La mirada de Vadell
Actor incombustible en TV, teatro y cine
Fotos Ari
Intérprete magistral de vividores, malhumorado y de bajo perfil. Hoy está en TV con ‘La familia de al lado’ y en cine con Post mortem, donde es el tanatólogo de Salvador Allende. El actor de culto entre los jóvenes y su descarnada visión: “Si alguien quiere actuar, ojalá tenga buena cueva. Después veamos si es talentoso”.

Jaime Patricio Vadell Amión: ateo, allendista, hoy concertacionista, ex fumador, cascarrabias, inagotable en tablas y pantalla, bailarín en videoclip, edad inconfesable.
No hay aires de grandeza y menos divismo alrededor de Vadell que, pese al calor, igual da sorbos largos a un café express doble. Es uno de los actores-mitos del país, pero el hombre se maneja desde la simpleza, la humildad y el bajo perfil.
Muchas veces no tiene respuestas definitivas y por eso aflora con regularidad un sincero “no sé”. Prefiere quedar ahí, en la duda, con su mano apoyada en el mentón y la mirada desviada, antes que lanzar una afirmación de la que no está convencido. Deja ver cierta resignación ante la vida, algo de amargura por las cosas que ya no pudieron ser o terminaron mal y una visión más bien cáustica del mundo en que se mueve.
—¿SIGUE SIN CONFESAR SU EDAD?
—¡Por supuesto! Mira, los actores no tenemos folio. Somos falsos, seres virtuales. No debiéramos andar ni por la calle. Que no nos vean en ninguna parte, salvo en un escenario o en la pantalla.
—¿Y de cuánto se siente?
—De 40, que es lo óptimo.
—¿Optimo en qué?
—En todo. Tienes cierta madurez, porque la verdadera y completa no llega nunca. Estás con energía. Es bueno desde el punto de vista laboral, creativo, sentimental y sexual.
—¿Y hasta cuándo dura esa maravilla?
—Como hasta los 40 y medio… (y lanza una sonrisa grandota y sincera). Nooo, ahí tranquilamente tienes en el bolsillo unos buenos años por delante.
—¿Cuándo fue la última vez que dijo cuántos años tenía?
—¿Quieres que haga aullar a las abuelitas? Debe haber sido como a los 40. Pero te voy a aclarar: no tengo nada con el tema de la edad, pero Chile sí que tiene un problema grave con los años. Es una cuestión que preocupa mucho en este país.
—Como sea, independiente de la edad, sus papeles han estado generalmente vinculados a tipos vividores. ¿Hay mucho o poco de usted en eso?
—Es verdad lo de los papeles. Pero no sé la razón, sobre todo porque soy una persona seria y de mal genio. Y eso que he mejorado, porque antes sí que me enfurecía por cualquier huevada.
—¿Pero se trata de roles que le ofrecen o que usted elige?
—Los proponen. ¿Quién elige papeles? Ni Jack Nicholson…
—Entre juego, mujeres y alcohol, ¿con qué vicio se queda?
—Era bueno para el tabaco, pero lo corté hace muchos años. Entre las opciones que me propones, me parece que las mujeres no son un vicio. Aclarado eso, el juego no me gusta para nada. Me quedo con el alcohol. Ahora estoy en el vino. Eso sí, llegué después de haber sido vodkero.
HACE POCO VENDIÓ EL TEATRO LA FERIA, al que dedicó 28 años de su vida. Un proceso duro. “Fue terrible, porque más que venta se trató de un abandono. Y luego vino la depresión. Me hice el leso, pero me deprimí. Salí adelante y ya estoy recuperado, pero se echa de menos”.
—Duro el mercado con la cultura…
—El país ha cambiado tanto que no pudimos o no supimos cómo adaptarnos. Hoy los teatros necesitan gerentes, administradores, ingenieros comerciales, relacionadores públicos… Tantas huevadas que se convierten en gastos muy difíciles de afrontar.
—Dicen que usted no se siente atraído por las producciones herméticas y oscuras. Y que por eso le gusta el cine y la televisión de tono masivo…
—Prefiero las cosas claras, que se entiendan. Las cuestiones medio crípticas son para algunos exégetas nomás.
—¿Entonces le agrada el programa de Patricio Torres en Chilevisión?
—No lo he visto, pero sé que está en la línea de lo que hacía Pepe Vilar. Está bien, porque es probable que, para mucha gente, sea el único teatro que hayan visto en sus vidas. Ahora, eso también resulta grave. Es extraño, pero a las personas les cuesta ir al teatro en Chile. Insólitamente, una de las razones que he escuchado es que no saben qué ponerse. Y yo simplemente les respondo: ¡Puta, vaya como quiera!
—Hace poco protagonizó un exitoso video del grupo Odisea, donde baila con Edgardo Bruna. Debe ser extraño para usted que le hagan una propuesta así…
—Fue muy divertido y curioso. Estaba en la duda. Llamé a Edgardo y le pregunté si es que no pensaba que haríamos el ridículo. Su respuesta me ayudó a decidirme. Me dijo: Mira Jaime, hemos hecho tantas veces el ridículo… Lo que me llama la atención es que, habiendo trabajado en televisión y teatro, exista esta cosa inmensa y medio subterránea de las nuevas tecnologías. El asunto me ha dejado completamente fuera de foco con los miles y millones que siguen estas cosas en internet.
—¿Se sorprende que jóvenes lo vean como ícono de la cultura chilena?
—Algo sospechaba. Pero siempre es bueno comprobarlo. Quiere decir, entonces, que uno ha pegado un salto a la valla de los años.
—¿Actúa en estas propuestas de ‘buena onda’ o siempre cobra?
—Será en ‘buena’, pero me pagan. No hay que trabajar gratis.
—¿Y a qué propuesta alocada está seguro que se negaría?
—Mmmm… (se queda pensando un rato mientras se toma la pera con su mano abierta) No sé fíjate…
—¿Una película porno?
—A estas alturas ya no. Me daría vergüenza.
—Pero usted se mantiene en forma.
—Me mantengo y por eso sigo activo. Claro que hay algo que se debe considerar: en este oficio la suerte y la salud son muy importantes. Si alguien quiere ser actor, ojalá tenga buena cueva. Después veamos si tiene talento.
EN LA PELÍCULA POST MORTEM interpreta al tanatólogo que practicó la autopsia a Salvador Allende. “Durísimo, pero sumamente interesante. Vivir durante más de 15 días en una morgue fue entre atrayente y sórdido. Y hacerle la autopsia a un ex presidente es jodido”.
—¿Usted fue allendista?
—Soy allendista. Al pobre no lo dejaron gobernar los ultras del MIR, del PS y todos esos pelotas. Y de pasadita (lanza con ironía), nos cagaron a todos. A mí su muerte me afectó muchísimo. Lo que pasa es que uno se hace el leso.
—Pero no fue un actor perseguido durante la dictadura…
—Pero nos quemaron la carpa, en pleno toque de queda, donde presentábamos la obra ‘Hojas de Parra’. Todo por culpa de un artículo que salió en La Segunda. El asunto me cagó mucho, partiendo por el miedo y la cuestión económica. Me cortaron las alas. Es cierto que después seguí haciendo cosas, pero ya sin tantas alas.
—¿Pensó irse del país?
—Fíjate que no. Y no sé si fue un error. Por suerte siempre trabajé en teatro. Nunca tuve que vender quesos o cosas así. Y apareció lo de la televisión en los ’80. Y ahí está la cueva del actor de la que te hablaba antes. Eso fue una verdadera ganzúa para lo que vino después, porque estaba vetado en TVN, incluso para aparecer en comerciales.
—A propósito de política, ¿cómo le ha parecido el gobierno del Presidente Piñera?
—Todo el mundo de la Concertación pensó que sería un desastre y un horror. A mí me ha sorprendido para bien. Ha sido bastante amplio en lo valórico. Y en ese sentido le ha dado poca bola a la UDI. Creo que lo ha hecho bien. Me parece una persona extremadamente transparente. Raro en un político. A Piñera se le nota de inmediato lo que quiere.
—¿Votaría por él si existiera reelección?
—No pues, no es para tanto tampoco…
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