“No, creo que eres gay”, especificó Mary a su amado Freddie, una vez que este le confesó lo que él entendía como la bisexualidad que experimentaba. Tras cinco años juntos, la separación resultó inevitable pero en las mejores condiciones. Ella terminaría mudándose a una casa ubicada justo al lado de Garden Lodge, la mansión que Mercury había comprado en el mismo sector de la capital británica en el que ambos se conocieron. Aquel espacio donde establecería su nuevo hogar, fue gestionado por el artista a través de la compañía discográfica.

Desde el instante revelador inherente a su sexualidad, la relación entre ambos se convirtió en confesionario permanente. Hasta cierto punto, despresurizó la tensión que Mary acumuló al notar a su novio un tanto distante cuando Queen se había convertido en todo un fenómeno. Por su mente cruzó la idea de ser engañada con otra mujer y la noticia contribuyó a colocar la situación en perspectiva.

Mientras el cantante continuaba a su manera, Mary se casaría y, al convertirse en madre, designó a Freddie como el padrino de su primer hijo. Años más tarde, él la incluye en el diminuto círculo de personas que conocerían su diagnóstico como portador del VIH.

Es así que el barrio londinense de Kensington trasciende como el escenario para el origen de una de las más grandes bandas de rock de todos los tiempos, así como de una peculiar historia sentimental que involucra a una chica inteligente, sencilla y discreta con un talentoso rockstar cuya proyección mundial trajo consigo un halo de extravagancia y, sobre todo, fastuosidad. Justo el encuentro de contrastes cuya ecuación los complementaba.

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SIN PRESIÓN

Farrokh Bulsara –el nombre verdadero de Freddie Mercury– nació en 1946 en Zanzíbar, isla que en la actualidad pertenece a Tanzania. Creció en la India y se instaló con su familia en Londres. Si bien la música y las artes plásticas se encontraban en sus intereses desde la infancia, optó por otra clase de actividades antes de estudiar moda y diseño gráfico en la universidad. Cuando se dedicó a vender ropa de segunda mano en el mercado callejero de Kensington, fue que se encontró con Mary, mientras ella realizaba labores de relaciones públicas en una tienda departamental. Era 1970 y Mary tenía 19 años. El trato entre ambos fue cauteloso y ella tardó en aceptar salir con Freddie. Le llevó unos tres años enamorarse y decidieron vivir juntos en una habitación con baño y cocina compartidos que arrendaban por 10 libras a la semana. Tímida por naturaleza, proveniente de una familia humilde radicada al sur del Támesis, abordó sin grandes expectativas al tren de Mercury, cuya fama era incipiente en aquellos días.

La química comenzaba a funcionar de tal manera que un día le obsequió una caja en cuyo interior había una más pequeña y así sucesivamente. El efecto estilo babushka era el preámbulo para llegar a un peculiar anillo dentro del estuche que se hallaba al final, Mary no pudo pensar otra cosa que estaban pidiéndole matrimonio. El obsequio terminó en la indefinición de las intenciones y la idea aparente se desvaneció muy pronto. Asumir que la propuesta fue poco seria o bien que hubo arrepentimiento por parte del músico, sería entrar en el ámbito de la especulación. Lo cierto es que, a partir de ese punto, la situación entre ambos comenzaría a adquirir otra clase de matices.

“Pude verle florecer y era algo maravilloso de observar. Me separé poco a poco, pero no estaba triste ni molesta, sino feliz por el éxito que conseguía gracias a su talento”, explicó Austin durante una entrevista concedida al Daily Mail en 2013. En esa conversación, reconoce de diferentes maneras la calidad humana de su entonces novio, al tiempo de mostrar con naturalidad la propia.

Una vez separados, el vínculo continuó de manera tanto personal como profesional, al ser Mary la secretaria de Queen. Una de las formas que Freddie encontraba para mantenerse cerca. “Nunca he sentido lo mismo, ni antes ni después, con nadie, lo amaba profundamente”, asegura Mary en la misma nota. Por su parte, Freddie lo reiteró al confirmar que “no podría enamorarme de un hombre como me enamoré de Mary”.

TÚ, MI MEJOR AMIGO

Si bien Mercury continuaría incrementando considerablemente su listado de conquistas, sería Jim Hutton su compañero estable desde 1985, cuando se reencontraron en un bar gay. Se mantendrían juntos hasta la muerte del vocalista.

En Freddie Mercury: la biografía definitiva, escrita por Leslie-Ann Jones, se apunta que Freddie se contagió de sida en algún punto de Estados Unidos durante el verano de 1982, mientras Queen realizaba la gira Hot Space. Hutton también contrajo el VIH aunque no lo desarrolló. Lo que acabó con su vida fue el cáncer casi veinte años después de la muerte de Mercury. Hasta entonces, vivió tranquilamente apartado del show business en la casa que construyó enw su natal Irlanda y sobre un terreno que le correspondió como parte de la herencia de su pareja.

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Cuando Freddie recibe el triste diagnóstico, estableció una estrategia de sigilo absoluto con la firme intención de proteger a las personas más cercanas. Fue así que no hizo pública su condición sino hasta un día antes de su muerte, ocurrida el 24 de noviembre de 1991. Y eso por la presión de los medios que hacían circular rumores sobre su estado de salud debido al distanciamiento de los escenarios y la imagen deteriorada que presentaba. En un inicio, solo tres personas sabían lo que estaba sucediendo: Mary, Jim y el manager de Queen.

LEVANTAR EL VUELO

En su testamento, fue Mary quien apareció como la principal beneficiada. Entre otros bienes, le dejó la mitad de su fortuna, parte de los derechos de autor de sus canciones y la famosa mansión de Garden Lodge, sitio que conserva la imborrable presencia del artista. Se mantiene la habitación amarilla donde se despidió, los muebles Luis XV por todas las estancias y el piano donde compuso Bohemian Rhapsody, la canción más experimental del cuarteto que lideraba. “Aprendí tanto de él y me dio tanto, que nunca podría abandonarle, nunca”, dijo Mary con respecto al tiempo que pasaron juntos antes de partir. Una muestra más de su compañerismo de alma.

En su testamento, el poseedor de un timbre vocal único, incluyó una cláusula que especificaba una petición singular: Mary tenía que hacerse cargo de las cenizas del cantante. Justo el lugar donde descansa se ha convertido en todo un misterio desde entonces. Lo único que declaró al Daily Mail, fue que realizó la encomienda dos años después del fallecimiento del cantante. Cumplió con su voluntad al no revelar el sitio donde colocó la urna. Fue una mañana que salió de Garden Lodge, escabulliéndose del personal de servicio argumentando que se haría un tratamiento facial.
“Nunca traicioné a Freddie en vida, ni le traicionaré. Así pasen muchos años después de su muerte”. Es así como, la musa inspiradora de la canción Love of My Life, asegura que morirá con ese secreto. Más allá del final de los días del emblemático cantante de Queen, la lealtad y cariño que surgió entre ellos, continuó sin considerar el entorno como un obstáculo.