Paola Bontempi (40) no venía a Chile desde el funeral de su hermano Felipe Camiroaga hace seis años y medio. Entonces le tocó ser la voz de la familia y a través de un discurso emocionante, a ratos desgarrador y lleno de recuerdos, dio el adiós al animador en la ceremonia pública. Durante este tiempo su vida siguió un curso virtuoso. A su hija Adriana (7) —Camiroaga viajó especialmente para ver nacer a su primera sobrina— se sumó Aurora (4), sigue casada con el publicista Sergio Iglesias, viviendo en las afueras de Madrid y su carrera ha tomado vuelo más allá de la TV, donde combinó con éxito actuación y animación.

“Por unos años, cuando las niñas eran más pequeñas, dejé de pisar el acelerador, pero ya he retomado mi carrera. Acabo de empezar a trabajar con una agencia de Londres —estudió arte dramático en London Academy Of Performing Arts, además de Guilford School of Acting y en UCLA— y han salido proyectos por allá”, cuenta. Uno de esos roles fue el de Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII, en la serie Six Wives with Lucy Worsley de la BBC, que se emitió en el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. “Todavía recibo mensajes de gente que la vio porque ella fue reina de Inglaterra por 20 años y tiene fans. Se hizo en el campo, en castillos de verdad y con un vestuario divino”.

En los próximos meses estrenará El ataúd de cristal, un thriller dirigido y escrito por Haritz Zubillaga, que cuenta la historia de Amanda, una actriz famosa que queda atrapada en la limusina que la trasladaba a una gala para recoger un premio. Una cinta que tras un periplo por festivales ha ganado varios premios, entre ellos cuatro nominaciones y tres como Mejor actriz en: Atenas, Yuta, EE.UU. y Sudáfrica.

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“Cuando empecé a leer el guión me di cuenta de que Amanda estaba en cada plano de la película y que el contenido era súper fuerte. Dije: ‘¡madre mía, qué responsabilidad!’, pero también qué regalo. La trama se desarrolla en una locación y con una sola actriz. Pasa todo el tiempo torturada, haciendo lo que pide su captor para ser liberada. Fue durísimo sicológicamente, emocionalmente y lo que no esperaba físicamente muy fuerte. Como dice el director hay mucha sangre en la película y es de verdad, la mía”.

—¿Cómo se preparó?

—Estuve un tiempo encerrada en casa leyendo el guión. Suelo hacer un análisis exhaustivo del personaje con todos sus rasgos de personalidad, entro en su siquis para conocer su estado emocional y sicológico. Vi además, un montón de referencias, porque no suelo mirar películas de susto. Soy miedosa y lo paso mal.

—¿Podremos verla en Chile?

—Espero que sí. Ya estuvo en el festival Blood Window, en noviembre pasado. Ahí fueron mis hermanos a verme. Se ha vendido a un montón de países, entre ellos Japón, que es un gran mercado para el terror.

Por estos días, ya de regreso en Madrid, se integrará al rodaje de Máscara de cordura, un cortometraje de terror, en inglés, de Fran Casanova. Luego parte a Alemania a grabar In the trap
otro thriller hablado en inglés. “Es un largometraje que va de demonios, así que lo pasaré mal”, bromea.

—¿Vio Una mujer fantástica?

—No aún, llegó recién a la plataforma que tengo en casa. Pronto la veré. Dicen que es maravillosa, me resulta emocionante desde ya, porque abre una puerta y pone al cine chileno en el mapa. Se está haciendo un muy buen cine en Chile. Se están montando bonitas historias, creo que hay un naturalismo muy especial, con escenas donde la cámara parece que se hubiese colado en la habitación, una espía absoluta porque el naturalismo es súper alto.

—¿Le gustaría hacer una película en Chile?

—Me encantaría, si el proyecto es bonito no importa el lugar. Uno tiene que trabajar donde haya trabajo. Igual sin ser chilena tengo más de la mitad de los míos acá. Mi vínculo con Chile es muy grande. Fantaseo en venir una temporada.

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Ritual de Buenas Noches

Paola es hija de Francisco Bontempi y de María de la Luz Fernández (que en su primer matrimonio con Jorge Camiroaga fue madre de Francisco, Felipe y Soledad). Viajó a Chile para encontrarse con su familia completa. Para esta entrevista nos reunimos al lado de la plaza Perú —donde juegan sus hijas— en el barrio El Golf, porque se queda muy cerca de allí, en el departamento que fue de Felipe. “Había venido mucho de visita, pero no me había alojado acá. La casa que conocía muy bien es la de Colina”. Y agrega: “Hace años que veníamos con la idea de juntarnos aquí todos los hermanos más mi papá, que vive en Tenerife y mi hermana Andrea, que vive en Madrid. Generalmente nos vemos en España, pero este era un proyecto de hace tiempo y finalmente se pudo dar”.

Pero antes de la reunión ella, su marido y sus hijas partieron unos días a recorrer el lago Llanquihue. Luego se fueron con todo el grupo a Concón. Cuenta que la relación siempre ha sido cercana y que se comunican casi a diario. “Nos vemos un montón. Mi hermano Daniel que vive acá y es piloto va siempre a Europa, lo mismo Soledad, que viaja mucho”.

Confiesa que entre las cosas que más la han marcado en la vida está la muerte de su madre el 2006 y de su hermano Felipe el 2011.
“Lo de mi mamá nos pilló de sorpresa porque era muy sana. Desde que le diagnosticaron el cáncer no pasaron ni dos meses y murió. Es parecido a lo que pasó con Felipe, que de un día para otro tuve que asimilar que ya no está”.

—¿Cómo ha sido este tiempo sin él?

—Lo he ido interiorizando más, porque al principio hay una etapa de incredulidad, luego lo vas asumiendo y pasas a esa fase que es más bonita de recordarlo con alegría. Hoy me siento muy agradecida de haberle tenido. Uno llega a ese punto; en vez de sentirse tan triste por la pérdida, sentirse feliz de haber estado con él. Todavía hay momentos en que lo sigo echando mucho de menos, pero tengo el corazón tranquilo y contento de que él está en mí. Hace poco vi la película Coco, es bonito el mensaje de que los muertos siguen vivos si alguien los recuerda, con eso me quedo: Felipe está en mi corazón, está en mis recuerdos y tengo el corazón lleno y pleno de ser su hermana, porque sigo siendo su hermana aunque ya no esté. Haber vivido tantas cosas con él, haberme reído tanto y recibido todos esos abrazos… es muy lindo. A mí me gustaría que la gente que lo recuerda aquí en Chile lo hiciera de la misma forma, aunque no lo haya conocido. Todavía recibo muchos mensajes de gente que sin conocerlo en persona lo quería muchísimo.

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La impresiona la presencia del animador entre los chilenos.

“Hay fotos de él en lugares inesperados. Ayer mismo vi en una florería un poster grandote y en otras partes había calendarios. Por Instagram me escriben mucho, una señora tenía una toalla, me imagino lo que hubiese bromeado Felipe con eso. Creo que él no se alcanzó a darse cuenta de lo querido que era”.

—¿Conserva alguna cosa de él?

—Tengo algunas, varias fotos y como familia tenemos un ritual: cada día le damos las buenas noches con mis hijas. Está muy presente porque no lo conocieron. Adriana tenía siete meses cuando él murió. En mi casa hay unas fotos muy lindas de Felipe con ella recién nacida, con una carita… él disfrutó muchísimo ese momento. Mis hijas tienen clarísimo quien es su tío Feli aunque no compartieron con él.

—Contó que su hija mayor tenía los ojos parecidos a los de Felipe y a su madre. ¿Los conserva?

—Sí, tiene unos ojos almendrados como los de Feli y cuando nació parecía chinita. Ahora tiene el mismo color, almendrados y con mucha chispa como los de su tío.
Y aunque en febrero se reabrió la querella contra la Fach por el accidente del Casa 212 donde murieron 20 personas más junto a Camiroaga, ella prefiere no opinar y mantenerse al margen de ese tema.

—¿Esta reunión en Chile tuvo que ver con Felipe?

—No, es solo para estar con la familia. Obviamente ha sido raro venir y que no esté. Es la primera visita que hago a Chile después del funeral y de alguna manera ya rompí el hielo.

—¿Ha visitado algún lugar cercano a él?

—He estado en su casa en Colina. Es curioso lo que ocurrió… pero la casa que yo conocía y que vinculaba con Felipe ya no está porque se quemó (2011). Al mirar el terreno lo veo por todos lados, pero fíjate que fue una desgracia que se quemara, pero para mí, egoístamente hablando, no ver esa casa es positivo porque ese sitio era él por todos los poros y ya no está. Se fue la casa y se fue él.