Pasó una década y Mariana Loyola (37) notó el paso del tiempo al segundo de poner un pie en TVN. Ya no estaban los estrechos pasillos y esos artesanales estudios que conoció en 2001, cuando dio vida a Topacio Peralta en Amores de mercado —y que dejó en 2003 para irse a Canal 13 y participar en Machos—; hoy esas instalaciones fueron reemplazadas por sets modernos y un Area Dramática que funciona como reloj. “¡Me impresiona como creció el canal!”, es lo primero que dice con una taza de té en la mano. Está ‘escondida’ en ropa deportiva (incluido capuchón), mientras hacen efecto los aceites que todavía están en su piel tras una sesión beauty de ayurveda en el Barrio El Golf.

En su eterno “entra y sale” de la televisión, la actriz esta temporada se instala con todo en pantalla. Junto con su papel de la pispireta peluquera Rita Casas en la vespertina Dos por uno, prepara la adaptación de la premiada comedia Modern Family en Mega (toma el rol de mujer de Alvaro Escobar, con Patricio Contreras como papá) y debutará en HBO con la segunda temporada de Prófugos en el papel de una prostituta.

Tras años de jugar con su pase en la mano, la actriz vuelve a ser “funcionaria” con el retorno a la señal pública. Tal como en su primera telenovela en ese canal, retoma la veta de humor. Cruces de experiencias que también alcanza lo personal.“Me embaracé de Olivia cuando hacía Amores de mercado. Y cuando la llevo al trabajo todos le dicen: yo te conocí adentro de la guata. Entonces ha sido muy rico el regreso, ya que el equipo es el mismo de esa teleserie”.

mariana-loyola-vertical-1—Más allá de este cambio externo que percibes, ¿hay otros aires en el canal?
—No he tenido ningún acercamiento con los altos mandos de TVN, pero sí es otra vibra. A lo mejor puede sonar como cliché, pero al ser como un picaflor que va de aquí para allá, siento mucho más el cambio en el Area Dramática. Está mucho más empoderada, exitosa, productiva. Es un engranaje que funciona prácticamente solo y que alimenta mucho a TVN. Es como la base que nutre a casi todos los programas.

Hace seis años Mariana le hizo la cruz a las telenovelas. Se movía entre las series, el cine, teatro y la publicidad —La Polar—. De allí que su fichaje en el género no pasara inadvertido.

—Dijo, en ese entonces, que las teleseries eran un “chupón de energía”, ¿en qué momento decide volver?
—Esta vuelta a TVN tiene que ver con una iniciativa que me tienta. Es cierto que en un minuto dije que no quería hacer más esto. El retomar el género vino con Peleles (2011), que me encantó por ser realista y contar con un guionista maravilloso como Rodrigo Cuevas. Dos por uno pasa por una movida estratégica de volver a reencontrarme con el público de TVN de las ocho de la tarde y, por supuesto, porque me gustó mucho el personaje.

—Habla estratégicamente, ¿cómo se planifica?
—Ante un abanico de proyectos —lo que es un privilegio— elijo no sólo el que más me gusta, sino el que yo creo que es mejor en ese minuto. Aquello tiene que ver con muchas cosas, por ejemplo con que mi hija (Olivia, 9) está más grande. Tampoco soy una galla maquinadora, soy super instintiva.

Olivia nació de su relación con Álvaro Henríquez (Los Tres). Desde 2011, la pequeña es parte de la nueva familia que la actriz formó con el fotógrafo Rodrigo Pardow, con quien se casó ese año. El también tiene una niña y hoy todos viven en La Reina, en ánimo campestre. Entre árboles frutales que simulan una quinta en la ciudad. Casi recreando la Talca donde creció Loyola antes de mudarse a Santiago para estudiar teatro.

—¿Piensa en su hija antes de seleccionar las producciones de TV y evitar así desnudos?
—Es que a mí no me han visto nunca así en la televisión. Y no me van a ver pilucha en la tele… Espero. Tampoco quiero escupir al cielo, pero tengo súper clara esa línea. Yo voy a hacer desnudos para cine, donde la gente paga una entrada.

mariana-loyola-vertical-2—Después sale el dvd…
—Pero se compra. Hay un cuidado distinto. Yo siento que en la TV abierta cualquier persona prende la tele y alguien está desnudo. Es un tema que a mí no me parece, yo soy mucho más respetuosa con aquello.

—¿No habría hecho La Quintrala (de CHV)?
—No, jamás.

—¿Ni con doble de cuerpo?
—No, porque la gente cree que es uno. A lo mejor la escena no la haces tú, pero finalmente tu cuerpo es tu instrumento, entonces ¿cómo actúas con un doble?

—¿La decisión pasa también por un tema de familia?
—No, es por moral. Moral artística. Por supuesto que el pudor familiar también está ahí. Evidentemente los hijos van creciendo y —siempre me río—, pero pienso igual en los apoderados del curso (lanza una carcajada). Eso es lo que más me limita, digo: ¡Ay, los papás…!

Afortunadamente para ella sus desnudos han sido limitados: Cachimba, La nana. Y, así y todo, admite que el tema le da un “poco de nervios”. Insiste en que hay que tener ojo. No sólo la dinámica de trabajo ha cambiado en TV, desde su debut ante la cámara hasta ahora los contenidos han cambiado radicalmente.

—Antes las teleseries, directa o indirectamente, abordaban asuntos sociales. ¿Qué opina que hoy marque rating una historia de vedettos?
—Creo que los vedettos o Diego Muñoz (Dos por uno) haciendo de mujer hombre es la excusa para enganchar al público fácilmente. Pero por detrás sí hay un tema social. Si no sería demasiado vacío. Y para eso hacemos otra cosa. Si no está la inquietud entre los directores o libretistas, sí existe entre los actores, por deformación profesional de querer contar alguna inquietud social.

—¿Qué opina del fenómeno Josefina Montané?
—¿Qué opino…?

—Es un fenómeno.
—Tenía que ser un fenómeno en algún momento, porque es demasiado linda, ¿la conoces? Es preciosa, impresionante. Es una cabra super buena onda. Debía suceder por osmosis, porque ese tipo de belleza no estamos acostumbrados a verla en Chile. Además, podría haber sido guapa pero insoportable, pero es lo contrario: amorosa, muy sencilla; es mamá, está en otra también.

—En los ’90 hubo toda una discusión acerca de las modelos que entraban a las telenovelas, ¿hoy es tema?
—Creo que ya no. En las teleseries ya no. Ahora… si te metes en las ligas mayores puede que sí.

—¿Le gusta como actúa?
—En Las Vega’s está mejor que en la anterior. La idea es que vaya aprendiendo y ella quiere hacerlo. Me parece una linda persona y pienso que lo va a lograr. Va para allá.

“Yo no puedo equipararme a una Josefina Montané”, enfatiza sobre la presión estética en TV. “Si yo tuviera su edad —continúa— no tendríamos ni el mismo casting. Mi potencia está en la actuación y creo que eso lo sabe todo el mundo. O sea, es verdad, soy mucho más buena actriz que guapa. Lo sé y eso no tiene que ver con que no tenga que seguir aprendiendo”.

—Se tira al suelo.
—Para nada, me encuentro súper guapa en mi estilo, pero soy mejor actriz. Mi desarrollo espiritual y profesional pasa por ahí, no por otro lado. Ahora, el tema de la presión por la belleza es ciento por ciento verdad. Te presionan: tienes que estar flaca, bonita, hay que usar cremas, cuidarse el pelo. Uno trabaja en un medio muy potente, es muy fuerte.

—Pospuso la maternidad el año pasado por trabajo y ahora vuelve a tener una lista de proyectos. ¿Qué va a hacer ahora?
—Voy a tener que embarazarme nomás (se ríe). Así, al tun tun. Ahora el reloj biológico está pesando, me quedan idealmente tres o cuatro años, ¡qué heavy! Terminando Modern Family veremos qué viene. De aquí a dos años tendré que parar, porque tengo muchas ganas. Quiero tener un hijo con el hombre que amo, con el amor de mi vida.