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Cultura, Espectáculos y TV

Llegué a los 50 sin haber hecho nada

Aldo Schiappacasse

Por: Rodrigo Barría

Fotos Diego Bernales

Está con nuevo late show, pero sueña con un programa donde sea San Pedro y confiese a los invitados desde el cielo… Criado entre carabineros y meretrices, este periodista habla del Canal 13, critica a Harold Mayne-Nicholls y cuestiona cómo Bachelet enfrentó el deporte.

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—Leí que no entiende cómo algunos exponen su vida en CARAS. ¿Qué hace hablando con nosotros, entonces?
—Es que me fascina el exquisito arte que tienen los actores para comentar lo privado diciendo que no quieren hablar de eso. Requiere habilidad decirlo y, al mismo tiempo, dar todos los elementos que permiten configurar el cuadro. Y con generalidades del tipo estoy abierta para el amor o me he reencontrado conmigo misma. Lo confieso: soy adicto a esas entrevistas. Me encanta la farándula, conocer lo privado, aunque me dé pudor. Y CARAS lo hace increíblemente bien.

Aldo Rómulo Alejandro Schiappacasse Cambiaso (49) es hijo de un agricultor inmigrante italiano y de una profesora normalista especializada en educación diferencial, que llegó a ser directora de la carrera en la Universidad de Chile.

Fue el primero de cuatro hijos. Vivían en Talagante, luego se mudaron a Toesca con República, un barrio santiaguino que lo marcó fuerte por sus vecinos: una comisaría y un prostíbulo.

En ese lugar, la escenografía se armaba con autos chocados estacionados alrededor del recinto policial y con las hijas de meretrices con quienes Aldo solía jugar. Tras el golpe militar, llegó nuevo vecino: un cuartel de la CNI. La ventana de su pieza daba al inmueble del temido organismo. Era adolescente y pasear de noche por la calle se convirtió en algo peligroso, con revisiones permanentes e, incluso, encañonamientos con armas.

Aldo pasó por la Escuela Experimental de Niñas República del Ecuador, por la Experimental de Niños Salvador Sanfuentes y el Instituto Nacional.

DESDE SIEMPRE FUE EL GUATÓN SCHIAPPACASSE. Simpático, varios años tuvo el premio al mejor compañero. “Todo, de una ñoñería imperdonable. No era líder, sino el intelectual, el que leía. El perno del curso”, dice con escaso remordimiento.

—¿Mal con las mujeres, entonces?
—¡Pernísimo! Mis compañeros narraban sus aventuras sentimentales y sexuales… todo para mí desconocido. De eso sólo supe en la universidad.

aldoNo fue buen alumno. Sufrió en ramos científicos y egresó con un 5,5. Quería estudiar sicología, sin embargo, se decidió por periodismo. Entró con apenas 16 años y empezó a trabajar desde primer año en periodismo deportivo. No iba a fiestas, discotheques ni peñas. Y las secuelas de una hepatitis lo tuvieron largo tiempo a pura menta frappé “mientras el resto se piscoleaba”, recuerda. “Igual gané en popularidad. Con lo que ganaba podía invitar. Conquisté muchos amigos y pololas a partir de mi incipiente capacidad económica”.

En la escuela afinó su destreza con las mujeres, además de ampliar sus gustos al cine y la política.

El Mundial de Fútbol de Argentina de 1978 —su primer trabajo— fue el inicio de una carrera que lo ligaría hasta hoy al área deportiva. Eso, pese a que su vinculación personal con el fútbol fue siempre intrascendente, jugando de lateral derecho, sin brillar, más bien haciendo número.

—¿Schiappacasse joven se parece al de hoy?
—Sí. De hecho, no tengo mucha conciencia de que voy a cumplir 50… Todavía tengo muchas actitudes de niño. Claro, antes era más ingenuo y bueno de espíritu.

La mirada socarrona y el gesto de cierta autosuficiencia que muestra en pantalla se parece bastante a como se ve cuando se apagan las cámaras. Su pinta —como de profesor de provincia—, el caminar lento, un cigarrillo en la boca y ese estilo campechano lo convierten en un curioso anti-rostro televisivo que sufre posando para una foto.

“Pocas veces hago comentarios políticamente correctos. Me gusta reírme de las cosas y hacer humor en las circunstancias más incómodas, algo que me ha acarreado muchísimos problemas”, explica.

Detesta a los que predican en el set de TV. Tampoco aguanta a quienes dan lecciones morales o entregan el supuesto camino a seguir. Todo porque, confiesa, tiene más dudas que certezas en la vida.

—¿Por qué los periodistas deportivos, como usted, insisten en tener programas propios?
—Muchos lo hicieron antes… Ahí están los casos de Julio Martínez, Patricio Bañados o Sergio Silva… Creo que tenemos capacidad de improvisación, de descripción, de emocionarnos. El periodismo deportivo carece de la formalidad de otras especialidades. Eso nos da una cuota de frescura e irreverencia para ver los fenómenos.

A Schiappacasse —casado con la periodista Paula Molina, padre de cuatro hijos y al mando de A tu día le falta Aldo— le ofrecen programas, pero los proyectos que él presenta no se concretan. Lo entiende y se resigna: “Es que son medio estrambóticos e impracticables”.

Su idea soñada: hacer de San Pedro, con entrevistados que deberían morir antes de toparse con él en las puertas del cielo. Ahí, en una conversación donde aflorarían los pecados, decidiría si les abre o no el portón celestial.

—Medio impracticable en Canal 13…
—Lo rechazaron en varios lados. Decían sí, pero no, no se va a entender, es muy perno…

Alguna vez lo pasó mal en el canal católico —especialmente cuando fue censurado en El triciclo—, pero la nueva situación del 13 le parece seductora. De la entrada de Luksic comenta: “Resulta cautivante pisar territorios que antes no se recorrían. Ahora, si uno se equivoca, sabe que se va a discutir el punto. Ya no es la rigidez de antes”, dice.

aldo2—Así será, pero todavía parece impensado ver en su late a una pareja de homo o un travesti…
—Ya estamos caminando. ¿Dónde terminará? Creo que irá en un tránsito paralelo al proceso de transformación de la estación. La Iglesia seguirá teniendo una mirada que hay que respetar. También trabajo en El Mercurio y en Cooperativa, que son otras ópticas de la realidad, y entiendo que me debo amoldar al pensamiento de mi sostenedor económico.

FRÍO, DISTANTE Y DURO DE CONMOVER en pantalla. Quizá tiene que ver un constante vínculo con la sensación de derrota y fracaso en el fútbol. “Con nosotros la imagen estuvo mucho rato asociada a perder. Pero es algo que ha ido cambiando. Estamos con un segundo aire”, dice. Harold Mayne-Nicholls será el artífice de este nuevo envión, pero a Schiappacasse no le gusta el estilo del jefe de la ANFP.

“El fútbol cada vez se vive menos en los estadios y cada vez más a través de los medios de comunicación. La FIFA lo ha entendido, por eso le da más importancia a la presencia periodística y obliga a que los entrenamientos se muestren y los DT hablen. En cambio, Mayne-Nicholls, que trabaja en la FIFA, y además es periodista, va en sentido contrario. Pienso que desprecia profundamente la labor de los medios porque está en una tarea más pretenciosa. Cree que el ejercicio de la profesión es más un estorbo que una ayuda”, dice sin rodeos.

A Schiappacasse la ex Presidenta Bachelet le ofreció hacerse cargo de Chiledeportes.

—De la que se salvó…
—(Se tapa la cara con las dos manos y recuerda el episodio). Fue extraño. Nunca lo he contado. Un día me invitó a almorzar la Presidenta y ahí le expuse lo que pensaba de Chiledeportes. Le debe haber impresionado mi vehemencia. Unos días después me llamó, yo estaba sacando permiso de conducir en Puchuncaví. Conversamos 20 minutos mientras daba vueltas por la plaza. Cuando cortamos, alguien que estaba sentado en una banca me dijo Oiga, que le costó decirle que no a la Presidenta…

Fue “terrible” negarse, aunque no se arrepiente porque no coincide con lo que hizo la mandataria en materia deportiva: “Más que construir estadios hay que fomentar la competencia escolar. Y disminuir la diferencia de la educación física que se hace en los colegios públicos respecto de los privados”.

Camino al medio siglo, el periodista es severo consigo mismo. “Siento que llegué a los 50 sin haber hecho nada. No he escrito un guión, un libro ni he hecho una película. ¿Por qué no lo hago ahora? No me da el cuero. Tal vez será después del Mundial de Brasil”, vaticina mientras enciende otro cigarrillo, da una aspirada larga y se pierde entre los funcionarios en uno de los pasillos del 13.

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