Se acerca el fin de semana y en el noreste de París, en el barrio popular de Chatêau Rouge las calles están llenas. Mujeres con sus compras y grandes pañuelos que combinan con sus vestidos de telas africanas caminan entre vendedores de todo. Al doblar en una calle un poco más tranquila, enfrente de la peluquería Obama Fashion Hair, se encuentra la tienda Connivence

Entre estos dos lugares se concentra un grupo de personas, en especial hombres. Por fuera la tienda parece una más, pero por dentro el estilo y los colores desbordan. Es aquí el punto de encuentro de los seguidores de la Sape, o La société des ambianceurs et des personnes élégantes (sociedad de ambientadores y de personas elegantes), un movimiento vestimentario popular nacido después de las independencias de la República de Congo y de la República Democrática del Congo. Sus adeptos, llamados sapeurs, se visten como dandis muchas veces de coloridos trajes de tres piezas, o de la forma más original posible. 

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El dueño de Connivence, Jocelyn Armel, pero mucho más conocido como The Bachelor, es el guía perfecto para conocer la Sape. No sólo distinguido por los seguidores de esta tendencia, sino que parte de las 100 personalidades de París, y fue invitado a Londres por el diseñador Paul Smith. También ha sido parte de publicidades de marcas como Nike o la seguida radio Nova.  

El mismo “sapeur desde siempre” nos cuenta que la Sape “es un movimiento cultural que nació en Congo Brazzaville. Tiene como origen a los antiguos combatientes, que vinieron por la Segunda Guerra Mundial, creo, para defender a Francia y Bélgica. De vuelta venían con muy bellas vestimentas y los que se quedaron en Congo querían imitarlos”. Al principio los adeptos siguieron códigos tomados de Occidente, pero la Sape se iría transformando poco a poco y los congoleses se apropiarían del traje poniéndole los colores vivos, y convirtiéndolo en el ‘dandismo a la africana’. 

Hay varias historias que circulan sobre los comienzos de la Sape. Una cuenta el origen de la palabra que habría sido inventada por Christian Loubaki, alias niño Mystère, quien trabajaba en casa de aristócratas franceses en barrios burgueses de París y habría observado cómo se vestían sus patrones aprovechado las ropas que le regalaban. La palabra vendría de una interpretación, quizás incomprendida, de su parte. Su patrón le pedía que se probara las tenidas para apreciarlas mejor, éste le habría dicho: “Tal como tú estás vestido vas a saper (socavar) la moral de tus amigos”. Loubaki no sabía leer ni escribir, entonces cuando fue por primera vez de vuelta a Congo en 1976, quiso distinguirse de los otros que venían de Francia y les decía que estaba mejor “sapé”.

En el inconsciente colectivo de los congoleses se adoptó la palabra Sape sin cuestionarse si el vocablo era apropiado o no a la definición que Loubaki hacía del dandismo. En 1978, con la complicidad de Koffino Massamba, creó una boutique: La Saperie de Bacongo, el célebre barrio de la Sape de Brazzaville. Es aquí donde se reúnen los caballeros a mostrar trajes de chaqueta y pantalón blanco a rayas rojas, combinado con zapatos blancos y sombrero rojo, o miles de otras variaciones.

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Pero ¿cómo se llega a ser un sapeur? El gurú de esta disciplina en París, The Bachelor, nos ejemplifica con su propia vida, cuestionándose: “¿Pero cómo no venir a la Sape si mi padre fue Sapeur? Mis hermanos grandes, mis tíos lo son. Es como si le preguntaras a un brasileño o a un chileno por qué ama el fútbol, si en toda su familia, papá, mamá, abuelos, tíos, todos hablan de fútbol. El niño crece en un contexto social en el que hay grandes posibilidades que le guste más ese deporte que el básquetbol”.

Su travesía comenzó cuando fue enviado a Francia para realizar sus estudios superiores a fines de los setenta, misma época en la que comenzó a trabajar durante un verano para la marca Daniel Hechter. Fue en esos días que pensó en lanzar su propia marca, que hoy es líder de la Sape en París y la única que reivindica su pertenencia al movimiento. “En Connivence decimos que la Sape es el arte de hacer cantar los colores”, explica Bachelor, mientras arma una tenida a uno de sus clientes, jugando con los tonos cafés, rojos y amarillos.

La boutique comienza a llenarse. Frente a un espejo de la parte trasera un hombre cercano a los cuarenta años se prueba trajes para un casamiento, mientras el experto le va mostrando qué color de corbata va con su chaqueta llena de motivos. El ambiente es alegre y fraternal, cada cierto rato alguien entra para comprar o vitrinear, o sólo para saludar, porque aquí todos se conocen. Un par de amigos se asoman y le dejan un video en el que muestran sus nuevas creaciones hechas en Congo: chaquetas, zapatos y bolsos, todo en pitón y cocodrilo, un orgullo para un sapeur que quiere llevar su nombre en alto.

Mientras algunos dandis comienzan a aparecer por el barrio, como aquél de caminata meneada y tenida relajada: boina, traje cuadrillé, zapatillas blancas y lentes redondos, Bachelor explica lo que significa ser parte de la Sape, sus bases. Para él, lo más importante “es amarse a sí mismo. No puedes ser elegante si no te quieres. Aquellos que aman vestirse, son los que tienen una alta consideración de su persona”, relata con una gran sonrisa, dentro de su traje de tres piezas, y agrega: “cada día que pasa tú debes magnificar tu elegancia. La Sape no significa vestirse caro, puedes buscar prendas en los mercados o en tiendas baratas, pero sí es la capacidad de hacer dialogar los colores”.

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Aunque Bachelor lo ve así y es verdad que muchos son busquillas y logran encontrar la buena combinación, a los sapeurs se les reprocha hacer alarde de una abundancia futil y la exhibición fastuosa de la ropa de precios altos. Los detractores afirman que las prioridades son invertidas en  países como ambos Congos, tocados por el analfabetismo, el desempleo o la pobreza. No obstante, para Bachelor y otros acólitos, los colores y el juego ayudan a dar vida en medio de la miseria.

Para vestirse “antes que todo hay que dejar hablar la imaginación, luego amarse y en fin, saber coordinar los colores”, explica. Para eso hay que hacer a un lado los prejuicios: “Mucha gente que se viste en función de los otros. Si me pongo tal color, ¿cómo me va a juzgar la gente? Para que no me juzguen me pongo azul marino como los otros… entonces no tienes ninguna personalidad”. El espíritu de la Sape es el de la apertura, la búsqueda de identidad, prohibido prohibir.

Aunque París es una ciudad importante para la Sape, la capital mundial sigue siendo Brazzaville, donde el movimiento es una verdadera institución. Una suerte de tribu de la cual todo el mundo es parte, incluso políticos, como el ex ministro de Comunicación Alain Akouala, célebre por ser un gran adepto. De hecho, para ser considerado como un “verdadero sapeur”, los dandis vuelven a esta ciudad para exhibir sus trajes coloridos, y librarse a una verdadera guerra con los competidores. Las marcas deben ser mostradas, las boletas exhibidas, poco importa si el sapeur se quedó en la ruina para comprar sus ropas.

Algunos van aún más lejos. Ben Mukasha creó la “sapología”, o cuando la Sape se vuelve “una ciencia, un arte, una cultura”, según los dichos de su fundador. Aunque él lo ve como una ciencia, su concepto parece más bien construido alrededor de un vocabulario religioso: diez mandamientos e incluso una oración cotidiana. Los verdaderos sapólogos deben “ser sapers sobre la tierra como en el cielo (1er mandamiento)”. Y las “leyes” no se detienen solamente en los bellos trajes, sino que además deben conducirse de manera irreprochable “no serás ni tribalista, ni racista, ni nacionalista, ni violento…” (mandamientos 8º y 9º). “Si existiera una ciudad únicamente habitada por sapólogos, no habría necesidad de policía, ni de ejército, ya que no habría violencia”, reivindicó Mukasha.

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De Londres a Brazzaville, pasando por París y Kinshasa, la Sape no para de evolucionar. El último hallazgo en Congo es vestirse de la cabeza a los pies con trajes cortados en papel. Es el caso de un joven de 22 años apodado “Original sapeur”. Incluso grandes casas de costura occidentales, que no dudan en copiar las tenidas de estos elegantes personajes, como Paul Smith, icono de los seguidores del movimiento, quien llenó algunas de sus colecciones de los colores de los sapeurs congoleses.