Hace 130 años un joven ona (Selk’nam) —armado únicamente con arco y flecha— corría despavorido mientras otros 27 miembros de su tribu eran acribillados por soldados argentinos. El grupo había desembarcado en la playa San Sebastián para explorar la región, pero ahora buscaba al único aborigen que seguía con vida escondido tras una hilera de rocas y que moriría más tarde a punta de cañón.

Una fiera jamás actúa contra sus congéneres con la ferocidad con la que aquellos blancos se comportaron con nuestros indios”, escribió más tarde el sacerdote y antropólogo Martín Gusinde denunciando esa y otras matanzas en el ápice de su vida como explorador y testigo del ocaso de los hombres de la Tierra del Fuego.  

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Hoy su legado vuelve a cobrar vida a través de Los espíritus de la Patagonia Austral, una muestra montada en el Museo Nacional de Bellas Artes que recopila 151 imágenes tomadas por el religioso entre 1918 y 1924 en medio de cuatro expediciones misioneras que sellaron su acercamiento a las tribus Kewésqar, Selk’nam y Yagán.

Los rostros y cuerpos de los habitantes de culturas milenarias que se asentaron en el extremo sur de Chile representan uno de los vestigios más impactantes y sobresalientes de nuestro continente”, explica Roberto Farriol, director del MNBA. “Esta compilación fotográfica da cuenta, a través de la mirada de Gusinde, de una humanidad que brotaba desde lo más primordial del individuo”.

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Con la gestión de Verónica Besnier y la curatoría de Christine Barthe, la exposición, que también integró obras de artistas chilenos contemporáneos como Paz Errázuriz, Leopoldo Pizarro en fotografía y Gabriela Alt en el área documental, se mantendrá abierta al público hasta el 18 de diciembre.

Es muy importante que los chilenos entiendan que nuestro pasado es complejo, interesante y diverso”,  sostiene Luis Weinstein, coproductor de la muestra. “Tenemos una historia de varios miles de años de la cual enorgullecernos y reconocer nuestro pasado como nación múltiple es una parte fundamental para mejorar el futuro. Gusinde no se enfrentó, sino que tuvo la complicidad de la gente a la que fotografió”.

Tanta, que logró perdurar hasta nuestros días los vestigios de una cultura olvidada en medio de la historia.