Su primer ‘nado’ fue en Isla de Pascua. En 1977 Alexandra Cousteau (40) era una guagua de sólo seis meses y viajaba en el mítico Calypso con su famoso abuelo Jacques y sus padres Philippe y Jan. También iba en ese ex dragaminas —como una más del equipo que registraba un documental— su abuela Simone.

Esta última, una figura casi anónima para el público internacional, pero que es una leyenda por ser una de las primeras mujeres exploradoras en el mundo.

“Sí, Chile fue una de mis primeras exploraciones. Si se fijan en esa película aparezco cuando hacen una toma aérea del campamento. Estoy en los brazos de mi mamá; si pestañean se lo pierden”, cuenta riendo la cientista política de Georgetown y activista ambiental que llegó a Santiago a promover la segunda temporada de la serie Planeta en peligro, del canal NatGeo (martes a las 23:00 horas). En el programa son productores James Cameron (Titanic), Jerry Weintraub (La gran estafa) y Arnold Schwarzenegger (Terminator).

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Figura televisiva y fundadora de la organización EarthEcho International, comparte la pasión ambiental con su marido, el arquitecto alemán Fritz Neumeyer, y sus hijos Clémentine (5) y Balthasar (1). “Tenemos embarcaciones en las dos costas: Estados Unidos y Europa”, agrega.

Siempre atribuyen su pasión de exploradora ecológica al ADN Cousteau, relegando la genética heredada de Simone Melchior (1919-1990), la primera mujer acuanauta del mundo.

—¿Qué nos puedes decir de tu abuela?

—Fue una pionera. Hasta hoy es un ejemplo para las mujeres. Evitaba figurar, prefería trabajar ‘en la sombra’. Y ganó la Medalla de Honor de Francia por navegar millones de millas en el Calypso.

—¿Cuál fue su rol?

—El resto de sus compañeros la llamaban “la pastora” porque era quien congregaba a todos.

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—De niña, ¿te inspiró su estilo de vida?

—Lamentablemente no conocí mucho a mi abuela. A diferencia de la relación cercana que tuve con mi abuelo Jacques.

—¿Por qué?

—Primero, no crecí en el Calypso. Mi papá tenía su hidroavión en el que hacía sus propias expediciones y películas. Yo andaba con él.

—¿Fue por un tema de agenda?

—Luego de que mi padre murió, creo que le fue muy doloroso vernos (a Alexandra y su hermano Philippe Cousteau Jr., quien nació seis meses después del deceso del explorador). Mi papá era el favorito de mi abuela.

Philippe era el segundo hijo de Jacques Cousteau y Simone. El más cercano a ellos por su trabajo en el Calypso. Se convirtió en leyenda entre los exploradores por las colaboraciones con su famoso padre y también por sus aventuras independientes. Su muerte en 1979, a los 38 años, luego de que su hidroavión cayera en el río Tajo (Portugal) causó conmoción entre sus pares. En la familia fue un durísimo golpe.

La intensa relación entre el carismático heredero y sus padres se refleja en la película L’Odyssée, del director Jérôme Salle, en cines desde mediados de octubre en Francia. En la historia colaboró Jan, la mamá de Alexandra.

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—La cinta revela el crucial papel de tu abuela Simone (interpretada por Audrey Tautou) en la trayectoria de Jacques Cousteau.

—¡Era increíble! La pasión la movió a navegar y explorar. Eso era lo que quería ser y la hacía feliz. Fue una mujer muy valiente y decidida. No tuvo una vida fácil, pero sí una muy fascinante.

—¿Una leyenda silenciosa?

—Sí. Hay una tendencia a ignorar a las mujeres en el campo de los exploradores. Han tenido una relevancia tremenda en nuestro conocimiento del mundo y nadie habla de ellas…

—Todos preguntan por Jacques Cousteau y nada acerca de Simone.

—Sí. Ella vendió todas sus joyas para financiar la primera expedición de mi abuelo. Y fue gracias a su papá que Cousteau logró conocer a Émile Gagnan, con quien coinventó los tanques para bucear y respirar bajo el agua (Aqua-Lung). Y, según cuenta la historia, mis abuelos estaban en un restorán de Marsella cuando ella entró en conversación con otra mesa porque —era linda y extrovertida—.

Empezó a contarles sobre el sueño que tenían de explorar el océano. Y resultó que uno de los comensales era Lord Guinness, quien les dijo: “Yo tengo un barco que les puede servir. Ahora funciona como ferry en Malta. Lo pueden ver mañana y si quieren le cambian el nombre, se llama Calypso”. ¡Y resultó perfecto! El se los ‘arrendó’ por un monto simbólico de un franco al año. Nunca fueron dueños de esa embarcación.

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Alexandra no se refiere con detalle al Calypso. Actualmente la persona que tiene los derechos sobre éste es Francine Triplet, la segunda viuda de Jacques Cousteau. Con ella el explorador mantuvo una segunda familia paralela. Se casaron a un año de la muerte de Simone, quien tuvo un funeral con honores militares. El famoso barco, luego de que se hundiera en 1996, fue rescatado y todavía —por falta de fondos— espera volver a navegar.

—Al igual que tu abuela, eres una exploradora y madre, ¿cómo lo haces con tus niños?

—Me acompañan en las expediciones y se involucran en lo que hago. Espero que mi generación tenga éxito en la cruzada por cuidar el planeta para que nuestros hijos —de aquí a veinte años— se beneficien de las ventajas de los ecosistemas.

Su propia aventura.