Cultura, Espectáculos y TV

Esta es mi familia

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Por: Marcelo Contreras

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Cuando la República está por cumplir doscientos años, surge la inquietud instintiva de saber quiénes somos bajo la misma bandera. Si la década pasada el canal estatal repasaba la evolución de la sociedad chilena en la notable serie Nuestro siglo, este docurreality —que en cada episodio retrata a una familia de distintos orígenes y condiciones—, dice que el presente es más diverso y tolerante de lo que creemos. Aunque cuelga sobre Chile el cartel de conservador y clasista, Esta es mi familia nos alienta: existe entre nosotros una genuina transición hacia la modernidad, no sólo reducida a la televisión e internet.

La conducción a cargo de Katherine Salosny, sólida y fluida, semeja a un hada madrina que aparece en momentos claves y aconseja lo justo. Donde varios rostros aplican impostada cercanía y emoción en realidades ajenas, la animadora ofrece su naturalidad. Podría ser redondo todo, pero la factura del espacio contiene ornamentos molestos. Cuando ocurre una situación cómica, la musicalización recurre a melodías tipo chascarros, por si no comprendimos el humor de la escena… Tampoco encaja la evidente presencia de los equipos que hacen el seguimiento, con técnicos que se cuelan innecesariamente en la imagen. Sobra, además, que los protagonistas mencionen programas del canal nacional. Al contrario, la elección de los clanes y los conflictos que acarrean son notables. Reflejan a un Chile que dejó de ser una isla.
Esta es mi familia
Lunes, 22:40 en TVN.

Identity
tv2Al dejar un trabajo algunos toman sus cosas como en las películas gringas para marcharse en silencio, acomodando sus útiles de escritorio en una caja, pero otros cierran la puerta con todo para que retumbe. La salida de Vivi Kreutzberger de Canal 13 fue así, gustito reservado sólo para contadas estrellas. Tras debutar oficialmente en Mega con este concurso —que se trata de adivinar por un dineral las profesiones de un grupo de desconocidos—, Vivi parece susurrar que la venganza es un plato que se sirve frío. Se quejó de ser discriminada por su facha y aquí se ve casi irreconocible: más lisa que una pelolais, y flaca-flaca como para dar testimonio en un infomercial.

En Identity (show de origen estadounidense) Vivi juega en un terreno conocido que le acomoda por genética. Verla y descubrir los gestos de su padre es instantáneo —las pausas para el suspenso, el lazo emotivo que anuda con el concursante—, pero no así el acento dramático propio de Don Francisco, nota que ella aún no alcanza. En el segundo episodio bromeó sobre el canchero participante del programa debut, que generó recelo y dudas de cómo son elegidos los jugadores. Sin embargo, volvieron las preguntas sobre esa espontaneidad cuando le tocó el turno a un tipo calcado a Sergio Lagos. No hay que ser ingenuos. Los espacios televisivos arman casting (corren leyendas de Don Francis sacando participantes poco avispados en Sábados Gigantes) y están en su derecho. Pero en Identity urge una selección un poquito más fina; si no, el olor a galleta asoma insistente. Resulta crucial, porque la credibilidad es la madre de los concursos, o la magia se desvanece.
Identity
Lunes 22:00 horas, en Mega.

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