“Ellos tienen algo único, un estilo, una manera de bailar que los hace inconfundibles”. Al otro lado del teléfono Jeff Lovareti, uno de los relacionadores públicos del Cirque du Soleil, se deshace en elogios para los gemelos que popularizaron el Street Dance en Chile. Es nuestro primer intento por contactarlos y el protocolo de la compañía canadiense no perdona. Menos si se trata de los protagonistas del número más elogiado del espectáculo One que se presenta, a tablero vuelto, desde el 23 de mayo pasado en Las Vegas. Entre las dos funciones diarias y los ensayos, definitivamente no hay tiempo para improvisaciones.

Y es que no se alcanza el éxito en la capital mundial del entretenimiento sin dosis extras de disciplina y esfuerzo. Eso es algo que estos ex alumnos del Liceo Alemán saben desde pequeños, cuando acompañaban a sus padres, ex integrantes del Ballet Nacional de Chile, a sus presentaciones.

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“A los 16 años Raúl nos dijo que quería ser bailarín, lo apoyamos inmediatamente pero le exigimos que primero terminara una carrera universitaria. El mercado chileno nos despertaba todo tipo de aprensiones y además lo que él quería no estaba en Chile. Gabriel se entusiasmó después”, recuerda su madre, Mónica Valenzuela con la misma honestidad con la que reconoce que lloró en cuanto los vio poner un pie en el escenario del Mandalay bar Resort and Casino. “Me caían las lágrimas de pura emoción”.

El show es el segundo que la compañía realiza en torno a Michael Jackson. Ahí, los Peralta representan los guerreros del fallecido rey del pop.

“Nosotros representamos la luz que Jackson transmitía en el escenario y constantemente estamos luchando, defendiendo su legado contra la oscuridad que representa su faceta no artística, la prensa, los paparazzis”, cuentan a dúo desde Los Angeles. Semanas después, reconocerán que con muchos de los 61 bailarines de todo el mundo con que comparten escenario, existe una conexión tan potente que va más allá de las palabras. “Tenemos amigos con los que apenas hemos intercambiado un saludo”.

“En este viaje se transformaron en verdaderos bailarines profesionales, tuvieron un progreso increíble a nivel corporal y la técnica mejoró en un 100 por ciento”, asegura Mónica, desde la recepción de la academia Power Peralta, que montaron en pleno Apoquindo. Ocho meses de preparación en una especie de universidad que el Cirque du Soleil tiene en Montreal sellaron un proceso que iniciaron hace más de una década, cuando Raúl ya tenía su título de publicista y Gabriel el de diseñador industrial bajo el brazo. Programas de televisión como Rojo o Cadena Nacional, les dieron una tribuna que se traducía en eventos por todo el país. La revolución del baile urbano recién comenzaba en nuestro país y ellos eran los líderes indiscutidos.

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Por eso el éxito que hoy cosechan no sorprende a Rafael Araneda. “Supieron explotar muy bien lo que la naturaleza les dio y siempre tuvieron muy claro su camino. A veces Edgardo Hartley (profesor y ex bailarín del Teatro Municipal) le pedía a Raúl algo clásico y él le decía lo nuestro no va por ese lado, lo que nosotros queremos es otra cosa, nuestro camino va por otro lado y al final el tiempo y el trabajo les dieron la razón”, recuerda el ex conductor del programa cazatalentos de TVN.

Desde 2006 viajaban a Estados Unidos y como esponja absorbían rutinas, técnicas, pasos, nuevos estilos. “Todo el dinero lo invertíamos en estudiar, ir a seminarios y buscar a los mejores maestros. Bailábamos en la calle, hacíamos lo que fuera para mejorar y era loquísimo porque en Chile estábamos llenos de eventos, notas de prensa y ganábamos buena plata, pero llegamos a Nueva York y éramos dos personas más buscando un sueño”, reconoce Gabriel. Recién llegados a Santiago, aprovechando unas breves vacaciones de fin de año, los hermanos pasan gran parte del día trabajando en la academia que cuenta con cerca de 500 alumnos, entre 4 y 50 años.

En una de sus salas, Raúl está a un par de metros de su hermano, sin despegar los ojos del espejo parece que está concentrado en su imagen, pero rápidamente se incorpora a la conversación. “La primera vez que bailamos en la calle fue en Times Square. Nos paró la policía y pensamos que nos iban a mandar de vuelta, pero después nos hicimos amigos y aprendimos a conocer las calles. Nos metíamos en shows callejeros… todo nos sumaba”, confiesa. “Nada se nos dio gratis, la peleamos siempre. Piensa que un año antes que nos llamaran para este show compartíamos una cama en Los Angeles porque no teníamos para más”.

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—¿Cuál es la receta de su éxito?

—Gabriel: Nosotros le ponemos pasión a lo que hacemos, sin excusas, esa es nuestra naturaleza. Soñamos sin ponernos límites, no importa lo que te digan, hay que dar la pelea. La historia siempre puede ser diferente así que no hay que perder la fe.

—Raúl: Y aprovechar cada una de las oportunidades que se te van presentando en el camino. Ahora somos los protagonistas, antes eramos sólo espectadores.

Sin embargo, en junio del 2011 los Power Peralta estuvieron a un paso de abandonar la lucha por internacionalizar su carrera. “Habíamos viajado mucho y teníamos un poco de agotamiento acumulado así que volvimos con la idea de establecernos acá y avanzar con el proyecto de la academia. Justo en ese momento nos llamaron de Canadá y en pocas palabras la aventura nos llamó de nuevo”.

Hoy viven en un amplio departamento en el piso 15 de la zona más exclusiva de Las Vegas. Compraron un auto y pueden darse el lujo de invitar a sus padres cuando quieran. “Pero nunca nos olvidamos de todo lo que tuvimos que pasar para llegar hasta acá. En nuestros inicios estuvimos muy solos, por eso nació la idea de crear un estudio y ahora queremos tener más, ojalá una cadena. Hay una necesidad de compartir todo lo que aprendimos en nuestros viajes y ayudar a quienes vienen detrás. Queremos revolucionar al país con nuestro baile”.

Gabriel hace unos pasos y un niño de no más de seis años se le acerca para decirle que sus papás quedaron felices después de ver la presentación de fin de año de la academia. El bailarín se emociona y le hace un cariño en la cabeza. “Esto es impagable. Ver cómo la gente se transforma con el baile y transforma también a su entorno. Aquí vienen ejecutivos muy compuestos que se sacan el traje y lo dejan todo en la clase. De ahí el esfuerzo por traer profesores de todo el mundo y armar una comunidad… ¡Imagínate todo el conocimiento que adquirimos en el entrenamiento de Montreal si trabajamos con los mejores coreógrafos del mundo!”, exclama.