‘A Piñera le perdono todo’
Delfina ¿Se dio vuelta la chaqueta?
Fotos Camilo Melús
De devota concertacionista se volvió fan del Presidente. Asegura que el mercado tiene todo poseído incluso las producciones nacionales. Defiende el consumo de marihuana y evoca su amistad con Gonzalo Rojas, hoy gravemente enfermo.
“Sucede que a veces me canso de ser chilena”, afirma Delfina Guzmán, el pelo recogido en un moño que según sus hijos parece de profesora de gimnasia, pero que le queda de lo más bien; poco maquillaje, la misma inteligencia y energía que la ha transformado en una de las actrices más queridas y relevantes del país. Vigente a sus 84 años, en Témpano —la nueva teleserie de TVN— interpreta nada menos que a la dueña de una flota de cruceros. Y se apronta a estrenar una película sobre la vida de María Luisa Bombal. Eso, además de Pecados, filme realizado hace cinco años y en el que representa a La codicia, todo lo contrario a ella, manirrota total. A todo esto se suma su papel como presidenta de la Fundación del Teatro a Mil.
Lo que más la supera es la realidad nacional. “Me canso viendo las noticias, el discurso de los políticos, cuando observo lo que está pasando en el mundo y aquí no le dan la menor importancia al lado del chisme. Lo que sucede en Japón es aterrador, apocalíptico… ¿Cuál es el costo de este famoso desarrollo científico?”.
Así es que hoy Delfina prácticamente no ve televisión, a pesar de que para el terremoto del 27-F sólo atinó a proteger su plasma… “¿Qué te parece la rotería? Me aferré a él como si en eso se me fuera la vida, a pesar de que lo tengo nada más que para ver Animal Planet. La Claudia Di Girolamo se ríe y dice que me paso las tardes de voyerista de sapos. Los noticieros los encuentro insólitos, así es que les corto el audio y veo sólo los gestos. Lo mismo hago con los discursos de los políticos… Tienen unas caras de furia, de ira… Están hablando de la paz, pero con las manos apretadas de rabia”.
—¿Escucha los discursos del Presidente? Lo critican porque se traspapela o por eterno…
—Habla bien Piñera, tiene buen léxico. Le perdono todo. Mis niños se indignan, encuentran que soy una fascista asquerosa. Bueno, ¿y qué? Estoy en mi derecho, ¿no?”. 
Se convirtió en fan presidencial a pesar de que por décadas ha sido una de las emblemáticas de la Concertación. “Fíjate chinita que le tengo bastante afecto. Con él hay un vínculo que no tiene nada que ver con que sea Presidente. Viene de hace muchos años, a través de la Fundación Futuro. Un día fui a pedirle plata, no para comprarme calzones sino para hacer teatro. Me aparecí por su oficina. Pero estaba apurado… ¿Qué te parece que salgamos a dar una vuelta en mi helicóptero? ¡Tú crees que yo soy huevona, que me voy a subir a un avión manejado por ti!, le respondí. ¡Figúrate! El ha sido muy querendón conmigo y se lo agradezco”.
—Ya se cumplió un año con un gobierno de derecha. ¿Está todo muy distinto?
—No ha cambiado tanto la cosa… Finalmente las conversaciones, lo que a la gente le importa sigue siendo una huevada con patas… Me aburre de una manera espantosa. ¡Por favor no hablemos más de la píldora del día después!, ya parece congreso de ginecólogos. Me cabrea lo chica de la discusión política, ¡minúscula! El grupete de aquí, el de allá y sería todo. Imagínate que en el verano el gran tema fue el caso de la Van Rysselberghe. Todos estos pelotudos reclamando, cortando las vacaciones… Yo me imaginaba a la Coca en Brasil, echada para atrás con dos negros poniéndole el bronceador.
—¿Siente que el terremoto nos cambió?
—Quedamos en lo que somos: un país siempre al borde de la catástrofe; con los medios informando que se está a punto de cometer un asesinato, un robo, un femicidio… Sólo les preocupa lo de la bencina… ¿no ves que acá hasta para ir a comprar a la esquina sacan el auto? La imagen del tonto cuya aspiración máxima es el ‘vehículo’ lo encuentro último. Es que es el mercado, hace mucho tiempo que manda. Y todo es negocio.
—Y usted con un hijo economista.
—Para qué te digo las peleas que tengo con él. No sé cuántas veces le he contestado al Nico que se meta al FMI por ahí. Una vez le dije: No vine a este mundo a pagar la deuda externa, ¡nica! Y si le debo al gobierno, ¡mejor!…
Le gusta que la reconozcan en la calle. “Me miran como la Virgen del Carmen, pero en el canal me bajan el sueldo… Hoy un actor es menos importante que un kilo de clavos, ¡qué porquería!”.
—Además usted no para…
—Perrita, estoy cansadísima. Trabajo en exceso. Llego a la casa a las diez de la noche, y en la mañana a veces tengo que estar a las ocho en el canal. Lo peor es esta sensación de ser un producto… Te vienen a buscar en una van donde hay que levantar una pata como jirafa y te mandan a las nueve de la noche de vuelta. Hay un trato poco amable: para allá, para acá, péinate, cámbiate de ropa, todo el tiempo a empujones. Sólo mis compañeros me hacen sentir valiosa; me dicen: ¿te voy a comprar un sandwich? A lo mejor soy yo la que anda a contracorriente y necesito un ritmo más tranquilo, más dulce…
—¿El precio de la modernidad?
—¡De qué modernidad estamos hablando! Siempre me acuerdo de Pepe Donoso, tan inteligente, lo amaba con locura… Me decía: Estos se creen modernos pero son ‘modernets’ (pronuncia la palabra con un rictus despectivo)… La tecnología, por ejemplo. Todos los tontos ahí, con sus teléfonos, toqueteando no sé qué. Que el ipod, el apod, el opod… Cuando me preguntan si tengo mail digo que lo único que me preocupa es tocar el timbre con este dedo, ¡no me interesa na-da!
—Pero hoy la tecnología manda. Se habla mucho de la televisión digital…
—Fíjate que cuando se realiza una escena primero aparecen todos los iluminadores haciendo unas cosas así (y se pone a mover los brazos de lado a lado, como si buscara algo invisible)… ¿Qué hacen estos huevones?, pregunté. Están buscando las sombras: para el técnico eso es muuucho más importante que la actuación dramática…, me contestaron. Así es que tú puedes estar llorando que te las pelas y te están enfocando las patas.
—¿Y qué pasa cuando ve a sus hijos con tanto artículo electrónico?
—Los reto. Están tan ocupados. Porque hoy todo es correr y correr. Lo más estúpido es que hasta inventan maratones, ¡figúrate! Después de todo el ajetreo que tienen en el día, además compiten a ver quién corre más. ¿De qué arrancan?
—Salió en portada de revista Cáñamo contando que estaba a favor de la marihuana…
—Soy partidaria de liberar el consumo. Son más peligrosos los cigarrillos y el alcohol. Y yo con mis hijos nunca tuve problemas en ese sentido, con mis nietos tampoco, aunque fíjate que sacaron la plantita que tenía…
—¿Tenía su propia mata de cannabis?
—Es que los de Cáñamo me la regalaron después de la foto en que salía con ella dentro de una taza de té. Eso sí me advirtieron que tuviera cuidado, que nadie podía saber que tenía una plantación en mi casa, ¡una plantación! (dice señalando muerta de la risa el mínimo balcón). La plantita creció, tenía un metro de alto, pero los niños la dejaron pelada…
—¿Usted fumó cuando joven?
—Fíjate que no, a lo más un par de veces, pero jamás me pasó nada.. No necesito estímulos. ¡Imagínate yo marihuaneada!
—En el mundo artístico es bastante común.
—Sí, aunque tampoco es que yo llegue al canal y estén todos con un pito. Deben fumar más en las Fuerzas Armadas… Y en el Banco del Estado también (se ríe)… ¿Por qué siempre los actores?
—Porque parece que son más libres.
—Creer que van a conseguir la libertad con la marihuana, eso sí que ya es de una ingenuidad, como pensar que vas a llegar al cielo porque tienes ‘vehículo’… ¡atroz pues chinita!
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