Parque Arauco a comprar materiales, y porque ando con pitillos no falta el tipo que me grita ahueonao, y me tengo que aguantar de no ponerle un cornete en el hocico. Le debió dar rabia que me vista diferente o le incomodó que la polola me mirara o la posibilidad de que sea gay aún lo asusta. El nivel de tontera que tenemos los chilenos ya es mucho. Decían que mi apellido me abrió puertas, cuando llamarse Errázuriz afuera ¡es lo peor que me podía pasar! Me puse ‘Sebastián E’, pero al rato me sentía como si fuera un ratero, después intenté Sebastián Erra Zuriz, tampoco funcionó”.

—¿Volvería a Chile?

—No tengo mercado. Mis trabajos son pequeñas investigaciones y necesito financiamiento. Y me refiero a esos juguetitos de laboratorio increíbles, y no a los de una pequeña universidad de regiones. Acá si quiero trabajar en mármol de Carrara, ¡trabajo en mármol de Carrara! Mis clientes saben que me demoro seis meses en entregar una obra. En Chile, ¿qué voy a hacer?, venderle un par de cosas a Juanito (Yarur) que es mi amigo, a un par de personas más, y sería. Además es un país agotador si te dedicas a quebrar esquemas. Yo no quiero ser conocido como el tipo que puso la vaca arriba del edificio, pretendo que hablemos de esa obra en particular, las connotaciones que tiene y por qué es interesante o no. No estoy aquí para shockear, ni para ser el que va contra la Iglesia. Me interesa hacer mi trabajo y estar tranquilo.

—¿Cómo ve el nivel de arte y diseño chileno?

—Un curador cubano (Gerardo Mosquera) escribió el libro Copiar el edén, y allí dice que los artistas chilenos son vegetarianos, no tienen dientes, sustancia ni garras, demasiado correctos. No le pegan el mordisco a los temas en que se meten. Estamos aislados, y por mucho tiempo copiar lo de afuera era aceptado, y era una cosa descarada. El tema es que hoy no se puede, entonces para una cultura que se ha basado en imitar ´—en vez de generar sus propios trabajos— se quedó coja. Además, está la personalidad del chileno que pide perdón por todo, que no se atreve a devolver un plato en un restorán y que hace súper difícil que se enfrente a ciertas temáticas y proponga algo diferente. Una parte importante del arte es la controversia, un contrapunto a la verdad establecida.

—¿Qué responsabilidad tienen las escuelas?

—Es de todos, al final es un tema cultural.

—¿Usted no siente el deber de hacer algo al respecto?

—Me encantaría tener un rol más importante en la educación chilena, de hecho, voy siempre a dar charlas, recibo aquí practicantes. Sin embargo, mi mayor aporte sigue siendo mi trabajo.

—¿Hay algún artista chileno que le llame la atención?

—Ninguno. Hay muchos que respeto y han hecho un gran trabajo, pero no sigo a nadie. Le tengo fe a las nuevas generaciones que crecieron con internet. Antes sólo la clase alta tenía acceso a la cultura y el arte, los que tenían las lucas para viajar a Europa e ir a buenas universidades, pero resulta que no tenían garras ni dientes, porque no tenían muchas cosas por las que pelear. Por otro lado, los con menos recursos, que tal vez fueron a la Usach tenían mucha hambre y ganas de decir cosas, pero una baja base cultural y pocas herramientas. Hoy en cambio, hay una clase media C2, C3, que viene con rabia, con ganas, y que tiene acceso a lo mismo, que quizá tendrá que estudiar tres veces más que el pituco, pero sabe que tiene esa oportunidad. Ese grupo promete, y lo mejor, no están afectados por la dictadura.

—¿En qué sentido lo dice?
—Hay artistas que siguen estrujando las artes relacionadas con la dictadura que son políticamente correctas afuera, pero que está agotada. Salvo que tengas un proyecto de mucho peso y en ciertas instancias, no tiene sentido dedicarle la vida a una pelea que ya pasó. Veo a muchos entrampados en eso. Durante años fue increíble y un gran aporte, pero para mi generación empieza a sonar cada vez más falsa esta estirada y vuelta al tema, y pasa a convertirse en una herramienta populista, politiquera.

—Sin embargo piensa hacer una exposición relacionada con la dictadura.

—Será una puesta en escena de peso acá en NY, y con todo el cuidado de alguien que ha evitado participar de este tipo de arte. Me interesa volver a mostrar la figura de Pinochet, pero abajo del podio, como un tipo increíblemente perverso, del cual tenemos que pasar. Si ese gallo ya murió, ¡ya está! Ya está bueno de apuntar con un dedo a un grupo o al otro, seguir generando quiebres. Deberían ayudarnos a lidiar con eso, si ya todos asumimos ese tema.

—Los políticos tampoco contribuyen demasiado.

—Para ellos, al igual que muchos malos artistas, el negocio es seguir hablando de Pinochet, cuando los temas de hoy son la desigualdad, la falta de una educación escolar de calidad, la evasión de impuestos. ¿Pero la figura de Pinocho?, ¡fuck con eso!