“¡Soltera! ¡Soltera! ¡Soltera sin compromiso!”. Cada semana una adolescente Ina Sáez (hoy de 40 años, en pareja y con dos hijas) partía a Canal 13 a ponerse en una larga fila para entrar al maratónico programa sabatino de Don Francisco y cantar desde su galería todos los jingles que lideraba el animador. Y cuando ella dice que visitaba como público el set todas las semanas, ¡era todas las semanas!

Antes de que existiera la TV por cable, la magia del mundo de las cámaras estaba restringida a los canales ubicados en las faldas del cerro San Cristóbal. E Ina moría por ser parte de ese universo. Hoy, dos décadas más tarde, se levanta en la industria como una de las productoras más influyentes, la mujer fuerte de Morandé con Compañía y la mano derecha del Kike por ya trece años.

“Estaba en 1º Medio y ya sabía que quería estudiar televisión. Iba de público tupido y parejo a Sábados Gigantes. Había un caballero en la puerta que se llamaba Juan Poblete al que le pedía entradas. Nunca me preocupé de los artistas, siempre me fijaba en cómo se movían los camarógrafos, cómo le daban instrucciones al animador”, recuerda con un café en la mano a un costado del escenario de Mega donde le toca mover todos los hilos.

Está nerviosa. Quienes han reporteado las noches de Morandé saben que lo de Sáez son las bambalinas. La persona que escuda al Kike y su equipo. Hoy, a mediodía, extrañamente con el sol en las puertas del estudio en Vicuña Mackenna, las luces se encienden para la productora: “Dejemos todo lindo pa’ la jefa”, dice uno de los trabajadores del programa mientras ajusta los focos para que ella pose para las fotos de CARAS. Saben que es importante. Ina rompe el anonimato.

Wp-ina-450

Su lazo con el hombre que manda las noches en Mega partió en la productora Praga, que hacía el programa Cóctel. Llegó por un reemplazo —tras estudiar dirección y producción de TV (tal cual era su sueño colegial)— y nunca más se fue. Antes hizo el ‘servicio militar’ por tres años en un canal deportivo de la Universidad Católica que se transmitía por Metrópolis Intercom. “Trabajaba de lunes a lunes y me tocaba cubrir fútbol, básquetbol, tenis. Compartía con Cristián Sánchez, que era chiquitito, Marcelo Cubillos y Susana Palominos”, cuenta.
El primer cara a cara con Morandé fue el 2000, “con Praga Producciones hicimos El triciclo y los videos para el espacio del Kike”. Ahí empezó a nacer la idea de la productora que hoy lidera el animador.

El paso al late —porque se privilegiaba la conversación con la pauta de actualidad— llegó para marcar la TV chilena que partía con el nuevo siglo: “El Morandé con Compañía del 2001 no tiene nada que ver con el de hoy. En 13 años han pasado tantas cosas…”.

—¿Cómo se transformó en la mujer de confianza de Kike Morandé?
—Con él nos llevamos bien desde el principio. Mucho tiempo después me contó que en los inicios con Praga preguntó quién era yo. Y allí le explicaron: “No te preocupes, ella es trabajadora nos va a servir en Kike 21”. Entonces él respondió: “Si ustedes lo dicen, entonces tráiganla”. Después nos hicimos muy compinches.

Sáez era la única mujer en la partida del nuevo emprendimiento. La encargada de muchas de las cosas del conductor. “Diría que a los cinco meses estábamos con una relación bastante buena”.
En esos días ella también inició en el programa la relación con el padre de sus hijas. El dejó la vida televisiva, pero sigue apoyándola en su adicción al mundo detrás de cámaras.

—¿Cómo fue trabajar en la noche?
—La verdad es que te acompaña la juventud. Tenía 27 años y me encantaba ser parte de un proyecto nuevo. Por eso el horario quedaba en segundo plano. No sé cómo lo hacía, porque trasnochábamos todos los días. En esa época llegábamos a nuestras casas tipo dos y media de la mañana. Y al otro día, a las 10, estábamos todos en la oficina.

—¿Cómo has vivido los cambios de contenidos del programa?
—Para mí es un orgullo trabajar en Morandé con Compañía. Es lejos lo mejor que me puede haber pasado cuando imaginaba que quería ser productora de TV. El programa hace rato que se inscribió en el libro de la televisión chilena. Uno va aprendiendo con los años a conversar algunas cosas, y otras a no cuestionárselas tanto. En algunas sí, escuchar críticas.

—¿Qué ha cuestionado?
—No te sabría decir. Quizás escuchar cuando te hacen una crítica. Si me preguntas el tema de las ‘niñas’, en un momento estaban en este programa las chicas más bellas de la televisión chilena. Todas acá. Eso llamaba enormemente la atención. Eran días en que salían con minifalda. Si haces un recorrido, creo que lo máximo fue un bikini; pero no más allá de eso. Era una época donde recién estaba el destape.

—¿La época dorada?
—En un momento tenía a Marlen Olivari, Carla Ballero, Lola Melnick, Jeannette Moenne-Loccoz, Claudia Schmidt y a María José Campos.

Wp-ina-450-2

—¿Cómo es trabajar con tanta mujer?
—Sabes, he tenido la suerte de manejar un don que agradezco: llevarme muy bien con la gente. Jamás he tenido un problema con alguien, mujeres ni hombres.

—Pero hay que tener un manejo especial con mujeres…
—Creo que tengo esa cosa de mamá que me ayuda no solamente a preocuparme de ellas en el aspecto profesional, sino que también en otras cosas.

—¿Como qué?
—Son chicas que estaban recién partiendo en la TV y muchas tuvieron problemas. Jeannette quedó viuda en Morandé con Compañía. El salto a la fama de la Porotito Verde fue gigante… Allí una asume un rol de hermana mayor —para no sentirme tan vieja (ríe)—, de aconsejarlas, ayudarlas, entenderlas. Hasta hoy hablo con casi todas.

—¿Cómo ve la evolución de Olivari?
—Ella es una mujer maravillosa. Pienso que todas las experiencias le han servido para madurar… Para crecer, para entender. Le cambió la vida su hijo, está feliz y se nota.

Por un momento Ina Sáez deja su relato articulado. Se pone melancólica. La máquina que significa reinventar el programa temporada a temporada baja las revoluciones para recordar. Visitar los días en que de la conversación el ‘estelar del pueblo’ pasó a las coreografías de muchachas lindas, a fenómenos del humor como El Profesor Salomón y Tutututu además de Ruperto (que cruzaron del estudio de Kike 21 al Festival de Viña).
Pero sus postales más entrañables van de la mano de Morandé. Con él partió a Roma a hacer concursos. Se hizo cercana a su familia y conoce su casa del sur. “Nos marca la honestidad”.

—¿La escucha?
—Me escucha más de lo que yo pienso, pero, me escucha.

—¿Cómo vivió su operación al corazón?
—Fue horrible. Uno de los momentos más tristes en el programa. Pocos días antes veías al Kike riéndose y tirando al equipo para arriba. Eso fue un día martes —de hecho, ahora se cumplen seis años del bypass— y él acaba de salir en la portada de Las Ultimas Noticias porque se nos ocurrió hacer el famoso baile del koala y salía con una chica del ballet. Y a la semana estaba de nuevo en los diarios por la cirugía. Cuando me llamó su hija me costó creerlo. Fue muy fuerte verlo en la UCI.

—¿Se lleva bien con la familia del Kike?
—Sí, me dejaron pasar a saludarlo. Y cuando lo vi en la camilla me acerqué y lo reté: Ve, eso le pasa por andar tonteando. ¡Y se largó a reír! Salí y derramé un par de lágrimas.

—Dicen que usted es la persona que puede controlarlo.
—El dice lo que siente. Conversamos mucho de todo: TV, el programa, cosas de familia. Pero, finalmente, siento que más que controlarlo, él me escucha y muchas veces sigue mis consejos.

—¿Es el ‘patrón de fundo’?
—Soy la que lo veo en todos sus ángulos: contento, enojado. Pero le digo: Respire profundo. Conversamos y entiende.

—¿Ha tenido ofertas para irse?
—Sí, pero siento que todavía no ha llegado el minuto. La verdad que la relación que tengo con Kike es tan estrecha, que si me preguntas hoy… es muy difícil que me vaya de su lado. Es muy difícil.