Ver a Julia Roberts sin zapatos bajando la escalera de la red carpet de Cannes es algo que no pasa todos los días. Claro, una se puede imaginar a la estupenda Julia de buzo y zapatillas -siempre estilosa- pero no en una alfombra roja sin zapatos y bromeando sobre eso con, ni más ni menos, que George Clooney. Bueno, será que pienso que despiertan con la piel tersa inmaculada, las manos y los pies “hechos” y hasta maquilladas/os. Lo loco es que tengo súper claro que no es así, pero lo sigo pensando. ¿El poder de Hollywood? Puede ser: termino enalteciendo a todos y cada uno de los que aparecen en la pantalla chica o grande. Pienso que nunca tienen un grano en la cara, sus raíces no crecen y nacen rubias/os, morochas/os y con el pelo rojo. Además, tienen los abdominales marcados porque así nacieron y no porque, probablemente, pasen más de la mitad de su día entrenando.

¿Por qué será que muchas veces olvidamos que las celebrities son personas tan normales como nosotros? Será que porque no lo son. Claro que no. Son aún más. No piensen que estoy loca, quiero explicar mi punto. Que alguien sepa que está siendo observado en todo momento -o casi todo- e intenta estar y sentirse bien con eso, es algo que requiere de una inteligencia y esfuerzo mental estrambótico. Imagínense: quiero ir a comer una pizza, llenarme los dedos de salsa porque la comeré con la mano, que incluso me quede en la punta de la nariz porque el pedazo es muy grande y, encima, me limpio con una servilleta barata que no alcanza a sacarme todo de la cara ni de las manos, y salir de ese lugar caminando tranquila al auto para volver a casa con la panza hinchada. Bueno, una celebrity no puede hacerlo, o si lo hace, tiene que prepararse para salir en todas las portadas y canales de televisión con una panza impresentable y asumir todo tipo de críticas.

Claro, también es lindo sentir aplausos cuando las críticas son buenas. Pero para eso hay que ser linda/o y saberse vestir o, en su defecto, estar bien asesorada/o. No es el común de la gente, pero pareciera que en Cannes toda la alfombra se vistió de extraordinarios seres humanos. Obvio, son los famosos de la tele que nacieron perfectos y lucen así cada vez que queremos verlos.

Tengo que asumir que cuando vi a Bella Hadid con ese vestido rojo impactante quedé con la boca abierta: el cuerpo/el vestido perfecto/s. Sentí cierta envidia porque me encantaría estar en alguna alfombra roja alguna vez en mi vida, usar un vestido así de infartante y robarme también todas las miradas. Pero, lo primero que pensé fue: para eso me tengo que olvidar del relajo de una tarde de domingo en la pizzería y de la nariz llena de salsa de tomate. Ahí me doy cuenta de que esa inteligencia, mucho más racional y cotidiana, me convierte en alguien menos normal que el resto, entre ellos los famosos. Aunque estoy convencida de que Julia Roberts tiene que haberse llenado los dedos de salsa alguna vez, sino no me explico esa sonrisa y esas ganas de sacarse los zapatos, no matter what.

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