‘Nadie tiene derecho a juzgar’
Berta Lasala y la infidelidad
Por Carolina Rojas Fotos Diego Bernales Producción Antonia Busquet y María Paz Jiménez Pelo y Maquillaje Christian Alvarez
Fue el personaje más comentado de la tercera temporada de Los 80. Allí casi desestabiliza al matrimonio protagonizado por Tamara Acosta y Daniel Muñoz. En la vida real y después de un lapsus de dos años en que enfrentó un cáncer y la pérdida de un hijo, hoy está contenta y tranquila.

Berta Lasala (39, dos hijos), entre bromas y risas parece una adolescente mientras posa para las fotos de esta entrevista. Aunque lleva quince años actuando en teatro, televisión y cine, se comporta como si todo lo viera por primera vez. Al mismo tiempo que conversa, revuelve despreocupada su ensalada lechuga-palta-pollo y responde con frases algo etéreas. Cálida y cercana, confiesa que su actitud ‘naif’ es un cambio ante la vida después de haber perdido un hijo y superado un cáncer de tiroides, todo casi sumultáneamente. Pero hoy está tranquila, el 2010 la trajo de regreso a las pantallas, primero en Martín Rivas de TVN y luego en la exitosa tercera temporada de ‘Los 80′. Allí fue la polémica ‘Mónica’, una fotógrafa que perturbó al matrimonio de los Herrera (Tamara Acosta y Daniel Muñoz). Una mujer sexy que le movía el piso al padre de la familia, y de paso disparaba el rating cada vez que intentaba conquistarlo.
—Parece que en Los 80 tenía a la gente en contra.
—Es que el público le tomó mucho cariño a los Herrera. Y de pronto llegó una mujer que hizo peligrar a la pareja y se preocuparon. En la calle los comentarios eran del tipo: Deje tranquilo a Juanito. Oiga que es mala usted. Los hombres en cambio decían: dele nomás. Algo parecido pasaba en twitter, se tomaban bien en serio la ficción.
—Es que usted era ‘la fresca’.
—Nunca la vi como una villana, sino más bien como una mujer. Uno jamás puede enojarse con sus personajes, debes interpretarlos desde un lado amable, si no todo resulta demasiado evidente. Cuando Boris (Quercia) me presentó a Mónica, me dijo que era una fotógrafa que trabajaría en la tienda de al lado y se haría amiga de Juan. No sabía que ambos podrían gustarse. Cuando leí el guión comencé a entender lo que pasaba entre ellos.
—¿Le parece que los chilenos son buenos para estas situaciones ‘peligrosas’?
—Son más solapados que en otros países, se hacen los tontos, los que no quiebran un huevo y después se descubre que tienen doble vida. Hay una parte oculta, medio reprimida. Por ejemplo, los argentinos son más para afuera. Creo que el chileno vende más la pomada de ser correctito.
—¿Qué opina de la infidelidad?
—Destruye familias, rompe la confianza, nada vuelve a ser lo mismo. Quizá después de un trabajo personal se puede perdonar. Con la infidelidad se hieren sentimientos, pero son cosas que suceden, nadie tiene derecho a juzgar.
—A Daniel Alcaíno, su pareja, lo criticaron por no estar soltero cuando la conoció.
—Me emparejé con una persona que estaba sola. Sobre lo que pasó antes de mí no tengo nada que decir… Nos enamoramos y llevamos diez años juntos, esa es la única verdad. No me hieren las cosas de farándula, simplemente no las compró.
CON DANIEL ALCAÍNO FORMARON FAMILIA HACE DIEZ AÑOS. Se conocieron por amigos en común, cuando ella aún estudiaba en la escuela de teatro de Gustavo Meza y se reencontraron en las grabaciones de ‘Piel Canela’ (2001). Juntos criaron a Luisa (17), la hija que Berta tuvo con el actor Manuel Peña (quien encarna al papá de Brunito en ‘Los 80′). Y en marzo del 2009, nació Emiliano revolucionándolo todo. “El adora a su hermana. La catetea, se esconde y la mira vestirse. Le abre la puerta de la pieza, la persigue para jugar. Es muy lindo y me tiene loca. Cuando nació viví el estrés del parto, pero ahora que ya está más grande lo he gozado como nunca. Fue un niño súper esperado… un regalo del cielo”.
Gran premio después de vivir una etapa oscura. Tras la muerte de su mamá (2007) por cáncer de tiroides, le diagnosticaron a ella la misma enfermedad unos meses más tarde. A eso se sumó la pérdida de una guagua a los tres meses de embarazo. Pasado el impacto inicial, decidió conectarse con ella y averiguar qué parte de sí misma estaba complotando contra su cuerpo. “Lo más difícil es ser testigo de cómo la gente cree que el cáncer es sinónimo de muerte, o un viaje sin ticket de regreso… Tuve miedo, pena, pero algo me hizo ir hacia adelante. Mi mamá había muerto del mismo cáncer porque no se quiso operar, entonces pensé: yo no me muero, tengo que operarme”.
‘HAY UNA PARTE DE MÍ QUE HA CAMBIADO. AHORA TRATO DE SER MÁS AMABLE CON LA GENTE EN GENERAL, SALUDO, DIGO BUENOS DÍAS Y DOY LAS GRACIAS…’.
—¿Qué hizo para dejar atrás esa atapa de su vida?
—Fui a terapia con una sicóloga y viajé a Chiloé con una siquiatra muy famosa que se llama Adriana Schnake que trabaja con los órganos del cuerpo y las enfermedades. Fue súper bonito. Tuve que hacer un fuerte trabajo interior, síquico y espiritual.
—¿Encontró la causa de su enfermedad?
—Soy controladora y la tiroides cumple la función de gobernar varias funciones del cuerpo, en ese sentido había una parte de mí que me jugaba malas pasadas.
—¿Cómo era Berta Lasala en la década de los ’80?
—No cachaba mucho de política porque vivía en Arica, y era una niña tímida, soy más feliz ahora. Tengo un recuerdo nostálgico, había algo triste en el ambiente. El ’85 llegué a Santiago y lo encontré frío. La gente era súper clasista, me cargó que todos me preguntaran ¿qué apellido tienes?, ¿en qué colegio vas? Me di cuenta de que acá los barrios estaban separados entre los que tenían plata y los que no. En cambio en el norte está todo mezclado: la vieja que tiene la casa grande y la que tiene la casa chica.
—¿Le da pudor ver fotos de esa época?
—Imagínate, usaba chasquilla araña, el delineador adentro del ojo, el labial rosado y pantalón amasado damasco…
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