¡Cuándo iba a imaginarse este neoyorquino que pasaría toda su vida en la nieve! Tenía 26 años, se había graduado de hotelero en la Universidad de Cornell y trabajaba para Hilton cuando recibió una llamada de su tío Bob Purcell ofreciéndole instalarse en un remoto lugar llamado Chile.

El cuidador estaba durmiendo en una cama al lado de la chimenea en el living. Y en el otro lado tenía a su amigo, un cordero negro que se llamaba Lumumba. Lo sacamos y empezamos a trabajar.

No sabía ni esquiar. Sucedió hace más de 50 años: Bob Purcell y unos socios le habían comprado a la Corfo una instalación con 125 habitaciones. Y su sobrino Henry Purcell (79) conoció Chile en febrero de 1961, cuando llegó como gerente general de un hotel que era un completo desastre. “El cuidador estaba durmiendo en una cama al lado de la chimenea en el living. Y en el otro lado tenía a su amigo, un cordero negro que se llamaba Lumumba. Lo sacamos y empezamos a trabajar”, recuerda entretenido y relajado en las oficinas del Hotel Portillo en Santiago, cerca de la Escuela Militar.

Es gentil, simpático, de pocas palabras. Menudito, mira directo con sus profundos ojos azules. Su oficina es sencilla; no intenta aparentar nada. A Henry (se llama igual al más célebre músico inglés del siglo 17) no le asusta el frío ni la nieve. Nació en Chaumont, un pueblo al norte del estado de Nueva York. El nombre proviene de un noble francés, Jacques Le Ray de Chaumont, quien se afincó por allí. “Toda la zona tiene nombres franceses”. Queda al lado del lago Ontario: buena pesca, buenos veleros; nada de esquí.

(Stanley Kubrick usa música de Henry Purcell en La Naranja Mecánica.)
—¿Cuáles fueron las primeras medidas para revivir el hotel?
—No teníamos muchos pasajeros, así es que empezamos a trabajar con Estados Unidos, Argentina y Brasil. El cambio más grande fue después de 1966, cuando logramos el Campeonato Mundial de Esquí.
Wp-Henry-Purcell-290-2
—Eso fue notable.
—Resultó muy bien. Tuvimos mucha suerte con el tiempo: la nieve estuvo buena.

—¿Cómo lo consiguieron?
—En parte querían experimentar un poco y en parte fue política, porque este país estaba entrando en su período de socialismo, y todas las naciones socialistas votaron por Chile, más los otros no europeos y todos los del hemisferio sur… de repente salimos en la ronda de votos y nadie se lo imaginaba, pero ahí estaba.
La estrella de 1966 fue Jean Claude Killy, quien obtuvo dos medallas. “Lo celebraron mucho en Francia, y en las olimpíadas siguientes ganó cuatro medallas. Era muy agradable, inteligente y sano”, recuerda.
Nunca se ha vuelto a realizar un campeonato mundial en el hemisferio sur, aunque con ése “se dieron cuenta de que se podía esquiar en serio en Sudamérica. Los equipos europeos se acostumbraron a venir a entrenar acá en su verano para no perder la actividad”.

Eduardo Frei Montalva inauguró el mundial de 1966. Se quedó dos o tres días. Purcell ya había tenido un encuentro intempestivo con el Presidente anterior, Jorge Alessandri. “Yo andaba medio despreocupado por el centro de Santiago, y de repente choco con alguien, nos disculpamos uno al otro, y él siguió. Entonces me doy cuenta de que la persona que estaba conmigo estaba riendo, y todos al lado también… Era Jorge Alessandri. Venía caminando de su departamento sin guardias”.
Salvador Allende nunca fue a Portillo.

De repente choco con alguien, nos disculpamos uno al otro, y él siguió. Entonces me doy cuenta de que la persona que estaba conmigo estaba riendo, y todos al lado también… Era Jorge Alessandri. Venía caminando de su departamento sin guardias.

Sus amigos políticos

—¿No les vino terror con la llegada de la Unidad Popular?
—Fue muy complicado, difícil. El gran problema era la mercadería. No teníamos cómo abastecer al hotel. Claro que nos dejaron bastante en paz. Había más interés en empresas más grandes.

—Los consideraron pichiruchis.
—Muy chicos y muy lejos.

Pinochet sí fue. “Era un poco tieso, muy militar; no se reía, no se soltaba. Y la montaña en esa época no interesaba. El gobierno, en general, tenía la impresión de que el turismo aquí en Chile era imposible. Que nadie iba a venir de tan lejos”.

—No lo vieron como una industria enormemente productiva.
—Es muy bueno para la economía, porque la plata que entra va directamente a la empresa y, en gran parte, a los proveedores, al personal; es un flujo de capital importante. Ahora en Chile cada año hay más hoteles y más interés.
Wp-Henry-Purcell-290
El fomento al turismo partió en democracia. Ricardo Lagos subió varias veces como ministro de Obras Públicas, cuando hubo problemas con el camino. Y, para el aniversario del Cristo Redentor, fue Michelle Bachelet, como ministra de Defensa. “Tuvimos la oportunidad de hablar… ¡Lejos la más agradable de todos los presidentes!”.De los políticos actuales, conoce mucho a Andrés Velasco que es muy amigo de su hijo Tim, quien tiene un fondo de inversiones (Linzor Capital).

Pruebas de fuego

Al comienzo había un pequeño hotel Portillo donde está la Escuela de Alta Montaña de los militares, cuenta Purcell. Eso, alrededor de 1850, cuando la gente cruzaba en carros, caballos y mulas. “En 1910 instalaron el ferrocarril. Algunos querían subir, quedarse allá y aprovechar el mismo tren para llegar a Juncal”.

En 1961, el edificio era una mole rosada. Los decoradores decidieron pintarlo amarillo y diseñaron el logotipo basado en un sol inca. Todavía circulaba el tren Transandino entre Los Andes y Mendoza. “Era genial. Muchos de los carros tenían medio siglo”. Ahora se espera construir un nuevo tren Transandino más abajo, a la altura de Juncal. “Es la única forma de manejar esto a la larga porque cada año aumenta el volumen de camiones y, a pesar de que el camino está abierto para llegar a Portillo, está cerrado para vehículos pesados cuando hay hielo en el camino. A veces pasan una semana esperando que se despeje”.

El hotel principal sigue con sus 125 habitaciones, pero tuvieron que construir edificios colaterales para acomodar a los turistas y al personal

El hotel principal sigue con sus 125 habitaciones, pero tuvieron que construir edificios colaterales para acomodar a los turistas y al personal, “porque las habitaciones para ellos eran de doce por pieza, con baños comunes muy chicos. ¡Un hacinamiento terrible! Bueno, en aquellos años era eso lo que pensaban de los trabajadores”.

En estos 52 años en Chile, Henry ha debido enfrentar algunas tragedias. Una de ellas fue la avalancha de 1984 sobre Los Libertadores donde “murieron veintitantos”. Purcell trabajó como un héroe en el rescate. Cuenta con sencillez: “En la mañana vino un carabinero para avisar de la avalancha y dijo que estaban destrozados los edificios, que había gente atrapada. Subimos con nuestras máquinas de nieve, hicimos un camino y bajamos a los que habían sobrevivido; teníamos médicos en el hotel para atenderlos. Después nos dedicamos a sacar gente de adentro de los edificios aplastados. Pero no había mucho que se pudiera hacer”.
Wp-Henry-Purcell-290-3
En el hotel, pasajeros como Jan van Houten, presidente del FMI, quedaron atrapados por una semana. “No se preocupe”, le dijo Van Houten, “sabemos que tienen problemas más importantes”. Otra desgracia fue la muerte de su hermano David —con quien compró Portillo en 1980— a causa de un tumor cerebral en los ’90. Diez años menor, no vino al Mundial del 66 porque estaba en la universidad, pero llegó a comienzos de los ’ 70.

Henry Purcell estuvo a cargo de La Parva, hasta que la vendieron en 1991.
Confiado en el futuro del turismo, ha invertido en hoteles de lujo, pequeños y con más servicios, en San Pedro de Atacama y Torres del Paine.

—¡Los lugares más lindos de Chile!
—Por eso los elegimos.