En un altillo donde conviven modernos computadores, delicadas ediciones de libros, junto con las réplicas exactas de los últimos lentes de Salvador Allende, se refugia por estos días Alfredo Saint-Jean Domic (71), este promotor y gestor cultural con más de cincuenta años de carrera, que a pocos meses de regresar de una temporada en Nueva York, parece estar en un trance entre un torbellino de ideas, conexiones, historias y toneladas de presente. Mucho más del que alardean la mayoría de los millennials que arrecian por estos días.

Para llegar a su propio “segundo piso”, con vista privilegiada de la playa de Tunquén, se debe transitar un largo túnel de madera que da la impresión de estar en el tubo de una ola.

De pelo largo y barba tupida, para muchos está irreconocible, pero su risa contagiosa y conversación larga nos reencuentran con el socio fundador del Teatro Nescafé de las Artes, el hombre que puso en escena la vuelta a la democracia en el Estadio Nacional —con la imborrable bandera gigante en el centro—, que produjo el regreso a Chile de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, dirigió el Festival de Viña, los conciertos de Amnistía Internacional y que trabajó codo a codo en el gobierno de Ricardo Lagos en el gran estallido cultural de comienzos de siglo.

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Pero todo eso es cuento pasado para Saint-Jean, inquieto intelectual que luego de haber superado un cáncer, parece una arrolladora tromba de ideas, que van desde el reciente lanzamiento de la recopilación Teatros de Chile (Ocho libros), su trabajo con  la Asociación de carpinteros patrimoniales de Chiloé (ACP) —a quienes ayuda a organizarse—, o su faceta como padre-consultor de ascendentes figuras culturales como la diputada Karol Cariola o Andrea Gutiérrez, presidenta del Sindicato de Actores de Chile (Sidarte).

Todo mientras participa activamente en las producciones de dos grandes conciertos con sus amigos Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina y un potente grupo de más de 300 personalidades —entre premios nacionales y artistas como Ramón Núñez, Héctor Noguera, Faride Zerán, Antonio Skármeta, Eric Goles, Darío Grandinetti, Chayanne o Paulina García—, piden un reconocimiento gubernamental para la dilatada trayectoria de Saint-Jean.

“Reconocido como impulsor de la escena de la música chilena, creador de eventos impecablemente concebidos y llenos de significado, su trayectoria refleja un espíritu incansable y una búsqueda permanente por innovar y mejorar nuestra calidad de vida como ciudadanos”, dice parte de la carta enviada por el grupo a la Presidenta Bachelet.

Y es que el tonelaje cultural de Saint-Jean es pesado. El mismo reconoce que antes de descubrir y hacer despegar las carreras de bandas como Aguaturbia, Escombros, Los Blops o Los Jaivas, lo que más lo marcó en esos tiempos fue trabajar, en 1964, en los trenes culturales de la candidatura presidencial de Salvador Allende.

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“Siento que cada cierto tiempo emprendo nuevos proyectos. La remodelación y funcionamiento del ex Teatro Marconi, hoy Nescafé de las Artes, me tomó mucha energía, pero ahora la dirección la lleva mi esposa, Irene González, y eso me ha permitido ver mis próximos pasos, como por ejemplo crear la Comunidad de las Artes alrededor del teatro (con cincuenta mil socios), además de conectar ideas con mujeres como Andrea Gutiérrez (Sidarte) y la diputada Karol Cariola. Ellas son mis hijas políticas, que me entregan vitalidad. Estoy conectado con las generaciones más jóvenes, sé lo que piensan y hacen. Me encanta que ellas recurran al ‘consejo de ancianos’, que en Chile está desprestigiado”, plantea mientras se define como un “animal político” que ve con pena el panorama actual. “Se murió el diálogo, todos creen tener la razón. Cuando volvió la democracia, todos pensamos que la conversación regresaría y llevamos 30 años y las relaciones han empeorado”, agrega. Pero lo cierto es que casi a sus 72 años, Alfredo Saint-Jean ha creado una red transversal de amistades que dan crédito de su estratégica relevancia en el mundo cultural local e internacional.

Como ambos tenemos casas en Tunquén, compartimos largas caminatas por la playa. Tengo la impresión de haberlo conocido desde siempre. Recuerdo haber hablado de él con Joan Manuel Serrat en Madrid en tiempos en que el artista tenía prohibida la entrada a Chile. Es un soñador, a él se le aplica lo que alguna vez pidió Nissim Sharim ‘exijo sueños, no números’. Tiene otra forma de mirar al mundo, transforma sus sueños en acciones en el escenario. El creó algo nuevo de la nada, construyendo un relato para las distintas etapas de nuestra historia. Cuando llegué a La Moneda, es él quien ideó la gala de la Estación Mapocho que dejó impresionados a todos los mandatarios. El no es alguien que esté pensando en el pasado, está soñando en el futuro. Siempre ha estado en la vanguardia”, cuenta el ex Presidente Ricardo Lagos.

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Su mujer, Irene González Peña, directora del Nescafé de las Artes, lo conoce desde mediados de los ochenta y están juntos desde 1998. “Ese niño que tiene le equilibra el ego. Para algunas personas será un tipo pesado, porque es muy seguro de sí mismo y no tiene miedo de enfrentarte. Tiene mucha consciencia de su aporte al país. Inventó una cosa que no existía en Chile: creó eventos con contenido, con un relato que tiene que ver con nuestra historia y personajes, algo completamente inédito. Recuerdo por ejemplo el cierre de la campaña presidencial de Ricardo Lagos en la Alameda, la cumbre de Río o la Apec, eventos donde se mezclaban grupos legendarios con actores y vendedores ambulantes típicos de las distintas regiones, todos unidos por un relato que habla de lo que somos como país, de nuestra riqueza cultural”.

Antonio Skármeta apunta a su búsqueda permanente: “Hace unos años, el director de un teatro se comprometió a estrenar una obra mía y me dejó plantado. Alfredo fue mi paño de lágrimas y comenzó a buscar un teatro donde estrenar así se enteró de que se vendía el ex Marconi. Su aporte a la cultura chilena e internacional, como productor y gestor merece un standing ovation”, dice. “Cuando fui agregado cultural en Barcelona y se cumplían los cien años del nacimiento creamos Neruda en el Corazón con Víctor Manuel, Miguel Bosé, Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Joaquín Sabina. Todo salió de la cabeza de Alfredo”, relata el actor Julio Jung.

“Nunca conocí a alguien que cambiara su forma de vivir por un proyecto. Antes de inaugurar el Teatro Nescafé de las Artes cambió todos sus hábitos para estar concentrado y a la altura de un proyecto como ese”, dice la cantante Nicole sobre la gestión de Saint-Jean en un teatro que, entre otras cifras, lleva a 100 mil niños al año a su sala y que cuenta con un récord de más de 400 funciones por año.

“La cultura es nuestro modo de vivir, de relacionarnos, de pensar, sentir, amar, construir y reconocer el valor del pasado, vivir el presente y soñar el futuro”, dice cuando piensa en nuestra sociedad, una que no tiene inconvenientes en proyectar con la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei. “Hace poco nos juntamos porque quiere recuperar el barrio Manuel Montt, entonces me vino a hablar de edificios e iluminación, de cafés y restoranes y cómo potenciarlos. Me habló de en qué partes podríamos cerrar la calle para eventos. Tiene la propuesta de poner bancos con figuras y ¡me encantó! No sólo venía con ideas, sino también con formas de encontrar financiamiento para embellecer el entorno y eso es hacer ciudad”, dice Matthei.

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Artistas como Joe Vasconcellos, a quien conoció en Brasil (“soñábamos con la idea de volver a Chile y hacer esas producciones que veíamos”), Denise (“Nuestra cultura tendría una pata coja si no fuera por Alfredo”) o Sergio Lagos (“Lo veo como un provocador tratando de llevar la reflexión de la sociedad civil a actos y números artísticos”) también coinciden en su gigantesca capacidad creativa y colaborativa.

Hoy Alfredo está interesado como el que más en lo que nos pasa como sociedad. Le encantaría sacar el Congreso de Valparaíso y convertirlo en el mejor centro cultural de Sudamérica. Su conexión con nuevos líderes culturales lo tiene expectante. “Siempre le digo que es como mi ‘Gandalf’, porque todo el tiempo me está aconsejando. Es mi consultor político y personal porque tiene una actitud súper paternal y siempre está muy atento. Me advierte que el mundo político es de mucha envidia. Es tan feliz como melancólico, tiene la capacidad de ver las cosas desde distintas dimensiones”, dice la diputada Karol Cariola, quien junto a Andrea Gutiérrez forman parte de su nuevo grupo de avanzada. “Tiene un nivel de conexión y actualización sorprendente. El entiende que hoy el desafío de la cultura, desde la política pública, es empoderar y visibilizar lo que sucede en los territorios, no sólo llevar cosas, sino también dejar que cada uno construya una autonomía cultural”, sostiene la presidenta del Sidarte.

Siempre listo para el próximo paso, Saint-Jean sabe cuál es su capital: “Ser un puente permanente de colaboración. No tengo otro interés que ayudar a crear una sociedad mejor, más justa y donde nos podamos relacionar mejor”.