Conectados casi automáticamente con el equipo de los All blacks, la imbatible selección nacional de rugby de Nueva Zelanda, que antes de cada partido practican su intimidante haka (danza) llamada Ka Mate, la etnia maorí hace tiempo ya que se ha hecho un espacio en la cultura pop.

Asunto extraño dirán algunos, pues por siglos la humanidad caminaba hacia el ocultamiento o directamente a la extinción de los pueblos originarios. Tuku Iho, legado vivo maorí, viene a mostrar que el mundo está cambiando. Aparte de los objetos rituales, bailes, catorce artistas de esa etnia traerán todo el arte que producen, incluso se proponen tallar un tronco de unos cuatro metros de largo durante la exposición en el GAM.

Materiales como madera, piedra, hueso y jade. Tejidos, armas, adornos personales, herramientas ceremoniales, decoración de viviendas, representaciones de antepasados, utensilios cotidianos e instrumentos musicales fueron creados por estudiantes y tutores del New Zealand Māori Arts and Crafts Institute (NZMACI), organización fundada en 1926 para la protección, promoción y perdurabilidad de las artes y cultura maorí, hoy dirigida por Karl Johnstone.

Si lo suyo son los tatuajes —Ta moko, en su lengua— también vendrá una exponente a mostrar este “tallado” con cinceles y pigmentos. Si tiene suerte podrá hacer una Haka con el grupo Kapa Haka.

Marta Castillo, encargada de prensa de la muestra por parte de la Embajada de Nueva Zelanda nos cuenta por qué los maoríes se han ganado su espacio en el mundo globalizado. “Han mantenido su cultura originaria y se han insertado gracias a acuerdos. El primero en 1840, con la corona británica que se considera el documento fundacional del país. Aquí se fija que los jefes maoríes conservarían sus tierras y su calidad de jefes. Y se ha respetado hasta hoy, porque existe un tribunal, llamado de Waitangi establecido en 1975 que ha emitido dictámenes ante varios reclamos de las tribus maoríes y, en muchos casos, se les han devuelto tierras. En Nueva Zelanda los maories son administradores y dueños de grandes terrenos como Parques Nacionales entre otros.

—¿Cómo han influido las políticas culturales de Nueva Zelanda en la protección y promoción de los maoríes?

—Mucho, en Nueva Zelanda la cultura Maorí se respeta y cuida, y existen políticas culturales, educativas y turísticas encargadas de su protección. Es un agregado atractivo para el país, una riqueza. Existe incluso un Ministerio de Asuntos Maoríes, que es una de las instituciones más modernas en temas de inserción y desarrollo de los pueblos originarios. Pero además los maoríes son parte integrada de la vida de los habitantes de Nueva Zelanda, representa el 14 por ciento de la población y su idioma, tradiciones e historia son fundamentales para la identidad de Nueva Zelanda.