Catalina Swinburn Kufferath mantiene intacto el garbo de sus años de modelo. Pero las pasarelas ya no son más que un recuerdo. Ahora vive otros tiempos, con más ‘prisa y vértigo’ como ella misma dice. Parece fácil, pero no es tan simple planificar la vida entre Londres, Santiago y la capital argentina, donde tiene su base y también su taller. La artista visual, quien junto a Tere Aninat compone una de las duplas más vanguardistas en la escena artística, es como un pájaro que cuesta atrapar. Un día aquí, otro allá.

Estudió arte en la Universidad Católica, después letras y filosofía en Barcelona y finalmente curatoría en St. Martins School of Art and Design, en Londres. A los pocos años, se unió a Tere Aninat para formar un colectivo que desarrolla su campo de trabajo en torno a la memoria, con obras donde interactúan lenguajes de instalación, performance y fotografía.

Hija del destacado arquitecto Jorge Swinburn, siguió los pasos de su padre y simultáneamente se dedica a la decoración y proyectos de ambientes. “Siento que de mi padre heredé muchas cosas: su manera de trabajar, la personalidad y ahora estoy convencida de que su influencia está en cada cosa que hago”, dice mientras nos muestra sus obras en la galería Isabel Aninat, que la representa como artista en Chile.

catalina-vertical-2Hace diez años debutó como el colectivo Swinburn+Aninat en la galería Selma Feriani de Londres. En ese mismo momento tuvo claro cuál sería su trabajo en adelante: unir grandes instalaciones, con situaciones perfomáticas y construcciones espaciales. Junto a Tere Aninat las cosas parecieron tomar rumbo. “Hablamos y todo partió como una utopía. Para ambas, el arte es un acto de fe y también de ficción. Al pensar de este modo, se desprenden dos cosas muy valiosas tanto para mí como para la Tere: que nuestro trabajo tenga un impacto a gran escala y, sobre todo, que el espectador experimente una vivencia espiritual. Nosotras concebimos el arte como un lugar sagrado, un espacio para la contemplación, pulcro y elevado. Desde esta perspectiva, no tuvimos problemas de situarnos frente al mundo como una pequeña sociedad”. Nunca se han detenido.

“Mi mamá Denise fue otro pilar de mi trabajo. Ella también era artista y lo creativo siempre estuvo dentro de nuestras vidas. Gracias a Dios nunca fuimos una familia convencional”, agrega.

Enormes terrazas con pasto, extensiones de mármol como grandes escenarios en la ciudad, edificaciones construidas con cartas de naipe. “Son todas instalaciones que buscan la idea de monumentalidad, pero no es suficiente… El registro en fotografía y video funciona como una obra paralela. Es ahí donde recién aparece el concepto comercial”.

Cambiar Buenos Aires por Santiago como centro de operaciones no obedeció a ningún capricho creativo. Sólo se debe a que su marido participa activamente de las temporadas de polo en Argentina e Inglaterra. “Es más, pienso que en Chile se están dando muchas oportunidades. Efectivamente, existe una plataforma, donde participan agentes del Estado y también privados, que permiten generar obra e impacto. No me cabe duda”.

catalina-vertical-1Vive en La Recoleta. Para ir de su casa al taller sólo camina. “A veces pienso que la ciudad, la calle, es mi verdadera oficina, el centro de operaciones”. De ahí que se autodefina como una mujer completa y absolutamente urbana. Se levanta temprano, toma un mate y comienza su periplo. “En nuestra obra participan muchas personas: bronceros, curtidores, mueblistas. Por eso nos gusta hablar de que somos un colectivo, interdisciplinario y donde convergen muchos oficios. No podría ser de otra forma: investigamos a fondo cada uno de los materiales, estamos con la gente en los procesos de elaboración, no descuidamos detalle. No tengo remedio: soy eternamente curiosa”.

Rachel Whiteread, Rebecca Horn y Gordon Matta Clark son sus referencias, sobre todo el último. Fue con la obra del artista chileno con el que preparó su proyecto de titulación. “Gracias a eso logré acercarme a su obra y tuve acceso a material inédito que encontré en Santiago y en el extranjero”.

Tiene planeado exponer en Londres, Dubai y en junio presentará junto a Aninat la instalación Las cuatro virtudes cardinales, donde en formato de grandes monedas recrearán la figura del rey Juan Carlos para hablar del euro; de Isabel de Inglaterra para señalar la libra esterlina; de Washington para el dólar, y finalmente la mujer mapuche como representación de lo chileno.

Es una reflexión que proviene de otra saga creativa: Indulgencias. Bajo ese título aparecen las tensiones entre las figuras de poder y lo virtuoso. “O en otras palabras: la forma en que ‘debe ser’ una persona para aparecer como un ícono monetario. En este caso, como una pieza única y de intercambio comercial, un gran símbolo histórico y de poder”.

Sus inquietudes son las mismas casi desde que tiene memoria. “Siempre supe que quería estar relacionada con algo que fuera creativo. Nunca imaginé estar todo el tiempo encerrada en una oficina”, cuenta mientras toma una infusión de té verde con jengibre y ordena su look exótico, gitano y cosmopolita.