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Cultura, Espectáculos y TV

‘Fui dura, puede que se me haya pasado la mano…’

Constanza Santa María

Por: Paula Palacios

Fotos Gabriel Quiroz Producción Romina Meier Maquillaje Taly Waisberg Pelo Cristian González

Como la nueva titular de Teletrece, quiere acercar a la gente al renovado noticiero del ex canal católico. Un formato que a la periodista le acomoda más que nunca, ya que hace rato quiere dejar su estilo punzante para mostrarse más humana.

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Es muy delgada, menuda. Un aspecto frágil que nada tiene que ver con la tremenda voz y el carácter que le han dado fama en sus entrevistas. Ya cumplió dos meses como la conductora de Teletrece central, cargo al que llegó tras la salida de Soledad Onetto, quien no tuvo reparos en denunciar que la sacaban por “desperfilarse”, tras animar el Festival de Viña en 2009 y 2010.

No era el escenario ideal para debutar. Pero Constanza Santa María (37, casada, dos hijos) lejos de detenerse en la polémica, prefirió concentrarse en la tarea de levantar un noticiero que, de líder, cayó a los últimos lugares. También acercarse a la gente con un periodismo más en terreno. De hecho, ella misma partió a Japón a cubrir la fuga radiactiva de Fukushima, el matrimonio real de William y Kate y la beatificación de Juan Pablo II.

“Es un reconocimiento a tantos años de trabajo, un paso natural en mi carrera”, dice sobre su nombramiento. Y al parecer no fue casualidad. Se comenta que hace rato estaba en la mira del actual director de prensa, Jorge Cabezas. En sus 16 años en el Trece, Coni ha conducido noticias en todos los horarios, fue corresponsal en Europa y a cargo de distintos programas políticos donde ha demostrado un estilo punzante y asertivo, dejando a varios honorables por las cuerdas, y a otros acusándola de exceso de agresividad.

Santa María reconoce que por muchos años pecó de dura. “Era muy estricta en mi papel de periodista: a los 25 pensaba que no me podía reír, ¡nadie me sacaba una sonrisa en pantalla!”.

“CUANDO FUI MADRE, CAMBIÉ. ME CONECTÉ CON EL DOLOR y aprendí que mientras más humana seas en pantalla, mejor. Además, evolucionas. El tiempo y las experiencias te hacen crecer. Hoy soy mucho más empática, estoy más relajada que hace una década y así puedes conseguir más cosas que con una pregunta dura”.

Coni está casada hace cuatro años con el abogado holandés Sander van der Voorde, con quien tiene dos hijos, Sophie (3) y Jan (11 meses). “Con él también he hecho concesiones, partiendo por el nombre de mis niños. Me gustan los de origen español, fuertes, y tenía una lista para mi hija mayor: Ana, Blanca…, pero a Sander no le gustaban y la pobre pasó 24 horas como NN”.

cony-texto-1Conoció a su marido el ’99 en NY, cuando ella cursaba una beca en periodismo televisivo en Columbia. Tras vivir en Chile y Holanda y de casarse en ambos países, el 2005 él decidió dejar una exitosa carrera de abogado y partir con su mujer a probar suerte en este lado del mundo.

—Eso sí que es difícil, que un hombre deje todo y se venga a la aventura para acompañarla.
—Vivíamos en Amsterdam cuando en 2005 me llamaron para Teletrece. Se lo conté casi como mira qué divertido y me dijo ¡vámonos!

—¿Y se acostumbra aquí?
—Critica algunas cosas, como yo lo hacía en Holanda. Se ríe de que con 25 grados en mayo andemos con botas. Nos encuentra algo provincianos y Santiago, muy fome. Pero hay otras que le fascinan: esquía, hace windsurf, abrió un restorán y es socio de una oficina de abogados. ¡Tiene una vida social mucho más activa que la mía!

—O sea, está instaladísimo…
—La posibilidad de partir siempre existe. En una relación de ‘doble nacionalidad’ debes vivir el momento. Me opongo a establecerme. Antes, cada dos años quería cambiarme de pega y de país. Si esta vez nos quedamos será porque lo fuimos decidiendo en el camino. Siempre le he dicho que cuando quiera irse, ¡cuente conmigo!

—¿No la amarra su trabajo?, ¿qué rol juega el ego aquí?
—Mi compromiso es de tres años con el canal… No tengo conflictos de ego. Llevo una vida súper normal, con problemas como todo el mundo: que no falte comida en la casa, que los niños se acuesten a una hora decente, que no vean tanta tele. Es importante ser la titular de Teletrece, pero no tengo tiempo para perderme en eso.

—Debutó en un escenario poco ideal, tras la polémica salida de Soledad Onetto…
—Puede que desde afuera se vea así; para mí fue una turbulencia en un viaje largo y que está recién partiendo. Sé cómo funciona la TV, y lo que hoy es tema, en dos meses no.

—Una encuesta del Wikén señaló en abril que el 81 por ciento de la gente cree que Canal 13 se equivocó en sacarla, y un 72 por ciento que el noticiero no mejoró con la llegada suya.
—Hacer evaluaciones cuando llevábamos menos de un mes era aventurado, aunque la gente tiene la libertad de hacer juicios. Me lo tomo con calma, estoy partiendo. Las críticas son importantes, estoy expuesta. A trabajos grandes, ¡problemas grandes!

—Hizo ruido que a Onetto la sacaran por desperfilarse, cuando la estación la puso en Viña.
—No voy a opinar si el canal lo hizo bien o mal. Soy parte involucrada, me cuesta emitir juicios. Le tengo mucho cariño a la Sole… La situación pudo ser distinta, pero no sé de quién es la responsabilidad.

—¿Cómo ve la relación periodista-espectáculo? ¿Animaría Viña si se lo propusieran?
—No. Respeto a quienes lo hacen, pero lo mío son las noticias.

—Hoy se da la discusión de si un periodista debe o no participar en publicidad, dada la aparición de Macarena Pizarro como rostro de una multitienda.
—No lo haría, tampoco animo eventos ni acepto regalos. Es mi manera de enfrentar la profesión, pero aquí no hay reglas. Algunos creen que mientras más versátil, mejor, y pueden tener razón.

—Pero se pierde libertad y objetividad…
—Yo estoy en temas políticos, debo enfrentar a autoridades, fiscalizar, y como no me quedo chica en preguntas, lo mejor es tener los menos compromisos y flancos posibles. Si en su momento enfrenté al Presidente por sus conflictos de intereses, ¡no podía yo tenerlos! En Columbia un profesor decía que él no formaba parte de ningún club ni religión, pero tampoco puedes renegar de todo: familia, amistades, yo soy católica y esa es mi base.

—¿Cómo la tocan los escándalos de la Iglesia?
—Me duele lo que ha pasado, pero como dijo monseñor Ezatti, son procesos de aprendizaje duros y amargos, y es importante que pasen. Creo en una sociedad que sabe mirarse, reconocer sus errores, y si hay delitos, pedir perdón. Esto ha pasado muchas veces, no sólo en la Iglesia.

cony-texto-2—Que se demoró en pedir perdón…
—Absolutamente, y lo han dicho los arzobispos: debió ser antes.

—¿Metería a sus hijos en un colegio católico?
—Sí, no creo que por hechos puntuales y de la peor calaña, uno deba condenar a la Iglesia completa. Es importante cuestionarla, como también lo es no endiosar a personas; lleva a malas conductas y a malos finales.

“HOY SE RESPIRA OTRO ÁNIMO. HAY UNA ENERGÍA DISTINTA EN EL CANAL. Sabemos que vamos para un lado y que estamos en una mejor posición, recuperando público. El estelar Mi nombre es fue un hit, y hace rato que no ocurría. Pasamos por momentos dolorosos, mucha gente se fue. Hoy al fin nos toca participar del baile, ¡y es una inyección de energía! Estamos partiendo, pero este trabajo es para que nos vean; de lo contrario te frustras y cuestionas todo”.

—En enero, antes de su llegada, Teletrece figuraba en cuarto lugar con un rating promedio de 8,6. Dos meses después repuntaron al tercero con 11,5. Se ha notado un giro más sensacionalista…
—Más que sensacionalismo, hay un acercamiento con la masividad y me atrevo a decir que somos los que hoy entregamos más noticias. La información dura es nuestra primera función, pero hoy tenemos bloques familiares, magazinescos, de tendencias, y no hay que hacerles asco.

—¿Una hora y media de noticias no será mucho?
—Hay que adaptarse a los cambios de audiencia, y hoy nos ven hasta las 22:20. Los reportajes de los últimos bloques son los más seguidos.

—¿Vivió la censura cuando la Iglesia era única dueña del canal?
—Nunca, creo que había más autocensura. Existían temas tan sensibles para la Iglesia que nos preocupábamos el doble, pero jamás me dijeron este lado de la noticia no lo vamos a dar.

—¿Hubieran podido cubrir el Caso Karadima en profundidad?
—Jamás dejamos de reportear todos los ángulos, por mucho que involucrara a la Iglesia. Cuando monseñor Ezatti leyó el decreto del Vaticano que declaraba culpable a Karadima, lo transmitimos en vivo. Y esa misma noche partimos a los Alpes suizos para entrevistar a James Hamilton. Fue una muestra de nuestra intención de apertura.

—Raquel Correa dijo a CARAS que al principio la veía como su sucesora, pero después la encontró muy protagonista y agresiva.
—Si ella lo dice, ¿quién soy yo para discutirle? La respeto mucho y que me viera como su sucesora fue un honor, ¡imagínate! Puede que se me haya pasado la mano en lo dura, pero en algunas instancias lo ameritaba.

—¿Se arrepiente de alguna pregunta?
—De mi actitud tan encaradora. Mi jefe siempre dice que los movimientos se amplifican en la tele. Y a la hora de preguntar, ¡soy apasionada!, de verdad quiero que me respondan, y cuando veía que los políticos se escapaban, insistía hasta que por interno me decían ¡Coni suéltalo! Eso pudo verse como que me quería lucir. Si mi estilo pasó a ser tema y no las respuestas del entrevistado, había un problema.

—¿Cómo evalúa la gestión del Presidente?
—Por las ganas de gobernar que tenía la derecha, creo que les ha sobrado ansiedad, lo que no puedo criticar, ¡me pasaba lo mismo! (ríe). El interés de hacer cosas, de poner su sello, hace que el Presidente se pase en revoluciones y a veces se pise la cola… Algo ocurre que los logros —que no son pocos y muchos fueron bandera de la Concertación—, no se notan al lado de los problemas.

—Partieron con un gabinete muy técnico, sin experiencia política…
—Pecaron de soberbia, de pensar los técnicos somos mejores, sabemos más y no estamos contaminados. Pero se dieron cuenta y por eso el ingreso de Evelyn Matthei, Andrés Allamand y de Pablo Longueira al comité político.

—¿Y la Concertación?
—¡Desconcertada!, como una vez dijo Ricardo Lagos… Cuando ves que en los últimos capítulos el principal opositor es Alejandro Navarro, hay un problema. Les ha sido difícil rearmarse, buscar su identidad, con falta de liderazgos. El gobierno debiera agradecer una oposición tibiona.

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