Música, luces infinitas y una ciudad con edificios de la Edad Media que parece salida de un cuento de hadas. ¿Qué más podría pedirse? Si se trata de vivir navidades soñadas, de esas que se ajustan pieza a pieza a lo idealizado desde la infancia, Edimburgo es el destino indicado.

Con una serie de actividades que mezclan las tradiciones celtas, protestantes y católicas, la Navidad en Edimburgo se transforma en el prólogo de otra celebración con la que culmina el período de festividades y que tiene sus raíces en la cultura vikinga: Hogmanay o el Año Nuevo escocés.

Es que la capital escocesa, un sitio ya de por sí magnético y con áreas declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, se vuelve aún más atractiva para recibir a miles de turistas con una pista de patinaje sobre hielo, maravillosos mercados, una noria gigante, carruseles, juegos y otras atracciones que se montan en el centro de la ciudad en la época de festividades.

Como las noches son largas y heladas en este momento del año, la luz es un elemento crucial para dar vida y calor a las celebraciones. Y es por eso que la Navidad en Edimburgo comienza a fines de noviembre con una ceremonia conocida como “Light Night”.

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El evento “sintetiza el verdadero espíritu de la temporada festiva: familia y comunidad”, se realiza en un marco musical de ensueño: coros de toda Escocia cantan frente a miles de personas para dar inicio a una fiesta que se toma todas las calles de la ciudad situada a orillas del fiordo del río Forth.

En esta jornada, realizada el 20 de noviembre, se encendieron las más de 60.000 ampolletas de colores que conforman la famosa “Street of Light” —una instalación que cubre parte de “George Street” y en la que los visitantes pueden asistir a shows de luces y sonidos—, así como también los árboles de Navidad que engalanan calles, comercios y hogares de una de las ciudades más visitadas del Reino Unido.

Si se trata de pinos navideños, sin duda el más emblemático es el que se ubica en la colina de The Mound, un majestuoso árbol con varios metros de alto que es un regalo del Consejo del Condado de Hordaland en Noruega a la ciudad para agradecer la ayuda que recibió de Escocia en la Segunda Guerra Mundial.

Las preparaciones y la espera son parte de la fiesta y el calendario de Adviento, una tradición cuyos orígenes se remontan a fines del siglo XIX en Alemania, se toma la ciudad para hacer la cuenta regresiva hacia la Nochebuena: entre el 1 y el 24 de diciembre distintos edificios de Edimburgo abren sus puertas al público. Este año, la lista promete incluir el Royal Lyceum Theatre, construido en la época victoriana, y otros más modernos como el de la Capilla de San Alberto Magno.

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Y si esto no basta para sentir el espíritu navideño, uno puede mezclarse con miles de Santa Claus y participar de una maratón conocida como “Santa Run”, donde los participantes vestidos con los típicos trajes del “viejito pascuero” conforman una gran masa roja que recorre 2,5 kilómetros para recaudar fondos con fines de beneficencia.

Otro paseo infaltable es recorrer los locales del tradicional Mercado de Navidad en Edimburgo con una taza de mulled wine (un vino especiado caliente con canela, naranja y clavos de olor) y probar exquisiteces como bratwurst, panqueques, strudels o alguna cerveza alemana.

El 24 de diciembre, los escoceses salen a la calle y se reúnen con amigos para beber alcohol y disfrutar de la música, mientras que el 25 es el día en el que suelen reunirse con sus familias e intercambiar “crackers”, un tubo de cartón envuelto en papel que contiene una sorpresa y es tirado por dos personas para ver quién se queda con el regalo. El 26 de diciembre se conoce como “boxing day”, una festividad británica que da inicio a las liquidaciones navideñas.

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La Navidad termina pero la fiesta continúa en Edimburgo, ya que sus habitantes se preparan para una celebración de Año Nuevo de tres días que también atrae a visitantes de todo el mundo y reúne, al igual que la ciudad, lo nuevo y lo viejo: Hogmanay, cuyo origen se remonta a la celebración del solsticio de invierno entre los vikingos.
En la tradición de estos pueblos nórdicos, se considera que el fuego purifica el espíritu y es por eso que las celebraciones de Hogmanay comienzan con un desfile en el que miles de personas avanzan con sus antorchas encendidas por la Royal Mile hasta subir a las colinas de Calton Hill.

La procesión conocida como “Torchlight” es una fiesta, liderada por vikingos con trajes típicos que marchan al ritmo de las gaitas y culmina con fuegos artificiales y una fogata en la que se quema una embarcación de madera.
El 31 de diciembre también se celebra con una fiesta multitudinaria en la calle. Princes Street se transforma en una gran pista de baile, donde miles de turistas y residentes locales pasan la última noche del año al ritmo de música en vivo y selecciones de djs, con un telón de fondo en el que se mezclan modernas pantallas gigantes con el imponente Castillo de Edimburgo. Desde esta antigua fortaleza, se tiran fuegos artificiales que vuelven la última velada del año un espectáculo impresionante.

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Esa misma noche se puede asistir a un concierto de música barroca en el interior de la Catedral de Saint Giles, que data del siglo XII, o unirse a una danza de ceidilh, donde los asistentes —algunos vestidos con faldas y trajes típicos— se congregan a bailar la tradicional danza escocesa.

Y si aún queda energía después de tantos días de fiesta, baile y manjares, uno puede sumarse al “Loony Dock”, en el que unos pocos valientes vestidos de gala terminan la celebración sumergiéndose en las heladísimas aguas del fiordo de Forth el 1 de enero. Pero este particular cierre de las celebraciones será recién en el 2017 y todavía queda tiempo para festejar la Navidad y despedir este año con todo el esplendor que ofrece Edimburgo.