Si hubiese que hacer un listado con los mejores directores de teleseries, Oscar Rodríguez (69) formaría parte de ese ranking junto a Vicente Sabatini y María Eugenia Rencoret. Tras su debut en La madrastra (1981) se convirtió en uno de los hombres más poderosos de Canal 13, tuvo un mediático matrimonio con la reina de las telenovelas Carolina Arregui, con quien tuvo tres hijos —Oscar (29), Miguel Angel (27) y Mayte (25)—, y también una escandalosa separación. Tras ese torbellino, vino otro, igual de duro, cuando en 2001 fue despedido del canal donde había hecho toda su carrera, porque la televisora cerró su área dramática. Fue una caída feroz. Se hizo cargo por un tiempo de Teatro en CHV y dice que agradece esa mano que le tendieron. Pero ya no era lo mismo. Uno de los reyes de la ficción local, que también había estado a cargo de Matrimonio de papel, Semidios, Villa Nápoli, Playa salvaje y Fuera de control, comenzaba su retirada de la pantalla, luego de un breve paso por TVN, donde dirigió la primera ficción nocturna, Idolos.

Hace seis años que Rodríguez no trabaja en televisión. Tras la versión chilena de Ana y los siete (CHV) no volvieron a llamarlo. El tampoco lo hizo y durante este tiempo se ha dedicado a proyectos fuera de la pantalla: hizo clases en Uniacc, el año pasado debutó en teatro, dirigiendo a Julio Jung y a su hijo en la obra Yepeto, y actualmente trabaja realizando videos institucionales para empresas. Le preocupa darle una seguridad económica y estudios a su cuarto hijo, de 14 años, que tiene con su actual pareja, una ingeniera comercial. Aunque cuenta que se preocupó de tener ahorros y posee dos propiedades: una casa de veraneo en Maitencillo y otra en El Arrayán, que hace un año fue escenario de un violento asalto, cuando cuatro jóvenes entraron a la pieza donde dormía junto a su mujer. Le robaron dinero y un arma registrada a su nombre. “Fue terrible”, recuerda. “Les pedí que se llevaran lo que fuera, pero que no nos pegaran. Y me pegaron muy fuerte en la cabeza. Por suerte mi hijo no estaba esa noche”. 

—Con su larga trayectoria, es curioso que no siga trabajando en televisión.

—No sé si yo no seguí en la televisión o la TV no siguió conmigo. No tengo nada en contra de ella y me gusta el género dramático. Pero no volvieron a llamarme ni yo he llamado. No seré necesario, supongo. De repente uno busca una explicación, que es difícil de encontrar. Tenía y tengo ganas, hubiese querido seguir en la TV. Pero me parece de mal gusto pedir explicaciones respecto a por qué uno no continúa.

—¿Le dio rabia que lo “jubilaran” antes de tiempo? Cuando salió de la TV tenía 63 años.

—No sentí rabia, pero sí me sentí poco valorado. La TV ha sido muy ingrata conmigo. Creo que ahora podría seguir haciendo cosas buenas, y eso no produce resentimiento, pero sí decepción.

—Las telenovelas de hoy son distintas a las que hacía usted: escenas cortas, menos personajes, menos melodrama.

—Bueno, uno puede cambiar también con los nuevos códigos. A mí me gusta trabajar más con las emociones que con las acciones. Ese es el tipo de teleserie que volvería a hacer, aunque suene demodé. Por algo a las turcas les va tan bien: escenas más largas, que se toman el tiempo para contar la historia. Si volviera, haría una telenovela así.

—Lo llamaron para dirigir Soltera otra vez en 2012 y que conversó con el entonces director de programación de Canal 13, Patricio Hernández. Pero el canal optó por darle ese proyecto a Herval Abreu a último minuto.

—Sí, y fue decepcionante. Por lo que conversamos con Patricio Hernández, alcancé a hacerme ilusiones de que iba a volver a Canal 13, por lo tanto el período posterior no fue fácil para mí, llegar a reconocer que no se iba a concretar. Tuvimos varias reuniones. Pero soy muy amigo de Herval y en ese sentido no me cayó tan mal lo que pasó (el canal optó por Abreu porque tenía contrato vigente y estaba sin proyectos). Claro que me dolió, y mucho. A la teleserie le fue muy bien, pero quiero mucho a Herval y me alegro por él.

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—La TV siempre ha sido competitiva, pero hoy la pelea es más cruda entre los canales. ¿Cómo la ve desde afuera?

—Una cosa que me molestó es que una persona de la televisión me dijo la otra vez: “Mira, tú fuera de la TV y este otro, por Vicente Sabatini, que ha hecho cagada tras cagada, sigue ahí”. Y yo le dije que se olvidaban que Sabatini hizo grandes teleseries. Ahí tienes una idea de lo ingrata que es la TV. El ha hecho grandes trabajos y ahora, porque se pega un par de costalazos, lo masacran. Algunos se congratulan con el fracaso de otros.

—¿Qué mea culpa hace usted por no haber seguido en TV?

—Indudablemente hay cosas que no he hecho bien, y no es por vanidad ni porque crea que soy algo mejor de lo que soy, pero no tengo muchas explicaciones de por qué no me volvieron a llamar. Quizá por viejo o por caro. Hay mucha gente joven ahora y, lamentablemente, les pagan mucho menos.

Oscar Rodríguez conoció a Carolina Arregui en 1984, en las grabaciones de Los títeres. Pese a los 21 años de diferencia que tenían, el amor fue fulminante y se casaron seis meses después. Luego hicieron Angel malo y se convirtieron en una pareja modelo. Pero duraron ocho años y el matrimonio se rompió a ojos de todos: ella tuvo un affaire con Fernando Kliche durante las grabaciones de Marrón glacé, él se lo contó a Rodríguez y estalló el escándalo. Diez años después, vino una segunda guerra de declaraciones cruzadas, porque ella lo acusaba de no darle la nulidad. Dijo que él le había sido infiel antes y que algunas veces la empujó. El envió una declaración pública desmintiéndola, asegurando que “el consumo de algunas sustancias conduce a la muerte de muchas neuronas”.

—¿Se arrepiente de haber dicho todo eso de su ex mujer?

—Sí. Pero fue una respuesta a cosas que eran muy imprecisas, por no decir irreales, no apegadas a la verdad, y me sentí obligado, por mis hijos, a dar mi versión de los hechos, y que eran muy distintos a los que ella dio a conocer en una entrevista. Ninguna declaración pública es buena. No sé si haber pasado por encima fue bueno, pude haberlo hecho mejor, sin duda, porque hay hijos entremedio, y tal vez debí reaccionar de otra forma. 

—Han pasado los años y sé que hace algunos meses se reconciliaron.

—Y hay total cordialidad. Creo que Carolina superó dificultades enormes, una gracia que no todos pueden hacer. Ella salió de un pozo, salió gateando, pero salió. La vida para ella no fue nada de fácil, y por muchos años, además de ser muy comentada en los medios. No fue un período fácil para nadie de los que estábamos cerca de ella y nuestros hijos lo resintieron. Pero el mérito es que salió, no importa cómo, pero luchó por sus hijos y reanudó una nueva vida profesional y personal que a mí me encanta. Con ella ahora tengo una muy buena relación, y me alegro mucho de sus éxitos profesionales y también personales. Ahora está con una excelente persona (el cirujano Roy Sothers), yo lo conozco y me alegra mucho que estén juntos. 

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—¿Se pidieron perdón mutuamente?

—No, no perdón, porque a estas alturas no correspondía. Pero sí conversamos y analizamos el pasado desde otro ángulo. Eso sí lo hicimos, implícita y explícitamente.

—En las grabaciones de Marrón glacé, Canal 13 pensó en echar a Arregui antes de tiempo, por sus atrasos, y el guionista Fernando Aragón escribió la escena en que su personaje moría. 

—Sí, en el libreto el auto de ella se desbarrancaba y moría. Pero era una solución fácil y me acuerdo que cambiamos eso, porque era demasiado obvio, una salida demasiado infantil y cómoda.

—Usted, pese a estar separándose, fue uno de los que se negó a matar a su personaje.

—Sí, porque no tenía sentido. Había que terminar la teleserie tal como estaba acordada.

—¿Qué le pareció que TVN uniera a Carolina y Mayte en Caleta del sol?

—Estupendo. Para Mayte es una gran escuela trabajar con su madre, pero creo que lo que ella ha hecho ha sido por sus méritos. Yo me siento muy orgulloso de ella. Sin duda que le falta, pero su camino es corto para hablar de carrera, cuando está en los inicios. Ojalá que no la encasillen, eso sí. Ella puede demostrar su talento de otra forma, sin recurrir a mostrar más piel, por ejemplo. Es su vocación, lo que quería hacer, y no me cabe duda de que va a saber elegir bien.