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Cultura, Espectáculos y TV

Mónica Rincón

TV

Por: Marcelo Contreras

Lleva más de una década en el periodismo televisivo, rostro familiar a estas alturas, con despachos históricos. Uno entre varios: apareció casi en pantuflas informando del terremoto y después fue hasta su natal Concepción a cubrir la tragedia. Mónica Rincón reporteó y literalmente transmitió el dolor sin picar cebolla… aun cuando es otro el rollo si tu ciudad es la que está en el suelo.

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Juega en una elite. No son muchas las periodistas con programas propios y que, además, conducen noticiarios. Saca filo donde algunas prefieren sonrisas, no está a la defensiva ni parece tensa como otras en su liga. ¿Qué hace? Equilibra el punto sobre la base de información. Sabe atacar cuando corresponde, pero es más de rodear a sus entrevistados con argumentaciones. Matea sin dejo robótico. Y no sólo revela el dato, también lo procesa.

La cultura entretenida —pésimo nombre— no representa lo mejor de su currículo, pero Rincón se desquita En qué mundo vives. Un muy buen programa, aunque algo extraño, como encapsulado en el tiempo, de cuando se insistía en la misión educativa de la tevé. Set pequeño, ella y dos expertos para desenmarañar temas internacionales. En un país donde se informa a pinceladas sobre las noticias foráneas (otra evidencia de provincianismo), su trabajo se agradece. Revela realidades ajenas, bombardea con preguntas documentadas y articuladas, sin la presión de los bloques noticiosos. Aquí hay espacio para entender, gracias a una sólida conducción.

Mientras abundan los lugares comunes y datos a medias en muchos noticiarios, el aporte de Rincón contrapesa… Su escuela es la del periodismo sólido, sin estridencias. Si no es ése el mejor estilo para el periodismo, ¿entonces cuál?

Daniel Matamala
tv300Tuvo su minuto hace unos meses, cuando lanzó 1962 El mito del mundial chileno, libro que revela con documentación y buen estilo, lo mal organizado de esa versión del mayor evento deportivo (sí, el mismo que Julio Martínez convirtió en ejemplo de un pasado donde todo se hacía mejor). Daniel Matamala podrá ser un aguafiestas, un latero para los que se acomodan a las verdades oficiales y héroes intocables, pero así entiende el periodismo: información dura, reporteo a conciencia y una sana dosis de sarcasmo e incredulidad…

Fanático del fútbol y el rock pesado de los ’90, tiene las facultades de un jugador ambidiestro. Conduce noticias y las edita (maniobra que no resulta fácil a varios otros). Son dos talentos diferentes que requieren olfato, por un lado, y presencia en cámara, por otro. Leyendo, eso sí, se nota mucho el esfuerzo por verse mayor (sin barba, aparentaría menos de sus 32 años).

Al momento de entrevistar, es más de triangular información, no de muchas fintas. Tampoco trata de darse vuelta con teorías (terreno en que Paulsen sigue jugando solo), ni adorna lo que quiere decir. Va al grano, pregunta de frente, insiste sin asomo agresivo, apoyado en datos.

En un espacio subvalorado y desaparecido como Efecto Dominó —donde intentaba aterrizar los grandes temas a la cotidianidad—, demostró plenas dotes pedagógicas: entre sus exposiciones, conclusiones y una buena clase universitaria, no había diferencias.

No figura todavía en la galería de ‘periodistas estrellas’, pero es candidato. Daniel Matamala tiene credibilidad y, sobre todo, un método valioso y efectivo: va en función de la noticia. No prioriza el lucimiento personal. Juega pensando en el equipo. Así destaca.

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