Si hay que buscar el nombre de la persona encargada de posicionar al flamenco —arte gitano de tablaos— como un baile conocido a nivel mundial, las dudas no caben: María Pagés. Esta sevillana de 52 años es piedra angular para entender el avance del género en el siglo XXI.

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“María Pagés se deja llevar por una fuerza irresistible que la empuja siempre hacia delante, hasta llegar a tocar nuestras almas. Sabe hacer hablar a las castañuelas. Los hombres de su compañía son alegres y Pagés es gloriosa”, escribió The Financial Times sobre su impronta en escena.

“Con María Pagés, el suelo adquiere un misterioso poder de levitación, como si a la tierra le fuera posible desprenderse de la tierra y diluirse en los aires siguiendo los caminos que sus brazos señalan. Ni el aire ni la tierra son iguales después de que María Pagés ha bailado”, describió el ya desaparecido escritor portugués —Nobel de Literatura— José Saramago, para referirse a esta bailaora y coreógrafa que viene a Chile a presentar Autorretrato (estrenado en 2008), que se presenta el 28 de marzo en el Teatro del Lago, y que es su obra más íntima. Una especie de reflexión en movimiento sobre su identidad. Esa que viste con zapato de taco, bata de cola y mantón de manila y que ya ha sido ovacionado en medio mundo.

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Justo antes de su llegada a Chile, hablamos con Pagés, un fenómeno que reconoce que en este país está parte de su imaginario y que ahora visitará por primera vez.

—¿Cuándo te diste cuenta que querías ser una bailaora?

—Desde siempre he bailado. No recuerdo un momento en mi vida en el que el baile no estuviera en mí. Me llama la atención, con el paso del tiempo, que tenía asumida mi profesionalidad desde muy pequeña. Recuerdo que cuando me preguntaban ‘¿Qué vas a ser de mayor, María?’, respondía: Ya lo soy, soy bailaora. Hay dedicaciones en la vida que van contigo, que tomas la decisión desde muy joven, que te acompañan y te acompañarán siempre. Mi profesión es una de ellas, creces como mujer a la vez que como artista.

—En tus 20 años de carrera el flamenco se ha convertido en un género mucho más popular, ¿qué piensas que pasó en la escena para que dejase de ser marginal?

—La profesionalidad, cuando se instala en un arte como el flamenco, que es un arte popular, contribuye a que empiece a salir de su marginalidad, y el flamenco no ha parado de crecer, de evolucionar como arte. En el momento que fue considerado como una profesión y reconocido como tal, surgieron artistas cada vez más dedicados a ello, más preparados, más relacionados con otras artes y otros artistas. Todo esto ha ayudado para que el flamenco ahora esté en los grandes teatros, en los grandes espacios de representación y además que artistas flamencos, de un arte entendido como tradicional, se abran a descubrir otras posibilidades. Incluso hace que gente de otras disciplinas acuda al flamenco como fuente de inspiración.

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—Para los que no conocen el flamenco, ¿qué les recomendarías escuchar y ver para partir?

—Escuchar la guitarra de Paco de Lucía, de artistas como Camarón, como Enrique Morente, y otras grabaciones más antiguas que por suerte tenemos, como de Tomás Vallejo, como de la Niña de los Peines, y comparar si el interés va más allá. Ver Bodas de sangre, de Antonio Gades y Carlos Saura, que es un documento precioso, ver los nuevos artistas que surgen y, si el interés va más allá, compararlo con grabaciones antiguas; descubrirán muchas cosas. Les recomendaría ver trabajos con artistas contemporáneos y flamencos. Dunas, fue un trabajo que hice con Sidi Larbi Cherkaoui, muy interesante en este sentido.

—¿Cómo manejas el mix entre el flamenco y la danza contemporánea?

—Es un diálogo. Yo creo más en el diálogo que en las mezclas, el diálogo es fundamental para el descubrimiento, para el conocimiento de otras artes, de otras posibilidades de inspiración, para crecer, para avanzar. Y tiene que surgir de una manera natural, de una necesidad, de un deseo, sólo así son posibles, sólo así dan un resultado sincero y rico.

—Has dicho que Chile forma parte de tu imaginario cultural. ¿Cuáles han sido los artistas que más te han influido desde acá?

—Pablo Neruda y Gabriela Mistral están en mi vida como inspiración, como parte de mi trabajo. Cuando conoces a artistas como ellos, cuando su palabra empieza a inspirarte, a sugerirte imágenes, siempre me viene a la cabeza una pregunta a la que trato de poner imágenes en su respuesta: ¿Dónde nacieron, dónde crecieron, qué espacio les arropó para que pudieran salir de su mente y su corazón semejantes palabras, ordenadas de esa manera mágica, que a sólo ellos les surgieron? Irremediablemente Chile aparece como un paraíso de arte en mi cabeza, ¡cuántos grandes artistas parió su tierra!

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—José Saramago habló de tu trabajo y dijo que tus “pies van dibujando preguntas y respuestas”.

—La relación con Saramago fue muy bonita y un privilegio. Poderlo haber escuchado y haber compartido momentos especiales con él fue muy enriquecedor. Se me ocurrió bailar un poema de él: “Ergo uma Rosa”, que está incluido en mi obra Autorretrato, con su voz; quería que fuera el propio poeta el que me lo contara, con su sonido, su acentuación, con su sencillez y con la naturalidad que sólo el que lo ha escrito puede transmitir. Y así fue. Lo interpreté por primera vez en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca y recuerdo con cariño las veces que lo hicimos juntos en directo, los ensayos, con Pilar del Río, su mujer, como testigo: “Un poco más despacio José”, le pedía, y él asentía con la cabeza y aplicado repetíamos la secuencia: “Alzo una rosa y todo se ilumina…”.

—¿Qué expectativas tienes en tu primera visita a Chile y al Teatro del Lago?

—Ir a Chile es todo un acontecimiento en mi vida, es poner la imagen real a todo eso que sus grandes artistas me transmitieron. No sabes cuántas ganas tengo de bailar a la vera del Lago, ¡sólo pensarlo, es tan sugerente…! También hay algo que me gusta, y es formar parte, poder contribuir con nuestra presencia, de la rica programación y proyecto educativo tan importantes que están llevando a cabo en el Teatro del Lago. Me parece admirable y de gran valor. Nuestra primera visita es el preámbulo de una bonita relación con su público. Estamos ahí para transmitir y compartir emociones, y volveremos, estoy segura.