Son las seis de la tarde, y en la plaza principal de Katmandú no hay espacio para nadie más. Turistas y nepaleses avanzan como pueden entre la gran corriente de gente, y no es que se trate de ninguna ocasión especial, Durbar Square es la zona de templos y monumentos más concurridos de la ciudad, y donde se ubica uno de los más controversiales también, la casa donde habita la actual diosa real de Nepal, la Kumari Che.

Luego de tres días de intensa búsqueda, y seguimiento de pistas que parecían llevarme hacia ningún lugar, me encuentro en las afueras de un desconocido templo con una de las más importantes ex Kumaris. Rashmila Shakya (33), fue la primera y única en obtener un título profesional, publicar su biografía y ser protagonista de Kumari: The Living Goddess (Kumari: La diosa viviente), ganador del premio a mejor documental en el HBO Children´s Festival 2008 de Nueva York.

De intensos y rasgados ojos negros, Rashmila sonríe tierna y tímidamente. Estoy segura de que a simple vista nadie se imaginaría que durante varios años ella fue la niña diosa del palacio, a la que acudieron miles de nepaleses en búsqueda de milagros, piedad o bendición.

Wp-nepal-450

Turistas de todo el mundo esperaron pacientemente a que ella bajara de su trono, y saliera al balcón del templo aunque fuera por unos minutos. La ‘Dyah Meiju’, como le llaman en su lengua newari, la reencarnación de la diosa hindú Taleju (o también conocida como ‘Durga’), la ‘Kumari’, título en nepalí con el que se le reconoce popularmente y cuya traducción al castellano significa virgen.

Caminamos entre callejones y laberintos difíciles de recordar hasta su actual hogar, la casa donde habita desde hace ya varios años en compañía de su familia, desde que fue reemplazada por otra menor y debió abandonar el palacio.

Para ella, lo mejor de haber sido la Kumari Real de Nepal: fue percibir que tenía dos vidas en un cuerpo, la sensación de sentirse mitad mortal, mitad divina. Lo peor: la inexistencia de educación formal en el templo donde permaneció ocho años. Situación que la perjudicó cuando tuvo que retomar sus estudios, pero que sin embargo, gracias al apoyo de su familia y su propio trabajo pudo superar, logrando destacar como una excelente alumna.

La tradición de las niñas diosas se ejerce hace siglos en esta república asiática. Tiene su origen en un mito. Este cuenta que una noche mientras el rey solicitaba consejo a la diosa Taleju para dirigir su reinado, apareció repentinamente la reina, quien enferma de celos, al verlo con una mujer tan joven y hermosa, le reclamó infidelidad.

La diosa, indignada por no haber sido reconocida como divinidad, se sintió insultada y le advirtió al rey que para volver a verla debería escoger a una niña virgen de la casta Shakya, bella y pura, con una serie de signos de perfección. Esta sería la única forma en que se le aparecería y debía ser respetada por él y su pueblo.

Entre las 32 perfecciones exigidas destacan: tener el cuello como una concha de caracol, las pestañas de una vaca, voz suave como el cristal, pelo y ojos negros, piel suave sin cicatrices. Sin embargo, nada de esto importa si el horóscopo de la niña no es compatible con el del rey.

Es así como generalmente cada ocho años, y luego de esta rigurosa selección, una niña virgen es seleccionada por un sacerdote y su familia, para ser llevada al templo Kumari Che de Katmandú, un edificio construido en el año 1757 durante el imperio del rey Jayaprakest Malla.

Por años se ha mencionado en diversos medios que para probar el coraje de la niña, ésta debía pasar una noche con 108 cabezas de búfalo como prueba final, llevar una dieta alimenticia estricta y no poseer comunicación con absolutamente nadie. Sin embargo, se trata de hechos que los diversos medios han hecho circular, y que la ex Kumari aclara como falsos.

Una vez en el trono, la elegida es separada de su familia y debe pasar al cuidado exclusivo de los tutores del templo. Desde ese momento, la niña deberá ser tratada como la reencarnación de la diosa (incluso por sus padres), y ser venerada por los miles de fieles que recibe anualmente, y que en signo de respeto tocan sus pies para saludarla, antes de realizar cualquier petición.

La Kumari más conocida e importante es la del Valle de Katmandú, quien no puede ser fotografiada ni visitada por turistas, vive en un palacio al centro de la ciudad y está obligada a cumplir una serie de reglas. Entre ellas, tiene permitido salir sólo 13 veces al año fuera del templo, vestir completamente de rojo, recibir lecciones privadas, no sonreír o comunicarse con fieles o extraños y comportarse de forma ecuánime ante cualquier situación.

Wp-diosas-de-nepal-450

Además, durante el mes de septiembre se realiza el festival de la cosecha llamado Indra Jatra, ocasión en la que es visitada por el rey y presidente, quienes acuden para ser bendecidos tres veces con una tika, marca de color rojo en la frente que simboliza buena suerte y prosperidad.

Según la tradición, la diosa posee un poder espiritual que le permite curar cualquier enfermedad a nivel físico y mental. Sin embargo, aunque puede parecer que ser elegida es todo un privilegio, también tiene un precio bastante elevado, y es que una vez que la niña tenga su primera menstruación, o sufra alguna herida que la haga perder una considerable cantidad de sangre, se cree que el espíritu de Taleju deja su cuerpo para habitar el de otra joven. Entonces, debe abandonar su papel de diosa. Repentinamente tiene que volver a vivir con una familia que apenas recuerda, relacionarse con otras personas como una más y lidiar con numerosas  supersticiones sociales, por ejemplo, la que dice que es muy difícil que consiga casarse, ya que el hombre con el que lo haga está condenado a morir joven.

Para Rashmila el cambio de vivir en un templo a una casa con su familia fue uno de los pasos más complicados, ya que cuando asumió el cargo tenía tan sólo cuatro años, y para ella vivir en el palacio como una diosa era algo normal. Cuando volvió no tenía idea cómo relacionarse con sus padres y hermanas. Juntos debieron vivir un proceso largo de reconocimiento y aceptación para superar la crisis.

Sin embargo, el problema más grande que tuvo que enfrentar como mortal, fue tener que reintegrarse a la educación formal, luego de varios años de haber estudiado con tutores.

Es cierto que cuando la Kumari es elegida, su familia recibe como premio una suma de dinero, y una vez que termina su periodo, el gobierno la provee con una pensión vitalicia de aproximadamente unos 80 dólares. Sin embargo, y a pesar de que el ingreso está por encima de la media nacional, esta cantidad no es suficiente para cubrir los gastos en el caso de que una de ellas quisiera estudiar, por ejemplo una carrera profesional.

En el año 2007 Sajani Shakya, la Kumari de Bhaktapur con tan sólo nueve años, causó polémica internacional luego de visitar Estados Unidos para promocionar un nuevo documental sobre esta antigua práctica. Ella al igual que las otras diosas vivientes tenía prohibido salir del país, y como castigo fue destituida de su cargo, sin embargo, finalmente los sacerdotes decidieron perdonarla a cambio de una purificación, hecho que causó nuevas críticas entre la población.

En el 2008 la Corte Suprema de Nepal ordenó al gobierno proteger a las Kumaris, luego de que sus detractores alegaran que la práctica impedía a estas infantes llevar una vida normal. Señaladas como ‘las niñas de infancia robada’ por algunos miembros de los grupos de derechos humanos, se propuso que la tradición fuera abolida para siempre.

Wp-Rashmilla.450

A pesar de todas las peticiones y comentarios, la casta budista Shakya y los fieles hindúes se rehúsan a abandonar su tradición, y apoyados por los líderes del nuevo gobierno, en octubre del 2008 eligieron a Matina Shakya, una niña de tan sólo tres años como la nueva Kumari Real del Valle de Katmandú.

En el libro escrito por Rashmila Shakya  From Goddess to Mortal (De diosa a mortal) y en declaraciones públicas a lo largo de los últimos años, no existe evidencia alguna de que las ex Kumaris hayan señalado que su experiencia fuera negativa. Es más, Rashmila por ejemplo, quien hasta el momento continúa soltera, afirma que si tuviera una hija le gustaría que fuera elegida Kumari Real, tal como ella lo fue.

Pese a todas las críticas, ser Kumari en Nepal sigue siendo un anhelo para muchas familias, quienes constantemente envían los datos de sus hijas para que sean consideradas. Una pequeña diosa que habita un palacio del siglo XV, una tradición incomprensible quizá para Occidente, pero que aún sigue siendo venerada y respetada por miles de fieles del siglo XXI.