Hollywood ama los ‘regresos’ inesperados de sus estrellas más queridas fuera de circuito. Especialmente, cuando dejan claro que el talento jamás se ha ido, sólo los focos estaban apagados. El mundo del ballet reaccionó con la misma pasión cuando Alessandra Ferri (53), la italiana que dijo adiós a su público en 2007, anunció en 2013 que volvería a sus zapatillas de punta. Medios internacionales corrieron a cubrir este retorno. La revista Vogue le realizó una sesión fotográfica. Vanity Fair la capta con la lente como un ser etéreo de otro mundo. Y una gran firma la contrata como modelo de una campaña de belleza para un serum. Nada es exageración. Esta mujer de cabello eterno es de esos talentos que establecen una vara en su arte. Y, en medio de todo esta fiebre internacional, el público chileno tendrá la oportunidad de verla con una intimidad increíble el 19 y 20 de noviembre en el Teatro del Lago.

A primera hora de la mañana, desde su penthouse en el neoyorquino Upper West Side, esta madre de dos chicas adolescentes (Emma y Matilde) habla con CARAS sobre esta aventura que la trae al sur. La voz calmada y actitud sencilla no dan pistas de su estatus de diva. De ese ascenso excepcional que, a los 19 años, la tenía como la primera bailarina más joven en la historia del Royal Ballet de Londres. Ni que, a los 21, Mikhail Baryshnikov la ‘raptó’ para que fuera la estrella del American Ballet Theatre por más de dos décadas. Esa pequeña niña que aprendía la técnica en La Scala de Milán durante 20 años hizo de pareja artística con Julio Bocca, mentor de Herman Cornejo (35) su nuevo partner que la escolta a Frutillar para presentar Trio Concert Dance, donde los acompaña al piano el excepcional Bruce Levingston.    

Tras una coreografía en el Spoleto Festival en 2013, volvió la pasión e inmediatamente surgieron proyectos como las aplaudidas Chéri, Woolf Works, Duse (todas de historias sobre mujeres maduras). Y hasta revivió a su famosa Julieta. Mostró vigencia y un rendimiento excepcional para una carrera que, a su edad, tiene fuera de escena a las bailarinas.

La iluminación del Teatro del Lago es maravillosa. Su diseñador Clifton Taylor fue quien me enseñó fotos y supe que existía. Pensé: ¡Ay, Dios! Este es el lugar más hermoso que me haya tocado ver. Sé que cuesta llegar, pero una vez que esté ahí sé que será algo mágico”, relata Ferri. 

INTERNA-ALE

—¿Cómo se complementa su espectáculo a este lugar? 

Trio Concert Dance es tan único y sofisticado. Creo que si lo haces en un sitio como el Teatro del Lago será casi una experiencia meditativa. Ese escenario es un mundo diferente en sí. Entonces, nos fundiremos perfectamente.

—Es una suerte haber encontrado en su regreso a Herman Cornejo, primer bailarín del American Ballet Theatre de Nueva York. 

—Espero que también él se sienta afortunado en haberme hallado (risas).

—El ‘factor química’ debe influir.

—Sí, realmente es química. Hay muchos bailarines de técnica maravillosa en el mundo, pero son algunos los que sacan el corazón, su alma y experiencia a disposición del arte —además de compartir aquello con otro ser humano, la partner—. Cuando nos conocimos, inmediatamente nos vinculamos en una hermosa conexión artística. Algo que es raro, especial. Por eso es que en Trio Concert Dance nos elevamos juntos a esta dimensión distinta. 

—Retornó y los medios, además de los fans, se volvieron locos con la noticia. ¿Qué siente con tanta expectativa?

—Por supuesto que es maravilloso sentir el amor de la gente. Es una experiencia compartida: doy todo lo que tengo y recibo. Regresar fue por una necesidad de estar en contacto con algo en mi interior que va más allá.

—No tenía que ver con el aplauso.

—Me di cuenta de que era lo que tenía que hacer. Cuando bailo me contacto con una felicidad real. Algo mucho más profundo.

—¿Qué aprendió en esos años fuera? ¿Hay algo que trajo al escenario?

—Todo. Hasta las cosas más cotidianas se ponen en el escenario. Pasa por instinto.

—¿Y al volver, encontró algo distinto en el ambiente de la danza?

—La verdad es que sí. En lo personal me sentí mucho más libre… Libre de ‘mi carrera’. Ya no es tema. Ahora me doy cuenta de que esta es mi vida. Bailo porque lo amo y entiendo que es un privilegio. Comprendo la alegría de servir a un talento, en vez de que éste lo haga por mí.

—Uno de sus proyectos al volver fue Woolf Works. ¿Era el momento correcto?

—Es lo mismo que sucede con el rol de Eleonora Duse (una de las grandes actrices de la historia), vienen con la vida… Hay que entender la vida para representarlas. Algo fascinante. Es bello ser quien soy hoy en esos papeles sobre el escenario y no un joven amor.

—A excepción de su Julieta…

—Es hermosa, pero también un arquetipo. Trasciende la edad. En cambio estas otras coreografías permiten ser una mujer en su totalidad en el escenario. Una posibilidad rara.

—Hizo un comercial para un serum donde baila con usted misma (vía holograma) a los 19 años. ¿Cómo fue ese ‘encuentro’?

—El éxito del spot radica en su mensaje: no pretender ser joven, ser quien eres en cada momento de tu vida. Quererte. Ahí esta la belleza: encontrar la fuerza en cualquier edad.