Pancho Melo intenso
TV
Fotos Diego Bernales Asistente Camilo Melús Producción María José Prado Maquillaje y pelo Taly Weisberg
Pasada la crisis de las cuatro décadas, el ‘macho alfa’ de las teleseries de TVN asume el rumbo de su vida y su carrera. Sin el temor de la juventud, cuenta obsesiones y neurosis, su falta de sociabilidad y esporádica adicción al pucho.

La puntualidad es un tema para Francisco Melo Miquel (43). Aunque estuve a la hora, él había aparecido antes y miraba para todos lados con cara impaciente. De hecho, el comentario que hace de entrada es su obsesión por no llegar tarde a ninguna parte. Pero luego deja ver que ése es sólo uno de los laberintos de su personalidad: “Soy obseso de mi metro cuadrado, defiendo a brazo partido mi espacio. Lo mismo me pasa con el compromiso y la puntualidad, no los transo”.
Descubrir las honduras del actor no es tarea fácil. Con dos décadas de teatro y televisión en el cuerpo, se maneja como nadie y sabe perfecto cómo decir lo que debe; hace bien la pega.
—¿Reconoce algún exceso?
—No fumé hasta que cumplí 34 y a partir de ahí me da por períodos de un par de meses; cada vez que empiezo otra vez, puedo llegar a las dos cajetillas diarias. En general, cuando aparece algo nuevo lo repito hasta el cansancio; mis hijos se ríen porque escucho una canción siete veces seguidas.
—¿Mañas?
—Mal genio, puntual, ordenadito, escrupuloso en lo cotidiano, ¡puras tonteras! Un par de veces al año exploto en el set, ya todos lo saben…
Para las fotos acepta nuestra propuesta: al cumplirse 40 años de la muerte del músico Jimi Hendrix, quisimos rescatar algo de su espíritu que además de bohemio y contradictorio fue visionario, un paso adelante de los demás. Melo no lo hace mal, en especial cuando se trata de tecnología. “Soy vanguardista en todo lo que tenga que ver con la ‘manzanita’ (Apple), es lo único de lo que estoy siempre pendiente. Odio el teléfono y detesto las redes sociales pero no me desconecto del iPhone”.
ESTÁ EN TODAS PARTES. ES UNO DE LOS GALANES ANCLA DE TVN, conduce un programa en radio Universo, un docurreality (Algo habrán hecho), hace teatro y ahora también publicidad. Partió interpretando personajes de reparto y luego a tipos más complejos y atractivos. Con los años se ha ido acostumbrando a ser una especie de ‘objeto de deseo’, no sin antes trabajar sus propias inseguridades con paciencia, la misma que ha tenido que desarrollar su pareja Daniela Lhorente —actriz de Primera dama en Canal 13— para soportar la avalancha de admiradoras.
Está tan popular que lo acaba de contratar Falabella como nuevo ‘rostro’, sumándose a Valeria Mazza y a Cecilia Bolocco, entre otros. Considerado uno de los más reconocidos del medio y con buena llegada entre la gente, la idea es que Melo potencie el segmento de hombres de la tienda.
La publicidad no le genera conflictos: “Me pasa lo mismo que con los que reniegan de la tele; siempre me han cargado. Lo encuentro de una injusticia y una hipocresía espantosas. Nadie puede estar alegando el día entero que la TV es una mierda, y después ir con la cara llena de risa a cobrar su cheque porque puede hacer teatro tranquilo y hasta perder plata. ¡Mejor que se vaya para su casa!”.
No anda frenético buscando proyectos. Prefiere tener más tiempo para él y sus hijos Florencia (15) y Vicente (13) —de su matrimonio con Patricia Velasco—. Por estos días es Diego Elizalde en Los 40, que con buena sintonía intenta retratar a los hombres y mujeres de su generación (exitosos laboralmente pero en busca de una segunda adolescencia). La serie tuvo su precursora: 30 y tantos, la primera nocturna de Pancho Melo, tras una larga lista de teleseries vespertinas, primero en Canal 13 con Top Secret (1994) y luego en TVN, desde Estúpido Cupido (1995) a Hijos del monte (2008).
—Elizalde es machista. Lo más violento no es que le pegue a su mujer, sino que al otro día le diga que no la golpeará más si ella se porta bien.
—Tiene que ver con la violencia intrafamiliar, cómo un tipo resuelve algo de manera anormal. Y la mujer no lo denuncia porque él la amenaza. Es una manifestación bastante perversa, un tema que se está retratando con mucha frecuencia, como en El señor de la querencia o, ahora, con el personaje de Zabaleta (que aparenta ser buen marido pero es un abusador) en La familia de al lado. Mi rol de Esteban Trueba en la obra La casa de los espíritus también es un ejemplo del patrón de fundo dueño del mundo, pero al final se queda solo como un perro. Es un representante de nuestra cultura durante estos 200 años.
—¿No es tedioso interpretar al mismo personaje todos los días?
—Sin duda, en los períodos de trabajo hay una sensación de mucha repetición. En una serie de 90 o cien capítulos hay partes que se empantanan y existe la impresión de esta escena ya la hice.
—A veces el tedio se traspasa al espectador. Uno dice ya los vi discutiendo lo mismo.
—Bueno, es la crítica que uno le hace a este formato. Mira las series americanas como True Blood o Lost. Si bien sus temporadas son de 20 capítulos, uno puede ir escarbando en los personajes.
—¿Le gustan las series negras?
—De True Blood me atrae su lado oscuro pero también la sensualidad; lo que más me interesa es esa crítica al pueblo norteamericano, que los deja como unos perfectos idiotas. El humor negro es fantástico. Y Lost me interesaba por descubrir el enigma.
—¿Cómo asume su permanente estatus de ‘galán’?
—Partí haciendo papeles desde abajo. Valoro mucho ese aprendizaje en la TV y se lo agradezco a Vicente Sabatini. Instalé a personajes que crecieron cada vez más. Después cambié de elenco y me fui con la Quena (Rencoret) a las nocturnas y en ese grupo agarré cierto protagonismo… Ahí me transformé en ‘el galán’. Me lo tomo con humor. Ponerse la chaqueta de aquí te las traigo Peter me parece un patetismo de alto riesgo.
—¿Ahora es menos libre?
—A ratos, sí. No tengo la frustración de sentirme encarcelado, pero tampoco me voy a meter a un mall en La Florida un día domingo. A mí me molesta mucho menos que a mi acompañante, porque no soy un tipo social, no voy a las fiestas ni me gustan los matrimonios donde no sabes quién te va a tocar al lado. Soy muy casero. Pero a veces me voy a tomar un helado y alguien se quiere sacar una foto; mis hijos lo encuentran una lata pero me la saco igual; el paso del amor al odio es un riesgo, lo he vivido.
SUFRIÓ UN BAJÓN A LOS 40. “Tuvo que ver con reconocer que hay un ciclo, que estás en la mitad de la vida; miras para atrás, para adelante, te cuestionas todo. Uno se inseguriza, piensa que vendrá todo cuesta abajo, física, corporal y profesionalmente. Con Alvaro Rudolphy comentábamos que las generaciones de recambio te van empujando al borde del abismo. Es un asunto de ego, porque a uno igual le gusta estar arriba de la pelota y verse en el mejor papel. A los 70 no me va a importar si me dan el protagónico. Quizás uno chiquito que me asegure un poco de plata a fin de mes”.
—¿Por qué sus personajes siempre tienen apellidos vinosos como Elizalde o Domínguez?
—No sé si tendrá que ver con estudios de mercado, pero yo creo que está lo aspiracional; el bombero que echa bencina quiere llegar a la casa y olvidarse de los problemas. Puertas adentro hablaba de una nana, pero no funcionó.
—¿Por qué no siguió a Sabatini a CHV?
—Tengo admiración, cariño y comunicación con Vicente pero (su partida) justo coincidió con que me ofrecieron Algo habrán hecho —serie Bicentenario de TVN— y tuve que negociar con el canal. Ahí me siento muy tranquilo, cómodo. El proyecto de área dramática está muy sólido.
—Aunque ya no arrasa, el rating se reparte.
—Absolutamente. Para el gremio y el público, la pantalla tan caliente en TVN no es buena, y para nosotros tampoco, porque eso significa que no te obligas a seguir investigando. Me parece interesante el proyecto de La familia de al lado, que toma un formato nocturno y lo pone en la tarde, como una serie de misterio. Espero que el área dramática del 13 y de CHV sigan creciendo, ahora falta que se instale la de Mega, porque genera más trabajo para todos, competencia y creatividad.
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