Las trenzas que avanzan por sus hombros  se confunden con el riguroso negro que viste y de alguna manera hacen que su edad se convierta en una interrogante que ella no tiene ni un problema en despejar. Y es que a cuatro años de cumplir los ochenta, esta contemporánea de Diane Arbus  y Dorothea Lange, verdaderos baluartes de la fotografía documental, no se anda con rodeos. Con la consciencia absoluta de quien vive en cuenta regresiva, no oculta su visión crítica del mundo editorial ni teme impulsar a las nuevas generaciones de fotógrafos a alejarse de las cámaras digitales y regresar a las máquinas con rollo. 

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“La verdad es que no tengo intenciones de cambiarme al digital. Siento que no tiene nada que ver con lo que soy y el trabajo que hago. Es más, siempre recomiendo a mis alumnos que no vendan sus cámaras analógicas. ¡Cuando ya no las fabrique nadie valdrán una fortuna!”, exclama. No importa que sus palabras se escuchen en medio del homenaje que una de las marcas líderes en tecnología ha organizado en su honor, la voz de esta mujer que logró doblegar al irascible Marlon Brando en el ocaso de su carrera, se escucha fuerte.  Nacida en Pensylvania, recibió su primera cámara a los 9 años pero no fue hasta que terminó sus estudios de Arte cuando descubrió su verdadera vocación.  Por su lente pasaron la mayoría de los artistas más importantes de los últimos 50 años. Desde Catherine Deneuve, Federico Fellini y Jack Nicholson, hasta Tim Burton, Cate Blanchett, Brad Pitt y Johnny Deep. Sin embargo, bucear en la realidad y buscar la tecla de la emoción son su leit motiv. “Lo que más me gusta son los reportajes sobre el lado humano de la gente. Pero eso no significa que no me implique en el retrato de una celebridad del cine. Ahora, si hay algo que no tolero es esa tendencia actual que pretende convertir a los fotógrafos en estrellas por encima incluso del retratado. Yo no tengo nada que ver con ellos. ¡Creo que el fotografiado es el protagonista, no yo!”, confiesa a CARAS, durante un breve diálogo, antes de retirarse del Somerset House de la capital británica, donde se exhibe una completa retrospectiva de su obra. Para la crítica especializada, su mérito es crear puentes con lugares aparentemente alejados, ya sea por razones sociales, geográficas o emocionales. “La industria ha dejado de hacer reportajes de fotodenuncia porque las grandes marcas no quieren ver sus productos al lado de imágenes reales”, reclama, con un dejo de nostalgia. Con siete libros publicados, la tres veces ganadora del World Press Award trabajó en Life, Bazaar Harpers, GQ, New York Times Magazine, The New Yorker, Rolling Stone y Vanity Fair. En forma paralela, colaboró en el séptimo arte de la mano de realizadores de la talla de Francis Ford Coppola, Luis Buñuel y Milos Forman. Investigación, tiempo y paciencia son las claves de su modus operandi.

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En 1998, visitó por primera vez el Festival de Gemelos que se realiza en la ciudad de Twinsburg, en Ohio. Este viaje motivó Twins, una de sus exposiciones más celebradas. “Siempre sentí fascinación por los gemelos. El encuentro fue una experiencia visual sorprendente, pero al mismo tiempo, algo extraña y frustrante. Después de probar varias técnicas finalmente me decidí por el retrato y creo que fue la mejor decisión”. Para su último trabajo, viajó hasta Islandia para ilustrar la vida de un grupo de discapacitados. “Lo fundamental es acercarse desde la dignidad y el respeto. A mayor confianza  se logra capturar mejor la esencia”.

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