Cecilia García-Huidobro, decana de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales, aún recuerda lo difícil que fue conseguir una entrevista con el escritor. Sentada en su oficina con música romántica de telón de fondo, no puede evitar reír al rememorar cómo el literato se las ingeniaba para inventar una excusa distinta en cada llamada, sin dar ninguna respuesta definitiva.

“Me tramitaba tanto que se me ocurrió decirle que hiciéramos una recopilación de sus artículos periodísticos, los que yo había ido juntando a través el tiempo. Sólo entonces me dijo, casi inmediatamente, ven la próxima semana. Cuando nos encontramos, él estuvo durante todo el tiempo con un perro que nunca paró de gruñirme. Fue cordial, pero no sacó a su mascota de escena. Sólo se limitaba a decirle ‘tranquilo, Cirilo tranquilo’. Así era Pepe. Tenía una cosa muy auténtica. No creía en la unidad de la personalidad, casi como que le encantaba contradecirse. Mientras seleccionábamos las columnas que en 1997 dieron vida al libro Artículos de incierta necesidad, muchas veces se desdecía al punto que llegué a pensar que no se podía trabajar con él, pero a la sesión siguiente te sorprendía con algo muy generoso que te hacía olvidar los malos ratos por completo”, cuenta García-Huidobro, editora de Diarios tempranos. Donoso in progress, 1950-1965.

No fue hasta más de una década después cuando la académica tuvo acceso a los diarios que guardó la Universidad de Iowa, Estados Unidos, y que registran sus pasos desde los 25 hasta los 40 años. “Creo que fue el 2004, probablemente en la víspera de algún aniversario, cuando llamé a su hija pidiéndole material para hacer alguna efeméride especial con fotos o cartas inéditas. Ahí, ella me contó que leyendo los diarios de su padre le había surgido la necesidad de escribir. Me llevó a ver un baúl y de repente sacó un escrito que a mí me deslumbró por completo. Al leerlo, le digo pero esto es lo que tenemos que publicar. Era el inicio de lo que después sería su libro. A partir de ese momento establecí una relación con Pilar a partir de los diarios. Ella iba mostrándome lo que escribía hasta que un día le pedí un cuaderno para saber cómo eran”. Ahí partió un verdadero trabajo de relojería que por más de cinco años llevó a Cecilia a bucear en la mente y el alma de quien “anteponía el proceso creativo ante todo”.

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—Usted fue testigo directo del calvario que vivió Pilar Donoso mientras daba vida a Correr el tupido velo.

—Fue un proceso muy fuerte. Un día me llamó para decirme que revisando el diario de su madre había decidido dar un paso al costado. ‘Esto no me está haciendo bien, está teniendo costos muy altos para mí’, me dijo. Luego, se empezaron a filtrar algunos de los fragmentos más controvertidos y hubo un episodio en particular con un diario que a ella le molestó mucho. Creo que ahí fue cuando se dio cuenta de que los diarios la iban a perseguir toda la vida y que era mucho mejor que ella los enfrentara antes en vez de dejarlo abierto y que se hiciera mal como ella estimó que los habían hecho los medios durante la primera aproximación. Fue muy valiente, pero le fue extremadamente duro.

Dividido en diez capítulos que suman más de 700 páginas, Diarios Tempranos funciona como una precuela de la obra de Pilar Donoso. Además, contiene tres poemas y seis relatos inéditos que datan de la década de los cincuenta; y parte fundamental del intercambio epistolar que Donoso estableció con distintos creadores, como Luis Buñuel, Nicanor Parra y Armando Uribe, entre otros.

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—Muchos consideran que Chile le debe a la figura de Donoso un sitial más importante que el que hoy ocupa.

—Si, absolutamente. En ese sentido es muy valioso lo que ha ocurrido con estos libros que lo vuelven a poner en perspectiva. Creo que sus diarios pueden contribuir a hacer patente el lugar que ocupa en el árbol genealógico de la literatura chilena. A nivel latinoamericano, es un autor que se sabe que construyó una nueva habitación en la literatura y eso lo hizo en momentos en que lo preponderante era el boom. Aun cuando era parte del grupo, siempre fue una especie de díscolo del realismo mágico que tenía una identidad muy personal, muy arraigada a los valores tradicionales de nuestro país.

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—Sin embargo, es su vida íntima y sexual lo que más interés ha concitado.

—Seguramente hay gente que tomará estos diarios para ver exactamente esos pasajes donde hay una imagen de un Donoso homosexual, lo que yo encuentro lamentable, porque es de un reduccionismo infinito. Este es un libro de largo aliento, de consulta. No está escrito para los expertos en su obra sino como una suerte de cantera donde mucha gente pueda nutrirse. Esta es mi lectura de sus cuadernos, no digo que sea la única forma para aproximarse a su literatura.