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Cultura, Espectáculos y TV

‘¡Pobre dueña de casa!’

Tati Penna vuelve a la TV y es implacable con los matinales y la Concerta

Por: Rodrigo Barría

Fotos Camilo Melús.

Iba a ser ingeniera y terminó como periodista-cantante-conductora de TV. Fue jefa de pastoral y pasó a comandar programas de sexo. De regreso a la pantalla a cargo de ‘Sin Dios ni late’, critica los matinales, noticiarios y también a Tolerancia cero: “No me interesa ver a unos caballeros apotingados en un sillón”. Mujer de izquierda, sentencia resignada: “Quizá la Concertación tenga que desaparecer”.

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No fue bueno el último año para Tati Penna. Todo comenzó el 27 de febrero de 2010, cuando Constanza Bernardita (así se llama) celebró su cumpleaños número 50. La fiesta había terminado, ella lavaba copas y ordenaba platos, cuando comenzó el remezón en el piso 12 de su departamento en Las Condes. Dice que tuvo suerte de estar en su casa porque justo en ese momento Claudio, su pareja hace más de dos años —músico con el que se reencontró después de tres décadas—, aguantaba el violento sismo encerrado en el ascensor ya que recién se había ido.

Penna advierte rápido que le molesta hablar de amor e hijos. “Me carga. ¿Por qué no preguntan lo mismo a los caballeros?”, alega sarcástica.

El 27-F sería el comienzo de meses complejos para quien fuera alguna vez considerada uno de los rostros femeninos más creíbles de la TV. Dedicada el 2010 a evaluar algunos proyectos para el Consejo Nacional de Televisión, se concentró gran parte del tiempo en traducciones inglés-español para un grupo de sicólogos y en preparar a estudiantes para la PSU. Ella, lejos de confesarlo con vergüenza, lo expone con la dignidad de los que saben salir adelante.

Tuvo que reacomodar gastos y vendió la camioneta que compró gracias a los generosos ingresos que le había dado la pantalla. Entre medio enfrentó un problema de salud —del cual no le gusta dar detalles— y soportó una operación de envergadura. Asegura que hoy está bien, pero siempre con la precaución de la vigilancia permanente.

No muestra mayor añoranza por una televisión que, en general, ve ir cuesta abajo. Claro que ahora está de regreso al frente de ‘Sin Dios ni late’ en el canal Zona Latina, donde reemplaza al renunciado Julio César Rodríguez.

—¿No le complica saber que la salida del ex conductor fue porque no quisieron emitir la entrevista del que dice ser hijo de Don Francisco?
—No conozco el detalle, pero tengo entendido que él renunció. Ahora, lo que sí te puedo firmar es que no fue censura ni nada de eso.

—¿Se transmitirá finalmente la entrevista?

—Bueno, yo quiero. De qué manera, no lo sé.

—¿No le preocupa que a usted le suceda algo parecido con alguna entrevista compleja?
—Para nada. No tengo ningún susto porque, insisto, no se trató de censura.

—¿Extraña más la plata o el ego de la TV?
—¡La plata! Nunca volví a ganar lo que gané en esa época.

Larguirucha desde joven, su metro 77, delgadez y piernas extensas y huesudas, la hicieron pensar que no era tan guapa como el resto de sus compañeras: “No me sentía bonita, recién florecí en la universidad…”. Muchacha de carácter fuerte, siempre buscaba algún resquicio con tal de enfrentar la disciplina. “Si me decían que tenía que volver a las once de la noche, yo llegaba a las once y media. Lo que pasa es que quería ser hija única”, dice mientras da una bocanada larga a su cigarrillo.

TODO HACÍA SUPONER QUE ESTUDIARÍA INGENIERÍA. SU PAPÁ LO CREÍA. También ella. Pero al postular, un arrebato de último momento la hizo inscribirse en Periodismo en la Universidad Católica. La conmoción para su padre fue grande. Tanto, que hasta intentó anular esa matrícula. Sólo años después, cuando la hija alcanzó cierta notoriedad pública, dejó a un lado su amargura por aquella decisión.

Hasta el comedor llegan las voces de sus dos hijos (del matrimonio con Jaime de Aguirre, hoy director ejecutivo de CHV) que están cantando en sus piezas. Herencia musical, está claro. Es la estela artística de Tati Penna, la ex voz del grupo Abril que alguna vez participó en la competencia folclórica del Festival de Viña y que años después, ya como solista, lanzó su disco Tangos, presentado por José Miguel Insulza.

—Ha ejercido de reportera gráfica, periodista, cantante, profesora y animadora de televisión…
—¡No! (interrumpe rápido). Yo era conductora, no animadora. Siempre hice la diferencia.

—Bueno, ¿pero en qué faceta se ha sentido más a gusto?
—Más realizada, lejos, durante mis años en Canal 11. Sentía que estaba cumpliendo con la tarea de poner temas en la discusión ciudadana. Cuando eso se acabó, comencé a hacer clases a los periodistas que nos van a reemplazar. Les enseñaba a hablar, pensar y discutir. Lo hice muchos años en la Universidad Adolfo Ibáñez. Y, pese a la poca plata, fui muy feliz haciéndolo.

—Su estilo frontal en televisión, ¿a quién molestaba más: a los hombres o a las propias mujeres?
—Depende. Ayyy… (lanza un suspiro antes de alargarse en la respuesta). Cuando empecé a conversar temas de sexualidad, una parte de la población, minoritaria pero con mucho poder, se sintió amenazada de que alguien hablara de preservativos, orgasmos, vaginas y penes. Esa gente hizo mucho daño. Hubo llamadas heavy, tanto que opté por tener contestador telefónico. Hasta hubo autos que me seguían.

—¿En serio?
—Sí. Y no era paranoia, sino cosas concretas.

—Parece que tuvieron éxito finalmente…
—Quizás hablaron con mis jefes de la época y lograron que me echaran. Lo que no consiguieron, eso sí, fue que yo entrara en pánico.

—¿Qué razón le dieron para sacarla?
—Me dijeron que era un rostro muy emblemático de la administración anterior.

—¿Esa fue la verdadera razón de su salida?
—No.

—¿Entonces cuál?
—No puedo contártela.

—¿Pero la sabe?
—Creo saberla. Pero si voy a juicio perdería porque no tengo papeles para comprobarla.

LLEGÓ DE CASUALIDAD A LA TV. En un casting para el matinal del ex Canal 11 sobresalió con… ¡la lectura de un obituario! Y quedó. Luego estuvo en el Buenos días a todos de TVN y después regresó al 11 (ya como CHV) para conducir espacios como Embrujada, Línea de Fuego, La guerra de los sexos, De vez en cuando en la vida, Nada personal y Escrúpulos. Siempre desde el feminismo, el sexo y la frontalidad.

—¿La perjudicó la asociación que se hizo de usted con programas de sexo?
—Al revés, me benefició. Se generó una complicidad y cercanía con el género femenino que entendió que estaba de su lado y no en contra.

—¿Y qué pasó con los hombres?
—En aquella época, el mensaje que se mandaba era que si uno hablaba de esos temas era puta. Así de simple. Y yo vengo de una familia de puras mujeres, de un colegio de monjas y de la Universidad Católica. No soy una loca de patio. ¡Qué te pasa! El problema es que los hombres te comienzan a mirar con ojos raros porque presumen que eres una suelta.

—¿Por qué quiso entrar a la televisión?
—Yo, que había criticado mucho a los medios de comunicación, sentí que era una oportunidad para demostrar que se podía hacer otra cosa. Era una suerte de ‘misión’. Pero al final, cuando me fui, la tele había cambiado. Y con el tiempo me di cuenta de que no había nada de ella que echara de menos. Salvo las lucas…

—¿Es complicado ser morena en la TV chilena?
—Es heavy. También si eres grandota. Y peor si estás acostumbrada a mandarte sola.

—¿Es cierto que alguna vez le pidieron que se pusiera un maquillaje más claro para no aparecer “tan negra en pantalla”?
—Sí, alguien me lo sugirió. Primero le dije que se fuera a la c… y después que se buscara una rubia de ojos azules a ver si iba a hablar de corrido como yo.

—Peor morena y de 50…
—¡Peor aún! ¿Hay que hacerse una cirugía estética? Naaa… ¿Teñirse el pelo? ¡No! Sé que soy una mujer respetada y eso para mí es suficiente. Mi capital a los 51 años es mi credibilidad, las cosas que sé y la manera en que las digo. Eso es todo lo que tengo.

—¿Por qué demoró tanto en volver a la pantalla?
—Mira, yo y la televisión nos divorciamos en un momento, pero en buenos términos… Lo que pasa es que de repente te topas con la pareja con la que has estado y te das cuenta de que anda con una señorita que podría ser tu nieta. Esa es mi sensación hoy con la TV.

—¿Qué programas nacionales ve?
—Es que no veo.

—¿No?
—No. Sólo películas inglesas, el canal Fox Life o series como La ley y el orden. ¿Televisión abierta? Ni las noticias.

—¿Por qué?
—Los noticiarios se han transformado en magazines. ¡Y a mí no me interesa que en horario de noticias me digan lo buena que es la palta para la piel! Me pone mal genio.

—¿Tolerancia cero tampoco le gusta?
—Ya no. Pero es una protesta personal. No me interesa ver a unos caballeros apotingados en un sillón discutiendo sobre el país. Ahí hace falta una mirada femenina…

—¿Como la suya?
—No poh… Sugiero a Mónica González, gran periodista…

—¿Y series como Los 80?
—No la vi por horario. Pero también porque es una época que no recuerdo con gusto. No quise verme expuesta a situaciones que no deseaba revivir: sentir el dolor, el miedo y la tristeza de esos años. No estoy lista todavía. Para mí los ’80 fueron años espantosos. No les tengo ningún aprecio ni sentimiento romántico.

Desde que aceptó conducir Sin Dios ni late ha vuelto a tomar el control remoto para ver qué hay en la parrilla criolla.

—¿Con qué se ha encontrado, por ejemplo, en los matinales?
—(Guarda silencio un rato como intentando suavizar la respuesta). Con ignorancia. No hay cambios ni propuestas. Me molesta el espíritu que tienen y la flojera de cabeza. Parece que no quieren que la gente piense o se inquiete. Entiendo que la idea es acompañar a la dueña de casa, pero ¡pobre dueña de casa! Qué mal conceptuada la tienen. Pareciera que no merecen recibir otra cosa.

—Hablemos de política. ¿Qué opinión tiene sobre el primer año del Presidente Piñera?
—Me declaro ciudadana crítica y observadora. Creo que el pobre Piñera no ha tenido tiempo para relajar el nervio presidencial… ¿Sabes? Me acuerdo muy bien de lo machista y misógeno que fue este país con la ex Presidenta Bachelet. Y como me sentí muy herida en ese momento, no voy a responder igual.

—¿Qué le pasa cuando mira a la Concertación?
—Siento rabia y tristeza. Si está bien ser oposición, ¡derrocamos a un dictador pues! ¿¡Qué les pasa!? Quizá la Concertación tenga que desaparecer. A lo mejor ese es el camino.

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