‘El Presidente es el artista que tengo que cuidar’
Sepúlveda
Después de 30 años paseándose por todos los canales, de dirigir a Mario Kreutzberger, Cecilia Bolocco, Kike Morandé… hoy es el cerebro tras la puesta en escena presidencial. Su transmisión del rescate fue seguida en el mundo entero. Concertacionista histórico, explica su cambio de giro.

Es el hombre detrás de la imagen televisiva del Presidente. El director en terreno que define los escenarios, los tiros de cámara, supervisando cada detalle que pasa frente a la pantalla. Su transmisión del rescate de los 33 en Atacama fue un hito del rating, seguido en el mundo por más mil millones de espectadores. Un total de 31 horas de emisión continuas que, trascendió, podría significarle un Guinness. Pero él ni se emociona: “Es una lesera… ¿Qué gracia tiene estar entre el hombre más forzudo, la mujer más gorda? No sirve pa’ na…”.
Su figura maciza, de barba prominente y voz rasposa trascendió su fama televisiva para adentrarse en los terrenos de la política desde que dirigió el acto de proclamación de Sebastián Piñera en el Arena Santiago. El batatazo fue tal que el evento alcanzó fama como el Arenazo. Hoy es miembro clave del equipo del ‘segundo piso’, donde circula como director de producción del Presidente de la República. Y que conste: del mandatario, porque con la derecha, él, nada. “No trabajo en el gobierno de la Alianza sino para el Presidente Piñera. El sabe mejor que nadie de dónde vengo y cómo soy”, asegura con voz atronadora el hombre cuyas fronteras políticas están con la centro izquierda y que se reconoce cercano a Michelle Bachelet. En la era de la Concertación, estuvo en la campaña del No, fue uno de los directores de la franja de Patricio Aylwin, e hizo varios eventos para Bachelet.
De trabajar con las mayores figuras de la TV, hoy su estrella es Piñera, a quien reconoce como un jefe exigente, mandón, que sabe bastante de televisión y “que se mete en todo. Por eso, hay que estar siempre preparado”, dice.
El Guatón Sepúlveda (56 años, casado con la periodista María Inés Alliende, dos hijos) es un referente de la televisión. Su carrera partió en los ’70 como asistente de dirección y se encumbró como director del famoso clip de Los Jaivas, Alturas de Machu Picchu, que contó con la participación del escritor peruano Mario Vargas Llosa, hoy célebre ganador del Nobel. Su carrera despegó. Partió a Canal 13, donde fue director de programación durante diez años y trabajó con su cuñado, Gonzalo Bertrán. Eran los tiempos de gloria de la estación católica y Sepúlveda roncaba con programas como Teleduc, el Mundo del Profesor Rosa y Sábados Gigantes.
En los ’90 pasó a las revoltosas filas de La Red. Ahí fue gerente de producción, autor de éxitos como El desjueves, Aló Eli y Cóctel, cuando Kike Morandé rompía los moldes “como el primer animador que fumó y tomó un trago en pantalla”.
Su trayectoria continuó como director general del área deportiva de TVN y, luego, director de programas de Chilevisión. “He estado en todas las estaciones y trabajado en las más diversas áreas; tengo expertise en móviles; sé transmitir fútbol, conciertos, eventos masivos; después me independicé y puse mi productora (Tiburón Producciones, que aún mantiene), pero nunca había tenido una pega como ésta”.
—Se ha notado su mano televisiva. ¿Están innovando en este campo o el rol ya existía?
—El área de producción —que ahora dirijo en La Moneda— siempre ha estado. Es un pequeño departamento donde se maneja el sonido, la iluminación; aquí hay tramoyistas, montajistas, choferes, y así lo tomé yo. La diferencia es que, como vengo del mundo de la TV y no de la política, traje técnicos que saben de luces, de tarimas. Y eso se ha notado. Estoy muy orgulloso porque lo hemos hecho solos, con muy poca plata. Nos entregan las pautas semanales y con eso vamos viendo cómo poner en escena las actividades del Presidente. No me meto en la cosa política, para mí Piñera es el artista que tengo que cuidar.
—Aunque le debe haber costado irse a trabajar al gobierno, considerando que su visión política era bien distinta…
—Absolutamente. Pero conozco a la familia de Piñera hace años: mi hijo Pablo fue compañero del mayor de los Piñera Morel en el Saint George. No es que seamos amigos, pero sé como son.
—¿No cambiaron sus ideas?
—Para nada, y tampoco me dio pudor aceptar este cargo, aunque mis amigos me echan tallas y, otros, con bastante rabia, dicen que me di vuelta la chaqueta… Entiéndeme, yo no soy político sino un técnico, un director. Y aunque trabajé en distintas cosas con todos los Presidentes de la Concertación, ninguno me ofreció lo que el Presidente Piñera. Los que crean que estoy vendiendo la pomada, ¡se equivocan! Además, después de haber hecho todo, ¿qué me quedaba? Yo no sé hacer Yingo, Calle 7, ¡no sirvo! Me tenía que reinventar; lo hice utilizando lo que sé y ahora estoy muy entretenido.
—¿Todavía no se pone la chaqueta roja?
—¿Estás loca? (se ríe). Al principio me pareció una buena idea, el símbolo de un gobierno en terreno… pero algunos se aprovechan y ahora anda medio mundo igual…
—Hoy se comenta que usted ha sido un factor clave en el alza de la imagen presidencial.
—¡Na’ que ver! Los asesores ni siquiera me informan si sube o baja en las encuestas. Hago mi pega y no participo en el diseño estratégico. Si me dicen que el Presidente hará un punto de prensa en una escuela, voy, elijo la que me parezca mejor; converso con el ministro del ramo, analizo si lo pondremos tocando una campana o frente al pizarrón. Hay que hacerlo entretenido.
—¿Aunque después agote ver al Presidente prácticamente colgado de la campana?
—Siempre tratamos de que no sea sólo un discurso sino algo más, que se vea bien, que transmita. Lo demás, qué quieres que te diga… él es impredecible y hay que seguirlo.
—Y con los tics, la ropa chueca, ¿cómo lo hace? ¿No se desespera?
—No me meto. El es así y tratar de cambiarlo… Sus asesoras, María Irene Chadwick y Carla Munizaga, son las que se preocupan y le dicen ¡ya poh Presidente, cámbiese de ropa!
Habla con CARAS desde su hotel en París. Sebastián Piñera está en la pieza del lado, entrevistado por Le Figaro. Afuera, muchos periodistas esperan su turno. El rescate convirtió al mandatario en una celebridad durante su gira europea, y Reinaldo Sepúlveda tiene su propia teoría: “Siempre son las cosas malas las que dan la vuelta al globo: las Torres Gemelas, la explosión del Challenger, los terremotos… Pero esto levantó el ánimo del mundo entero. Y tuvimos la suerte de haberlo generado. Como profesional, ha sido lejos lo más importante y sensible que me ha tocado hacer; no caímos en la tentación de la familia llorando, de musicalizarlo todo con un coro celeste. Fuimos muy respetuosos: no mostramos a nadie sin autorización, nunca nos metimos en la intimidad de las familias, tratamos igual desde el primero hasta el último minero, sin pensar en el rating ni en los millones de espectadores. Y la calidad de la transmisión dejó claro que la TV chilena tiene un gran nivel. Demostramos que no somos un país de indios”.
—¿No corrieron el riesgo de que se convirtiera en un show? El propio Piñera reconoció que estuvo tentado de bajar a rescatar a los mineros…
—No, esa fue una analogía. Yo también habría bajado, pero nunca lo oí decir nada de esa naturaleza. Los que lo conocen, saben que se mete ciento por ciento en todo. Si se involucra hasta en la televisión, ¿cómo será con el ministro de Salud, con el de Minería? Aunque es una persona fácil. No hay que pedir audiencias porque trabaja con las puertas abiertas. Pero es un jefe jodido, exigente…
—Y después de haber trabajado con figuras como Mario Kreutzberger, Kike Morandé, Cecilia Bolocco, ¿tiene Piñera cualidades televisivas?
—(Piensa un instante) Más que cualidades, destaco su autenticidad. Te puede caer bien o mal, pero es tal como lo ves en televisión.
—¿Y qué le parece Laurence Golborne como figura mediática?
—En jerga televisiva, cuando alguien sale muy bien en un casting, decimos que la cámara le sonríe. Eso pasa con él.
—¿Lo mismo ocurría con Bachelet?
—(Se entusiasma) ¡Absolutamente, si Michelle Bachelet es una reina!
—¿Cree entonces que Golborne tiene pavimentado su futuro político?
—Tiene mucho terreno ganado, pero no hay que confiarse: la televisión ayuda a ganar votos, pero para mantenerse se requieren muchas otras cosas. Aunque desde el punto de vista de la tele, el ministro Golborne es un crack.
—¿Hay algún otro ministro con el que le gustaría trabajar?
—Muchos, por ejemplo con Hinzpeter, un agrado; también con Moreno, Larroulet, Ena von Baer.
“NO HE RECIBIDO NINGUNA INSTRUCCIÓN (DE MOSTRAR A PIÑERA MÁS CERCANO). ÉL ES COMO ES”.
—Pero convendrá en que su imagen cambió después del rescate: consiguió en pocos días lo que quizá se propuso obtener en años.
—No te puedo decir cuál es la estrategia de aquí al segundo semestre, a la segunda temporada (dice en jerga televisiva), pero obviamente ayudó. Y el Presidente se lo merece. No es que apareciera para la foto, él lideró esto desde que estábamos en Colombia, un día después de ocurrido el accidente. Llámalo instinto, lo que sea, pero tuvo la claridad y ésa es la gracia.
—Aunque fue criticado de haber dilatado su gira para capitalizar el logro en el exterior.
—No soy nadie para defenderlo, pero este viaje hace tres meses estaba pauteado. Los mineros salieron cuando tenían que salir… También dijeron que estaban demorando deliberadamente la operación, pero en Codelco fueron muy detallistas y no se quedaron tranquilos hasta tener todo cubierto.
—¿Cree que si el rescate y la transmisión hubiesen estado en manos de la Concertación, el resultado habría sido el mismo?
—Tengo mis dudas… El liderazgo que el Presidente tiene sobre su gente difícilmente ha existido en otros gobiernos. Que me perdone mi amiga Michelle Bachelet, pero es lo que pienso. Me daría mucha pena que se enojara, pero es la verdad: conociendo a la Concertación, estoy seguro de que todo hubiese sido más complicado…
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