Araceli González se emociona. Está en la mitad de un ensayo y se emociona. Metida en la piel de Francesca Johnson 
—la heroína de “Los Puentes de Madison”— avanza en el texto y piensa: “Acá es mi abuela María, acá es mi mamá, acá es mi hija, esta soy yo”. El personaje la lleva a evocar a sus propias mujeres —a ella misma inclusive—, entonces es imposible que algo no se le apriete dentro del pecho. Tal vez por lo mismo Araceli González afirma que es un papel que nunca olvidará, porque, entre otras cosas, en cada una de las más de 200 funciones que hizo en el último año, el personaje siempre le ofrecía una luz distinta.

Araceli no es la única que se conmueve. El público, sin importar que haya sido en las funciones que montaron en Buenos Aires o Mar del Plata, también se emocionó. “El aplauso de entrada te lo pueden regalar, pero el del final tienes que ganártelo. Y la gente, en todas las funciones, terminó aplaudiendo de pie, entre lágrimas”, dice Facundo Arana, quien comparte el protagonismo con Araceli, interpretando a Robert Kincaid, el fotógrafo de la revista National Geographic (NG) que llega hasta Madison County para retratar esos seis puentes que unen este pequeño pueblo de Iowa con el resto de Estados Unidos.

La novela de Robert James Waller, publicada en 1992 y luego llevada al cine por Clint Eastwood —interpretada por el propio Eastwood y Meryl Streep—, ahora cuenta con esta versión teatral escrita y dirigida por Luis “Indio” Romero, la que tendrá dos funciones en nuestro país: 4 y 5 de abril, en el Teatro Nescafé de las Artes.

“Uno de los aciertos de la obra es que el director se planteó hacer la versión teatral de la novela, dejando totalmente de lado la película. El resultado es algo tremendamente emotivo, que profundiza en la intimidad de los personajes”, explica Arana.

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En este sentido, el “Indio” Romero ayudó a Arana para entrar en la cabeza de Kincaid. Le hizo aprender el manejo de la Nikon F4 —la cámara que usa Kincaid para retratar los puentes—, le hizo ver el documental de un maestro de la fotografía, Sebastiao Salgado, “La sal de la tierra”, le hizo comprender el mundo en el que se mueve un fotógrafo de NG.

—Son personajes solitarios que se adentran en lugares muy distintos a los que los demás estamos habituados, realidades que no son fáciles de entender para el alma. Y en ese momento, haciendo fotos de los puentes, se encuentra con esta mujer a la que no quiere enamorar. Hay un sencillo desinterés de parte de él. El “Indio” fue muy claro en mostrarme esto: “No tengo interés en enamorarme de usted ni que usted se enamore de mí…”, pero la realidad les pasa por arriba, no lo pueden evitar —cuenta Arana.

Sin duda que el gran conflicto lo tiene el personaje que interpreta Araceli González. Es precisamente en Francesca —una madre y esposa italiana, en el EE.UU. de la década del 60— en donde la obra desborda los rótulos de una gran historia de amor.

—Sí, porque hace foco en todo lo que le pasa a una mujer cuando se enfrenta a una situación así. El despertar, el sufrimiento, todo lo que piensa, la mirada hacia sus hijos, hacia su marido, a quien quiere y respeta. Ella tiene sentimientos encontrados muy fuertes. Pero por otro lado está la enseñanza para sus hijos, la convicción de que ellos no deben privarse de vivir algo así, porque hay historias en las que nos involucramos que de tan maravillosas resultan irresistibles —explica Araceli.

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—¿Crees que ese dilema que se le plantea a Francesca sigue vigente?

—Siento que sí. Así como hay muchas mujeres que pueden tomar el timón de sus vidas y respetar lo que sienten, hay otras que a veces no toman las decisiones porque creen que cometen un error o enfrentan un sentimiento de culpa. Yo vengo de una familia con mujeres muy fuertes, que han salido adelante solas, mujeres revolucionarias que dibujaron un matriarcado familiar. Ellas me inculcaron una fuerza para enfrentar el día a día, que yo he transmitido a mi hija. Pero entiendo que no todas las mujeres somos iguales. Lo fundamental es que la mujer sigue teniendo un lugar importante en la familia y es preciso respetar ese eslabón y construir la vida desde ahí, desde el amor.

Aunque Araceli González trabajó en Chile hace algunos años como rostro de campañas publicitarias, para ella y para Facundo Arana será la primera vez sobre las tablas chilenas. Hay una cuota de nerviosismo, pero ambos confían en el trabajo que ha hecho todo el equipo y en la fuerza del texto.

—Sabés qué, luego de más de 200 funciones creo entender por qué gusta tanto. Quien ve la obra entiende que si no le pasó algo así alguna vez, podría pasarle. Y vos lo sabés —dice Arana.

Será interesante ponerle otras caras a esta historia. A juzgar por todos los comentarios venidos de allende los Andes, Arana y González están más que a la altura.