Desde Madrid, con un fuerte resfrío exagerado por el jetlag que le dejó el lanzamiento neoyorquino de su libro Las hijas del Capitán
(Planeta), María Dueñas se escucha entusiasmada y cansada a la vez. La promoción en grande del cuarto título de su carrera como escritora la tiene así, agripada, pero conectadísima con las posibilidades de su novela, que sigue de cerca a tres indomables españolas empujadas por el destino hacia “la capital del mundo” durante la primera mitad del siglo pasado.

Victoria, Mona y Luz, las protagónicas de Dueñas, llegaron siguiendo a su padre hasta Nueva York por obligación. Cuando este muere, casi a su misma llegada, todo se transforma para ellas. A partir de ahí, el poder femenino para reinventarse en tiempos de crisis toma las riendas de una historia donde se entrecruzan amor, sueños y todo lo que puede conectarse a la experiencia de las grandes migraciones. Pasadas y actuales.

Su nuevo libro llega a poco de cumplirse los diez años del arrollador debut de esta profesora de filología inglesa en el mundo del best seller
 con
 El tiempo entre costuras, cuyo éxito a nivel mundial hoy la tiene traducida a 35 idiomas.

—Su nueva historia está ambientada en 1936, justo después de la Gran Depresión en Estados Unidos, una época que se parece un poco a la nuestra.

—Sí, puede haber conexiones. Hasta los años 20 la entrada de inmigrantes a Estados Unidos era totalmente abierta. Recibían barcos enteros de toda Europa, apenas necesitaban algún papel y que tuvieran buena salud, con eso ya estaban dentro. Luego empezaron los límites y en la década siguiente todo se complica más con la Gran Depresión. Mis personajes pueden llegar a Nueva York porque van por una reunificación familiar, pero la ciudad que las recibe es dura. En esa época tenía siete millones de habitantes y más del 30 por ciento había nacido fuera del país… había menos empleo y las cosas estaban complicadas, con hostilidad entre algunos grupos. No era un lugar fácil en absoluto.

—Parecido a lo de ahora, con muros y políticas durísimas para ciertos inmigrantes.

—Sí, eso es poner freno a los sueños de los que quieren buscarse el futuro. Al final la historia es un poco cíclica. La gente tiene necesidad de abandonar su entorno por la falta de oportunidades. Por opresión busca territorios nuevos… a veces son bien aceptados, a veces no tanto. Siempre hay que cargar con cuestiones difíciles como el desarraigo, el desconcierto, el reubicarte, el luchar contra códigos sociales y culturales ajenos. Esa historia es común a toda la humanidad, desde su origen.

—Los inmigrantes llegan en búsqueda de nuevas oportunidades, pero con el sueño de volver… y son pocos los que finalmente lo hacen.

—Esta gente que migró desde España eran trabajadores, campesinos, de aldeas o pueblos no muy desarrollados. Gente con poca cualificación profesional. Iban a América a trabajar como albañiles, camareras, limpiaplatos y su intención era ahorrar para después volver y comprar un terreno, abrir un negocio. El problema fue que estos obreros tenían una conciencia de clase muy definida y cuando estalla la Guerra Civil Española se alinean muy activamente con el bando de la República, se ponen a recaudar fondos y cuando termina la guerra se encuentran con dos problemas: pierden la guerra y la España que queda está totalmente quebrada y empobrecida. El enfrentamiento abre un antes y un después en la voluntad de volver y la mayoría decide quedarse, pues España no les ofrece posibilidades.

—Es interesante que el tema de fondo de Las hijas del Capitán sea la diáspora, cuestión muy presente en nuestra cultura y que tiene la forma de un conflicto sin solución feliz.

—Es triste que la patria de uno, donde tienes tus raíces, tu familia, no te ofrezca las condiciones para llevar una vida digna, porque no hay subsistencia económica, por guerras, represión, persecución, por cualquier razón es una tragedia. Me parece que hay tanto sufrimiento que son personajes casi épicos, con una aventura vital. Hay que tener mucho coraje para emprender ese viaje, que no sabes si va a tener vuelta atrás. Es triste y a la vez admirable.

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—La particularidad del libro es que son mujeres las que van adelante con esta energía y resiliencia. ¿Cómo ves tú ese rol?

—La gente con la que hablé me explicaba que lo normal era que el hombre migrara primero. Vivían solos en pensiones y cuando llegan las mujeres todo se comienza a estructurar de otra manera. Las mujeres dan cohesión al entorno doméstico, son ellas las que se preocupan de manejar el dinero que entra a la casa, de organizar la educación de los hijos, de mantener el contacto con la familia lejana. A mí me parece un papel admirable. Estas mujeres de las que hablo tenían muy poca formación. El otro día en Nueva York, hablando con una octogenaria, me decía que sus padres llegaron sin saber leer la hora en el reloj. Había muchas carencias y no sabían ni hablar inglés, pero después cohesionaron a las familias, estimularon el progreso de sus hijos.

—¿Cómo vives estos tiempos de empoderamiento femenino con campañas como #TimesUp o #MeToo, donde hay una lucha por derechos sociales?

—Lo veo con satisfacción, alegría y orgullo. Me parece que ya era hora que las mujeres alzaran la voz y tuvieran visibilidad e identidad. Faltaba una voz femenina clamorosa y conjunta. Debemos intentar que esto no quede en frases bonitas o eslóganes de redes sociales. Debe haber más conciencia para cambiar comportamientos, maneras de pensar, abrir puertas y quitar frenos. Ojalá se siga moviendo todo de una manera tranquila, sosegada, sin extremismos ni alarmismos, pero de manera imparable, desde luego.

—Estamos a casi 10 años del lanzamiento de tu primera novela El tiempo entre costuras y desde eso pasaste a ser una de las escritoras de habla hispana más leídas en el mundo.

—Lo intento llevar con la mayor serenidad posible, no despegando los pies del suelo, sin que nada se me suba a la cabeza ni me trastorne. Mi origen académico, que es muy sobrio y pragmático, ayuda. Y también que el éxito me llegara madura, con 40 años cumplidos, fue también un favor… no hice locuras.

—¿Cómo tomas el hecho que tu nombre y trabajo esté tan asociado a un producto televisivo masivo como la miniserie basada en aquel libro?

—Jajajaja. ¡Lo tomo con alegría! La serie no es algo ajeno a mí, lo viví muy de cerca. Estuve en diálogo permanente con la productora y la cadena Antena 3. Ellos fueron muy respetuosos con el libro y conmigo. Intervine en los guiones, di mi punto de vista y aceptaron mis criterios. La acogida fue magnífica en todo el mundo y eso hizo muchísimo por el libro también.

—Da la impresión de que Las hijas del Capitán va a recorrer un camino parecido…

—¡Eso me llevan diciendo todos estos días! Ahora empiezo a trabajar en la adaptación de La Templanza
(2015, Planeta), mi tercera novela. Los derechos los tiene Antena 3 y la cosa parece que va a ver la luz. Con Las hijas del Capitán, ya veremos…