La misma de ayer
Regreso de Raquel
Raquel Argandoña tiene más vidas que un videojuego. Ha muerto en pantalla y ha resucitado. Reparte, recibe de vuelta, cae, se para. Desde chiquitita sucede lo mismo. Su carrera es como un ‘prontuario’, un manual de lo que no debe hacerse en tevé y de lo que sólo a ella le resulta.

Se tragó con la mejor de las sonrisas y un escote memorable una pifiadera histórica en el Festival de Viña, y tres veces ha cerrado por fuera la puerta de Canal 13. Pero sigue y, como los grandes, acuña frases para el bronce. Alguna vez dijo que el dinero hace el 99 por ciento de la felicidad, y en enero declaró cuánta lata le da que la crean de derecha. Condujo 60 Minutos, se casó antes que ninguna con un deportista top, fue La Quintrala y alcaldesa de Pelarco. Pagó 900 mil pesos por unos sitiales desaparecidos del municipio mientras mandaba. Le paró el carro a Don Francis siendo una adolescente, y palanqueó a la Vivi en pantalla. Se agarró con Tonka en Buenos Días a Todos, se fue al 13, y cuando su archienemiga llegó al canal, la reacción fue como la de dos imanes enfrentados al mismo polo… sólo que nuevamente la expulsada fue ella.
Raquel Eliana Argandoña de la Fuente, 52 años, “ex modelo, presentadora de televisión, actriz y política chilena”, según Wikipedia, recuperó su trono de opinóloga en el matinal de TVN. Sigue en la suya, estirando posibilidades en el negocio del espectáculo. Provocando que el tiempo, siempre cruel con los rostros femeninos, en este caso juegue a su favor.
Se instala cada mañana en el set y, en el fondo, habla de sus hijas y herederas, de todas esas chicas hermosas, deseables y famosas como ella de adolescente, convertidas en noticia y personaje por sus travesuras (sea escalar edificios a lo Maite Orsini, o caerse de ellos como Arenita). Probablemente si tuviera 30 años menos carretearía con ellas y las apoyaría, pero ahora arisca la nariz frente a esos nombres.
Es que Raquel no es como Madonna que encuentra cool a Lady Gaga. Como madre con hijos creciditos, se toma muy en serio lo de predicar moral y buenas costumbres, sin dudar en ponerse de ejemplo en el matinal de Chile. Desde su tribuna cuenta orgullosa lo cortita que mantiene a Kel, repite cuantas veces sea necesario que su hija estudia Derecho, y advierte que no aguantará novios de medio pelo. La clase lo es todo para Raquel. No soporta lo rasca… Y, vaya, ella es el símbolo de la choreza, del ascenso en todo sentido, del personaje que se hace a sí mismo y sube hasta ocupar el sitio que, considera, le corresponde. La mujer nacida y criada en la calle Purísima en Recoleta al costado del cerro San Cristóbal, que nunca fue a la universidad y sólo se vale de su carisma…
En Buenos Días a Todos hace temblar a Maca Tondreau —la mira como si todavía no supiera muy bien su nombre y qué hace ahí—, mientras hay días en que Katherine Salosny parece una espectadora en su propio programa (por esa cosa señorial, de dueña de fundo que transmite la Argandoña).
La coreografiada tensión entre ella y Felipe Camiroaga es tan efectiva como reiterativa. El le dice lo guapa que está, agrega un chiste coqueto, de salón, y ella desliza una respuesta donde insinúa que si abriera la boca, dejaría la grande. Luego, todo queda tal cual. Así es Raquel —la outsider de la televisión que le debe todo a la pantalla—, tan peligrosa como lo puede ser hoy un miembro de los Rolling Stones tomando el té con la reina. Una subversiva domesticada que da rating y circo sin las contorsiones y trucos del pasado. Con sólo el vuelito de su nombre, le basta y sobra. Y la audiencia crece.
BUENOS DÍAS A TODOS, lunes a viernes, 8:00 am.
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