El chándal is the new orange, podría llamarse (en España las reclusas no llevan uniforme). La protagonista no sería una rubia anónima llamada Piper Chapman, sino una de las folclóricas más famosas, Isabel Pantoja. Y en lugar de transexuales, afroamericanas y latinas, la mayoría de sus compañeras de celda serían gitanas.

Su único nexo es que ambas terminaron entre rejas por un favor a un antiguo amor. Piper por contrabando de drogas, Isabel por lavarle dinero negro a Julián Muñoz, ex alcalde de Marbella.

La historia de por qué la viuda de España cumple una condena de dos años es propia de un culebrón. Se estrenó el 14 de mayo de 1983, a la entrada del templo donde iba a casarse con el torero Francisco Paquirri Rivera, los novios fueron arrollados por un público que no quería perderse la boda del año. Luego, el estoque mortal en la plaza de toros de Pozoblanco, el desmayo de la joven esposa ante la tumba, y la fama y la gloria de mover la bata de cola mientras cantaba desgarrada Se me enamora el alma o Hazme tuya una vez más.

Con los noventa tomó un nuevo rumbo. Se metió a actriz ocasional, le dio una hermana adoptiva a Paquirrín —tramitación, por cierto, llena de polémica— y empezaron los rumores sobre su estrecha relación con otras mujeres: la locutora Encarna Sánchez y la coplera María del Monte. 

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El cambio de milenio fue sosegado al lado de Diego Gómez pero la tonadillera dio otro pico de audiencia cuando lo abandonó por un aspirante a la alcaldía de la entonces joya de la corona inmobiliaria española: Marbella (en la provincia de Málaga). Como era época de campaña electoral, hicieron el paripé: ella lo acompañaba como madrina de la ciudad y él se  dejaba fotografiar al lado de su esposa, Maite Zaldívar, a lo Alicia Florrick en The Good Wife. Al final el político ganó, se separó, y los infieles destaparon su amor. Fue su época de primera dama, cuando le decía a Cachuli —apodo familiar de Julián Muñoz— que mostrara a los paparazzi “dientes, dientes, que eso es lo que les jode”. La frase iba dirigida a la despechada esposa, que iba de plató en plató llamando a la Panto de todo menos bonita, y a la media España que se declaró Team Zaldívar.

Pero pasa que las cuentas de Marbella dejaron de cuadrar y el problema derivó en el Caso Malaya, la mayor operación contra la corrupción urbanística de la historia de España: 2.400 millones de euros blanqueados y 86 acusados entre políticos, empresarios y abogados. Maite decidió vengarse de su ex contando que parte de ese dinero había entrado en su casa en bolsas de basura, cuestión que no les hizo ningún favor a los miembros del triángulo amoroso. La Fiscalía y Hacienda decidieron ojear las cuentas de Isabel, por si acaso. Y lo que vieron… no les gustó.

Al principio de la relación con Muñoz, la folclórica compró un apartamento de lujo, que pagó en efectivo, y más tarde una ganadería y la finca La Pera. Su coartada era que compró el apartamento antes de ennoviarse pero en aquella época sus sociedades mercantiles estaban casi a cero. Encima, cuando registraron su casa encontraron demasiado dinero. Ella dijo que era de los conciertos, aunque nunca cobraba en metálico. Y por si fuera poco, declaró que Julián manejaba sus cuentas. El, por cierto, se había declarado insolvente y ambos reconocían que ella lo mantenía. 

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Al final cayeron todos. Muñoz pisó la cárcel en 2006, Maite fue detenida poco después, y Pantoja, en mayo de 2007. Una conmoción. Esta periodista todavía se acuerda del primer concierto donde reapareció; del apoyo incondicional de la presidenta de su club de fans, y de los insultos —“¡ladrona, choriza!”— de los no tan fanáticos.

Ruptura con Muñoz en 2009 y veintisiete jornadas de juicio después —donde compartió banquillo con el resto del triángulo sin cruzar miradas—, la justicia estimó que la cantante era culpable de blanqueo de dinero. La pena: dos años de prisión y una multa de 1,14 millón de euros. 

Sin antecedentes penales y una condena inferior a dos años y un día de cárcel, los tribunales españoles pueden canjear la cárcel por la libertad condicional. La Panto no superaba el umbral pero, en un país asolado por la corrupción, no hubo piedad. “Un personaje público tiene que ser ejemplar”, argumentó el presidente de la Audiencia de Málaga, Antonio Alcalá. Que no mostrase arrepentimiento —“me han metido en esto por odio y envidia”, dijo en 2007— y que no pagase la multa tampoco ayudaron. De modo que el 21 de noviembre, a primera hora de la mañana y con la Duquesa de Alba de cuerpo presente, la diva llegó a la cárcel de Alcalá de Guadaíra (Sevilla) con gafas de sol y en un Mercedes conducido por un chofer. Muñoz y Zaldívar, por su parte, se han quedado en una de Málaga.wp-450-pantoja2

Isabel, por cierto, se ha comparado con la infanta Cristina. Porque mientras que la tonadillera ha sido condenada por colaborar en un blanqueo pertrechado por su amante, Cristina de Borbón zafó de ese delito pese a que es la propietaria junto a su marido, Iñaki Urdangarín, de una sociedad acusada de blanqueo y él, por supuesto, también lo está. “¿Por qué no se trata a todos los españoles por igual?”, se lamentó Isabel durante una entrevista en referencia a la hermana del rey Felipe. 

El centro donde cumple condena es sólo para mujeres y puede disponer de una celda individual con baño, excepto las duchas, que son comunes. Su círculo dice que se hundió los primeros días. Incluso se habla de un acorralamiento por parte de sus compañeras porque una interna le habría cedido su turno en la cola del economato y el resto lo habría interpretado como un trato de favor que no estaban dispuestas a consentir, contó la revista Pronto. Ahora, en cambio, parece que se ha sobrepuesto. Se ha apuntado a un curso de alfarería y mandó una felicitación en Navidad.

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En mayo, cumplida una cuarta parte de la pena, podría empezar a disfrutar de algunas salidas. Para ello debe reconocer la culpa, pedir perdón y pagar la multa. Pero hay un problema. La cantante no tiene liquidez, de modo que debe vender parte de sus propiedades, que incluyen un chalet en la exclusiva urbanización madrileña de la Moraleja y la finca Cantora (en Cádiz), su nido de amor con Paquirri. Pero resulta que también tiene una deuda con Hacienda, de 1,8 millones de euros, y como tampoco puede pagarla, la Agencia Tributaria le ha embargado todo, lo cual dificulta la venta de las casas. 

Hasta que llegue ese día, Isabel sólo puede abrazar a los suyos una vez al mes. Pero no siempre es así. Su hijo, Francisco Kiko o Paquirrín Rivera, es a sus 31 años un personaje público y se enroló en el reality Gran Hermano VIP con su madre ya en prisión. Dicen que para ayudarla o porque él también tiene problemas con el fisco (sirvió de poco, abandonó a las dos semanas). Y su hija, Isabel Chabelita, de 19 años y con un bebé a cuestas, dice que la echa mucho de menos pero se ha mudado a Londres para empezar nueva etapa. 

“Haber sido la viuda de España, ser la última folclórica al uso e ingresar en la cárcel por un delito de blanqueo es una conjunción atómica se mire por donde se mire”, ha resumido la periodista Paloma Barrientos en el medio que dirige, Vanitatis. Pero nosotros cerramos con la reflexión de la cronista Pilar Eyre en El Mundo, quien recordó cuando la entrevistó antes de su boda con Paquirri. “¡Tú, sabes la ilusión que me hace verme anciana junto a él, cogidos siempre de la mano!”, le dijo. Hoy, a sus 58 años, “está sola y yo la imagino con los puños apretados contra las orejas para no oír el ensordecedor ruido que hacen los sueños al romperse”.