Cuando pasó el temblor
TV
Cuarenta y ocho horas después del terremoto, en internet sobraban los posteos clamando por menos alarmismo y clichés en las noticias. Es cierto. Algunos de los periodistas más jóvenes caen en obviedades irritantes porque el vocabulario en la era del chat y de la mensajería se atrofia como músculo que no trabaja. Pero no cabe otra que aceptarlo, a cambio de un caudal informativo imparable y de utilidad pública indiscutida en un momento tan amargo.

La TV chilena montó un collage a ratos caótico, con imágenes y reportes que configuran al Chile de hoy: mitad en pie y mitad en el suelo, como si sus edificaciones fueran de utilería. Un retrato brutal. Por la pantalla observamos lo peor y lo mejor de nosotros: saqueadores del lumpen, saqueadores de cuello y corbata que construyeron castillos de arena y la reacción solidaria como réplica. Decepción y orgullo a la vez…
TVN se despertó pronto con Mónica Rincón al aire, mientras Canal 13 exhibía una foto de Arjona, invitado al Festival de Viña que terminó abruptamente en su penúltima jornada. Durante el fin de semana, las estaciones reaccionaron según sus miradas editoriales. Chilevisión y Mega apostando por notas en la línea de acá-no-hay-Dios-ni-ley frente al caos y el saqueo; el canal estatal jactándose de llegar donde nadie podía (Dichato, Iloca); el 13 partiendo con retraso (sumaron horas sin transmitir), y CNN Chile sacando partido de su alianza con radio Bío Bío.
A la hora del noticiario central, rostros que escasamente vemos en la calle —como Macarena Pizarro y Carolina Urrejola— sorprendían con sólidos despachos desde Concepción. Amaro Gómez-Pablos demostraba de nuevo, tal como en la Nueva Orleans post Katrina, que en terreno es un reportero de lujo: duro, con las palabras precisas desnudaba la insensatez y miseria de los saqueadores. Y Soledad Onetto, en perfecto acto de desdoblamiento físico y profesional, pasó de animar de largo el festival de Viña, a informar desde Constitución, con pelo tomado y ropa de batalla.
Punto aparte para Santiago Pavlovic. Horas después del terremoto reportó la desaparición de Iloca y Duao, con imágenes surrealistas: leones enjaulados de un circo, sobrevivientes al maremoto, bestias girando estresadas en sus miserables reductos. Y fue probablemente el primero que dijo en televisión, el sábado por la noche, que lo ocurrido en esas zonas era sin discusión un tsunami, cuando el gobierno aún titubeaba con el cataclismo marino… Con los días, Mega se sacudió parte del polvo sensacionalista ahondando antes que el resto en las consecuencias económicas del desastre, y persiguiendo a inmutables mandamases de inmobiliarias que levantaron edificios de ‘cartón-piedra’.
El cuarto día, TVN se dio una vuelta de carnero (¿empujado desde el gobierno?), y empezó a despachar con impostado optimismo la llegada de ayuda, mientras los otros canales insistían en la lenta reacción de las autoridades y las crecientes dudas sobre las alarmas que fallaron frente al tsunami…
Entre escombros y testimonios, la pantalla nos mostró el retrato de un país de extremos que se derrumba cada tanto y se levanta con porfía.

