‘EL AVC es un volador de luces’
Jordi Castell
Por Franco Fasola Fotos Pía Vergara
Participa activamente en la discusión del proyecto a través de Twitter. A favor del matrimonio y la adopción, confiesa que le gustaría tener una hija. Y aunque estará presente en ‘la marcha del día del Orgullo gay’ no quiere ser bandera de lucha de la causa homosexual en Chile. En lo profesional, mientras trabaja en un libro de fotografías, negocia su llegada al matinal de CHV.
Jordi Castell (44 años, emparejado, sin hijos) se ve relajado. Impecable con un traje Paco Rabanne, maneja un Audi rojo y fuma sin control. Después de maquillarse personalmente para la sesión de fotos, su expresiva cara va tomando matices de indignación. Dice que realmente no entiende, ni desea entender, por qué unas ‘cúpulas’ deciden por él si es idóneo para adoptar un hijo o casarse con el hombre que quiere. Advierte que no es un ícono activista, pero está dispuesto a entrar en el debate sobre el Acuerdo de Vida en Común (AVC).
“En TV los homosexuales asumidos trabajamos haciendo farándula. Marco 20 puntos en ‘Primer Plano’ hablando de las uñas postizas de ésta, las extensiones de la otra, de que ese futbolista se metió con tal modelo… A mí me divierte mucho trabajar en esto, lo paso regio con la Fran y Nacho, estamos de fiesta todos los viernes, nos llevamos muy bien y hacemos un programa donde nos respetamos mucho con el equipo. Pero el tema es otro. Quiero saber cuándo vamos a tener un lector de noticias, una alcaldesa, un senador, una diputada gay, ¡¿cuándo?! Probablemente los hay, pero tienen que ocultarse para que no les cueste la pega”.
—¿Le molesta ser de los pocos en televisión que asume su sexualidad?
—Si hay que estar, doy la cara, porque no la tengo sólo para hablar de Luli o Angie Alvarado… No es que esos contenidos sean una lata. Quizá se transformen en eso si en diez años más estoy en la misma, pero tengo fe que eso se va a revertir.
—Da la impresión de que después de la intervención pública de personajes como Luis Larraín y Pablo Simonetti, el proyecto de AVC aumentó su presencia en el debate nacional.
—Estoy de acuerdo, pero creo que sería una falta de respeto imperdonable hacia Rolando Jiménez del Movilh y lo que él significa para la justicia social en este país, que no se le reconozca lo que viene haciendo hace tanto tiempo. Durante 18 años tuvimos un gobierno (de la Concertación) que se supone sería inclusivo, donde se trabajaría por la igualdad de derechos, y en el que todas las minorías íbamos a tener igualdad ante la ley. Pero nada cambió. Resulta que el debate, a mi juicio, renació cuando Sebastián Piñera decidió poner a dos homosexuales tomados de la mano en su campaña. Con todo el respeto que tengo por Luis Larraín, eso me generó ruido. Lo que hicieron los creativos de Piñera fue comprar libertad. Luego, a una semana del discurso del 21 de mayo, el Presidente dijo que el matrimonio es sólo entre un hombre y una mujer… Pero ¡perdón! La frase que tenía que venir después era… “y estamos viendo que todas las parejas que conviven tengan la opción de acordar uniones civiles o como le llamen…”.
—Dijo en Twitter que el Presidente “se hizo el lindo” con el tema luego de plantearlo como promesa de campaña…
—Lo que más celebro de lo que está pasando es que sea Andrés Allamand, un señor de derecha el que se fije en las minorías sexuales… Y una vez más su gente lo deja solo por cuarta o quinta vez en su carrera cuando él debiera ser el próximo presidente de Chile. Yo votaría por Allamand. Históricamente ha propuesto una derecha liberal, respetuosa y conciliadora.
—¿Qué alcances ve en el proyecto de AVC?
—Tengo un sentimiento escéptico y hasta un poco pesimista. Creo que es un volador de luces… Chile ha avanzado en los últimos diez años en materia de derechos igualitarios, pero tienen que pasar generaciones para que se entienda el tema. El otro día en Tolerancia Cero se hablaba de porcentajes de población homosexual. Yo pregunto: si a todas esas personas les sumamos las mamás, los hermanos, los abuelos, los tíos, sobrinos, ¿que cantidad de gente quiere que se legisle por la igualdad de derechos? Es un poquito más que un cinco por ciento… Gracias a la vida mi entorno me hace sentir privilegiado, por eso no me interesa ser bandera de lucha. Tengo una historia que sé que no es la común de los homosexuales en este país.
—¿Cómo es eso?
—Jamás me aislaron, cuestionaron ni excluyeron. Es más, he tenido la suerte de estar próximo, a través de mi pareja y su familia, a gente muy devota y creyente, cercana al Opus Dei, y fíjate que ellos son los que más dan muestras de cariño, afecto, inclusión y contención… ¡A ver! ¡Si aquí hay dos o tres señores que piensan por toda una población! ¡No subestimemos a nuestro pueblo! Hermógenes Pérez de Arce, con todo el respeto que me merece, que diga que pedofilia y homosexualidad son casi lo mismo… El no alcanza a darse cuenta de que lo único que genera es aumentar el debate. Me parece divertido que asocie un delito con una conducta que uno no eligió y que no está penada por la ley. Me hace gracia. Ayuda a que la gente reaccione frente a sus propias convicciones.
—Dice que del lado de su pareja hay personas del Opus Dei…
—Sí. Y en mi familia también.
—¿Cómo se maneja con ellos?
—No me siento con autoridad para opinar sobre una institución o sus feligreses. A través de mi pareja y cercanos he comprobado con gran emoción que es la gente que más cariño y apoyo me ha dado, los que se han mostrado más abiertos a contener, a querer, a convidarnos a sus casas con sus niños. Ahora, no puedo esperar que la Iglesia apoye el AVC porque es la misma que ha rechazado la píldora, los preservativos y cualquier tipo de campaña de prevención de enfermedades o embarazos no deseados. No puedo culpar a todos los católicos por lo que digan tres o cuatro curitas.
—La ministra Von Baer habló de elaborar un proyecto con ‘dignidad’. ¿Qué implica para usted eso, cuando la gran piedra de tope es el tema de la adopción y los hijos?
—Pongámosle otro nombre si a los conservadores no les gusta que le llamen matrimonio. Pero si conversamos de dignidad también tiene que ser de igualdad. Si elegí un compañero para pasar toda la vida, ese hombre al que dedico mi amor, mi admiración, el día que yo muera, debiera quedarse con lo mío. ¿Por qué en mi caso no puede ser? Mi pregunta es qué pasa con los homosexuales y lesbianas de Cerro Navia, Conchalí, Chimbarongo que no tienen tantos recursos, que postularon a un subsidio… ¿qué pasa cuando muere uno de ellos? ¡Llega la familia y se lleva todo! Es para esa gente para la que hay que gobernar, porque uno se las arregla… Puedo armar una sociedad, decir una mentirilla, ¿pero por qué tenemos que actuar así y ustedes no? Con todo cariño para la ministra Von Baer: la dignidad pasa por la igualdad ante la ley.
Cuando se trata de ser padre asume que es bastante conservador. En especial con el tema del vientre de alquiler. “Me parece que hay harto egoísmo al obstinarse en tener a alguien con tus genes. Le pido al Sename que entregue cifras de la cantidad de niños abandonados por sus progenitores. A ellos, después de los dos años, nadie los va a adoptar, van a crecer con mucho riesgo social. Me gustaría tener una hija y si yo la adoptara, ella tendría automáticamente abuelos, tíos, primos, colegio, universidad, panoramas, cumpleaños, un papá que le ayude a hacer las tareas… Entonces yo le pregunto al Sename: ¿Es justo para esos chicos? Ahora para qué te voy a decir si quiero adoptar… Me muero de ganas…”.
—Precisamente ese es el límite para muchos.
—Invito a los tribunales de familia a entregar cifras de todos los menores que viven con maltratadores, drogadictos o parejas que se separan con violencia y se odian toda la vida ocupando a sus hijos como material para los juicios… ¡qué pasa con esos padres ausentes! Cuántos niños crecen hoy con falta de afecto, malos ejemplos y comportamientos vergonzosos. ¡Después con qué cara legislan para que un homosexual o lesbiana no pueda ser padre o madre! Qué es mejor: un papá heterosexual que le pega a su pareja, que se emborracha, que no está nunca en su casa o un papá homosexual que se preocupa por sus hijos, ¿de qué ejemplo estamos hablando? Francamente no entiendo ni lo quiero entender, porque yo crecí en una familia muy conservadora, árabe, machista, aferrada a la Iglesia, pero que jamás me hizo sentir un enfermo. Entonces por qué tienen que venir tres o cuatro cúpulas a decidir cómo tiene que ser nuestra sociedad valóricamente, cuando es esa comunidad la que ha hecho que ustedes, los heterosexuales, tengan millones de cabros traumados o abandonados en orfanatos. ¿Quién tiene el derecho de apuntarnos que no somos idóneos para ser padres?
.
—Pasando a otro tema, qué le molesta más: ¿la imitación de Stefan Kramer o la homofobia en algunos programas?
—Infinitamente más la imitación de Kramer. No voy a desconocer su talento, al principio me parecía genial, pero me molesta que todos los libretos sobre mi personaje tienen alusiones sexuales. ¿Por qué sólo se ríe de mi sexualidad y no de la de Diana Bolocco, Ricarte Soto o Arturo Vidal? Eso me indigna.
Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl


