—¡Ha llegado carta!

—¿Para quién?

—Para ti, de Hugh Jackman

—!!!!!!!!!

Después del impacto, respiré y pensé: Esa es la única manera de comunicarme con él. ¿La razón? La primera vez que lo tuve al frente en una conferencia de prensa del Emmy no pude sacar la voz. Con su estatuilla en la mano (por su trabajo de anfitrión de los premios Tony), el actor apareció con un traje de impacto, a la medida, y estrenando sus patillas de Wolverine. Su paseo entre los medios desconcertó. Quedé muda.

Pero en CARAS llega la segunda opción, esta vez escudada por la distancia de las palabras en tinta. Así, invitamos a la estrella australiana, de 45 años, a jugar al “amigo por correspondencia”, en su papel de embajador de la firma alemana de lujo Montblanc. Había que tomar la famosa pluma y responder sobre su carrera, la publicidad y el lujo. 

Conocido como el artista “más encantador del show business”, Jackman mantiene ese estilo cálido en las siguientes líneas. Igual en persona y en papel.

 —¿Escribes? ¿Lo haces a menudo?

—Siempre me encantaron las plumas clásicas. Me gusta el peso que tienen en mi mano. Cuando joven sostenía una y pensaba ¡que era muy maduro! Escribo siempre. Tengo una libreta en la que dejo pensamientos para mis hijos. Lo hago a diario desde que nacieron.

—¿Cuál es tu definición de lujo?

—Tiempo. Si estoy en casa con mi mujer y mis hijos soy feliz. Me levanto temprano, ejercito y hago las tareas matutinas: preparar desayuno y llevar a los niños al colegio. Todas las cosas ‘normales’ que un marido y papá hace. Después me gusta llevar a los chicos a otras actividades. El año pasado ayudé a entrenar al equipo de fútbol del mayor, Oscar. Me encantó. Tratamos de comer en familia, cuando no trabajo. Lujo es tener una vida normal. Amo cada minuto de ésta. 

—Tienes una gran base de admiradores. Con esta campaña, ¿cómo te manejas para ser un modelo para hombres cool?

—Trato de mantenerme en forma, comer bien y descansar lo más posible. Es un desafío estar conectado con todos los husos horarios, debido a los viajes que hago por mi trabajo. Una de las mejores cosas de ser embajador global de Montblanc es poder usar sus cronógrafos en mi muñeca. Sé lo codiciado que son y  me dan pistas  del tiempo donde quiera que esté en el mundo.

—Pese a tu fama, haces muy poca publicidad, ¿tuviste algún requerimiento para sumarte a esta campaña?

 —Me encantó que me pidieran ser parte de la familia de esta marca. Y cuando una firma tan icónica te envía una invitación para colaborar con ellos, realmente no te rehúsas.

—Eres conocido en la industria por tu encanto. Eso sirve en publicidad. Pero también te gusta explorar el lado oscuro, como en Prisoners. ¿Ser figura de una marca afectará tus elecciones profesionales?

—No, para nada. Hay total libertad para hacer de todo. El año pasado rodé esta pequeña película llamada Prisoners. Un proyecto ciento por ciento orgánico. Nada de efectos especiales y computación. Wolverine es el personaje que he tenido por el mayor tiempo. En este punto, ya es parte de mí. Sé que algún día ya no lo haré más o me pedirán que lo deje. Espero que no sea pronto. Esa es una decisión de los fans y de gente que está sobre mí. Este segundo semestre vuelvo a Broadway con una obra que se llama The River. También, el 27 de septiembre, animaré el evento benéfico Global Poverty Project en el Central Park; un concierto en vivo para TV con Jay Z, No Doubt y F.U.N., entre otros músicos. Es una organzación que, junto con mi mujer Deb, apoyamos muchísimo. Ya a inicios de marzo estrenaré la cinta Chappie. Más allá de esa agenda, el resto del tiempo me quedo en la casa… Sin viajar, feliz de estar en familia ¡y dormir en mi cama! 

Quizá también contar con tiempo para escribir en su diario.