Parece una historia de ciencia ficción: un comando de ratones ha empezado a combatir a los hombres que instalan trampas explosivas para matar a… otros hombres. Ya están detectando minas antipersonas en Mozambique y Angola. Y sus aliados humanos, que las entrenan, se empeñan por hacer conciencia sobre las fronteras minadas del Sudeste Asiático, de otros países de Africa, de Colombia, de Chile.

Ochenta naciones viven en peligro. Bart Weetjens escribe esta historia, que no es de ciencia ficción. Ingeniero belga, orientalista y monje zen, a los 47 años destaca como uno de los grandes innovadores mundiales por su genial intuición: utilizar ratones gigantes cuidadosamente entrenados para detectar minas que cada quince minutos matan o mutilan gente en distintos puntos del globo. Estos roedores reemplazan con ventajas a los perros: son muchísimo más baratos y no sufren accidentes en su trabajo.

Las ratas gigantes de Gambia, originarias del Africa subsahariana, cuando están bien adiestradas, cumplen este trabajo con naturalidad y seguridad. Por su bajo peso nunca hacen explotar las minas. “Hay cero por ciento de probabilidades que alguna muera en el proceso. No son kamikazes”, nos asegura Weetjens. Participante en Chile del FIIS, Festival Internacional de Innovación Social, invitado por Ashoka —la mayor red de emprendedores sociales del planeta, de la cual es miembro—, nos habla de sus sueños y orígenes en un café de Providencia. Skoll ya le dio un importante galardón por ser parte del pequeño ejército de innovadores y emprendedores que se esfuerzan por construir un mejor mañana.

Wp-ratones-450 Formado hace 11 años como monje budista en Amberes, Bélgica, no siempre se sintió un hombre de paz. Nació en una región llamada “el campo de batalla de Europa”, y los uniformes y ritos militares le atrajeron desde niño. Estuvo en una escuela de formación militar, pero a las pocas semanas se dio cuenta de que de los guerreros sólo le atraían los ritos, trajes y brillos. No la violencia. Pocos meses después estaba en otra cosa. Ahora se le puede ver usando sobrios atuendos de budista zen y, en vez de ser militar resuelve problemas que los militares y civiles han creado.

Desactivar las minas instaladas en 80 países exigirá cinco… siglos de trabajo, si no se acelera el paso y no se usan nuevas tecnologías. Unos 200 países firmaron el compromiso de no usar este tipo de armas y eliminar las que existen (Convención de Otawa), pero nadie puede ser optimista si los conflictos se multiplican en el globo. Ya no es una epidemia universal, pero en la Tierra aún se instalan unas mil minas por semana. Chile no escapa del problema. Ya dejó de sembrar minas antipersonas, pero acaba de pedir 8 años más para ubicar y desactivar sobre 170 mil antipersonas y las antitanques repartidas por el territorio desde los años ’70.

Podemos encontrarlas en sitios muy visitados como el camino a las Torres del Paine, en los alrededores de San Pedro de Atacama, El Tatio, altiplano de Arica, en los parques nacionales de Surire y el Lauca. Incluso las hubo, y tal vez las puede haber aún, en Tejas Verdes, Valparaíso, Peñaflor, Malloco… Desde los ’70, acá 30 personas han muerto y 120 sufrieron mutilaciones severas por esta causa. Tenemos 198 campos minados, en una superficie de 2.608 hectáreas, la mayoría sobre 4 mil metros de altura. La quebrada Escritos, cerca del paso internacional Chacalluta, en el extremo norte, parece ser el lugar más densamente minado.

No hay fuentes de información independiente, sólo el Ejército y una entidad que se mueve con pies de plomo: la Comisión Nacional de Desminado Humanitario, encabezada por el titular de Defensa, Rodrigo Hinzpeter. Grave es la situación mundial en materia de campos minados. Por eso Weetjes trabaja hace mucho con sentido de máxima urgencia. Admite una culpa compartida de Europa en el origen del problema. El colonialismo dejó un trazado arbitrario de países y regiones del Tercer Mundo, que ha producido muchos de los conflictos en Africa y el Sudeste Asiático, con las consiguientes siembras de minas y proyectiles.

“Pero hoy, los conflictos entre vecinos no se producen tanto por las líneas de frontera sino por la fricción entre naciones seguidoras del capitalismo y del marxismo”, asegura. En muchísimos casos, claro, es difícil no ver en el antiguo colonialismo el origen de una pobreza que lanza a los pueblos a guerras ideológicas y bélicas. Mozambique y Angola, por ejemplo, en que este monje trabaja con mayor esfuerzo, salieron ayer nomás de casi cinco siglos de colonialismo portugués. Tras la guerra de independencia se produjeron guerras intestinas y sus territorios se llenaron de campos minados, hasta hoy.

Los cubanos y hasta el Che Guevara llegaron a la región de la mano de la ex URSS. Hoy, 21 naciones africanas están afectadas. Otro caso grave es Colombia. Las trampas explosivas tienen origen político-militar, y sus muertos y amputados suman más de 10 mil desde los ’90. Son sembradas por la guerrilla y también por quienes la combaten. Terminar con los campos minados no sólo evita muertes, advierte Weetjens. La limpieza de millones de hectáreas devuelve a la gente  —poblaciones africanas y asiáticas que viven precariamente— tierras agrícolas, ganaderas y de potencial turístico. Las fronteras se vuelven a abrir, es posible soñar con la paz… Se acaban los campamentos de desplazados internos y refugiados. Desaparecen obstáculos para entrega de servicios de salud y ayuda humanitaria, se pueden construir caminos y despejar problemas que acarrean escasez de alimentos, malnutrición y traumas sicológicos. Wp-ratones-450-3 Grandes letreros anuncian en Mozambique la presencia de Campos de Entrenamiento de ratas (Campo do Treino Dos Ratos). Es el primer país donde Weetjens y su gente pusieron a sus roedores gigantes a trabajar en campos minados, hace una década. Los primeros pasos en Africa los dio mucho antes en simulados campos de explosivos en Tanzania, sede mundial de su ONG, donde entrenaron estos roedores muy eficientes por su olfato perfecto y el tamaño de una pequeña liebre saltadora (hasta 80 centímetros contando la cola). Las ratas complementan el trabajo que en otros lugares hacen perros especializados o modernos radares de penetración de tierra o sistemas de detección infrarroja. El empleo de ratas de Gambia es el más económico y un camino de solución mientras Africa siga siendo castigada por la pobreza.

Weetjens desde muy niño tuvo pequeños roedores como mascotas que luego criaba y vendía sus hamsters. Fue el punto de partida. Cuando tomó conciencia de que el mundo estaba sembrado de bombas antipersonas y antitanques, y de municiones sin explotar, encontró un nuevo sentido a su vida como ingeniero. Abandonó lo que hacía como profesional en Bélgica y se puso a estudiar nuevas formas para enfrentar el problema. Intentó sumarse al sistema tradicional (el uso de perros) pero muchos se enfermaban… Los detectores de metales no son eficientes en los suelos africanos por los altos niveles de hierro, que dan alarmas falsas.

Hasta que leyó a un autor judío-norteamericano sobre jerbos, roedores muy parecidos a los hámsters, y artículos sobre el uso experimental de ratones para descubrir explosivos en aeropuertos. De ahí surgieron parte de las ideas que aplica. —Mis primeras investigaciones las hice en Amberes, dentro de un laboratorio arrendado. Pronto me di cuenta de que debía buscar un lugar cercano a naciones muy afectadas por los campos de minas. Por eso, en el 2000 escogimos como sede mundial a Morogoro, pequeña ciudad de Tanzania, a 190 km de Dar-es-Salaam. Tenemos 24 hectáreas para entrenar ratas y seguir avanzando en el perfeccionamiento de los sistemas.

—Cuando planteó la idea de emplear ratas en la detección de minas, los especialistas tuvieron motivos para regocijarse y hacer chistes sobre usted.
—Hubo algo de eso, pero sólo al comienzo. Cuesta abrirse a ideas nuevas. Hoy nadie se ríe.

—¿Vendrá a estudiar el caso de los campos minados de Chile?
—No lo sé. Existen otras urgencias por ahora. Pero es algo que debo estudiar. Ejemplo mundial de creatividad y, también, de empresario social, Weetjes pertenece a una categoría de emprendedores que piensa primero en el hombre que en el beneficio económico.

Con la ayuda del gobierno belga y de una universidad de Tanzania han podido avanzar con la ONG creada para llevar adelante su “misión”, llamada APOPO, siglas de su nombre en idioma flamenco: Anti-Persoonsmijnen Ontmijnende Product Ontwikkelin. En ella trabajan unas 140 personas, casi todas africanas, que son los principales entrenadores. Wp-ratones-450-2Para contrarrestar la resistencia ancestral que muchos tienen a las ratas, les dio el nombre de ratas-héroes, que en inglés quedó como heroRATs. Personas y empresas pueden ayudar a financiar a la ONG “adoptando” uno o más de estos roedores por un mínimo de seis euros mensuales o 60 anuales. Se sabe que fabricar una mina antipersona puede llegar a costar apenas un dólar. Eliminarla, mil dólares. herorats@herorat.org  www.apopo.org  www.herorat.org

A fines de 2013, las ratas con entrenamiento completo suman 300, pero sólo unas pocas han sido capaces de despejar 8 millones de metros cuadrados en Mozambique, hoy aprovechables por el hombre. Hicieron este trabajo en conjunto con sistemas tradicionales. Los perros pueden ir un poco más rápido, pero corren riesgo por su peso. También existen diferencias de costo. Un perro bien entrenado puede venderse en 40 mil dólares y requiere un espacio mayor. Una rata gigante de Weetjes, vale algo más de una décima parte. Claro que el entrenamiento es largo en ambos casos, pero la forma como se hace con las ratas resulta tal vez más interesante. Ellas escanean unos 100 metros cuadrados en media hora, el doble que un desminador manual, y viven alrededor de 8 años porque no les afecta el clima tropical.

Otra alarma ha puesto en tensión a Weetjes. En 2002 leyó un informe de la Organización Mundial de la Salud, OMS, con el siguiente pronóstico: en 2015 se podrían multiplicar por cuatro las muertes por tuberculosis, TBC, sumando unos 8 millones de personas en el mundo. Se puso a estudiar qué hacer. Leyó que los antiguos chinos lograban diagnosticar el mal por la saliva, marcada por un olor semejante al del alquitrán. Pensó que si el hombre tuvo alguna vez esa capacidad detectora, a pesar de disponer de un olfato casi inservible, una rata de Gambia o un buen perro podría detectar el mal en su etapa menos aguda y así salvar a muchos. Hoy, las ratas trabajan oliendo la saliva de africanos que viven en zonas donde abunda la TBC.

Se estima que ya impidieron a lo menos 14 mil transmisiones del bacilo. Es sólo el comienzo. Con toda su experiencia, Weetjes advierte que si alguien quiere expresar desprecio por una persona nunca debería adjetivar con ‘rata’ porque ésta es una heroína que ayuda a defender al hombre del hombre. Es la nueva amiga del hombre.